¿Qué sucede en el cerebro cuando corremos una maratón?

ANASTACIO ALEGRIA
5 Lectura mínima

Cuando pensamos en una maratón, imaginamos músculos agotados y pulmones estirados al límite. También nos referimos a un cuerpo al que le falta energía. Pero hay otro órgano que trabaja incansablemente durante esos 42 kilómetros: el cerebro.

Aunque pesa sólo tres kilogramos, el cerebro consume alrededor del 20% de la energía del cuerpo. Incluso cuando dormimos sigue activo, por lo que busca constantemente combustible. No en vano controla la respiración, la temperatura corporal, el movimiento y los pensamientos.

Por lo que sabemos hasta ahora, y a diferencia de otros órganos, el cerebro almacena muy poca energía. Depende de un suministro continuo de glucosa y oxígeno. Por tanto, el maratón es un gran reto para él. Sin embargo, en estas situaciones, puede contar con una reserva energética inesperada: la mielina.

Mucho más que un aislante

La mielina es una capa de grasa que rodea las neuronas y ocupa aproximadamente la mitad del volumen del cerebro humano. Funciona de forma similar al plástico que recubre un cable eléctrico: ayuda a que las señales nerviosas viajen más rápido y con menor consumo energético.

Durante años se pensó que sólo servía para aislar y proteger neuronas. Pero esa idea está cambiando.

Ya en 1928, el científico español Pío del Río Hortega sugirió que las células productoras de mielina también ayudan a alimentar a las neuronas. Durante mucho tiempo esa idea pasó desapercibida.

Hoy, sin embargo, sabemos que estas células proporcionan energía cuando las neuronas trabajan más. Es decir, participan activamente en el metabolismo cerebral. ¿Significa esto que la propia mielina puede servir como fuente de energía durante un esfuerzo extremo?

¿Qué pasa después de correr 42 kilómetros?

Para responder a esa pregunta, estudiamos a corredores de maratón utilizando resonancia magnética avanzada. Analizamos sus cerebros antes de la carrera y también uno o dos días después. Posteriormente, durante la recuperación, repetimos las pruebas. Y los resultados fueron sorprendentes.

Después del maratón, notamos una disminución temporal de la mielina en diferentes partes del cerebro. El cambio apareció principalmente en regiones relacionadas con el movimiento, la sensibilidad y la emoción.

Dos meses después, la mielina se recuperó. En otras palabras, el cerebro parecía consumir parte de esa mielina durante el esfuerzo. Y luego lo reconstruyó.

Batería recargable

Nuestros resultados respaldan una nueva idea: la mielina podría actuar como una especie de batería cerebral. Durante una maratón, el cuerpo gasta enormes cantidades de energía, agotando lentamente las reservas normales, como el glucógeno almacenado en los músculos y el hígado.

En esta situación, nuestro órgano pensante podría recurrir temporalmente a las grasas presentes en la mielina. Eso explicaría por qué no vimos ningún signo de daño cerebral. Los corredores conservaron sus funciones normales; Los cambios observados fueron reversibles.

Esto sugiere que estamos ante un mecanismo de adaptación normal a esfuerzos extremos.

Fuera de los deportes

El hallazgo puede ser importante en muchas enfermedades.

Cambios de mielina en trastornos como la esclerosis múltiple o algunas formas de demencia. Si además funciona como reserva de energía, podríamos entender mejor qué sucede en estas dolencias. Sin olvidar que este mecanismo podría estar relacionado con el envejecimiento cerebral.

Todavía quedan muchas preguntas abiertas. No sabemos exactamente qué partes de la mielina se desgastan ni cómo se regeneran. Tampoco sabemos si ocurre lo mismo en otros deportes de resistencia o en situaciones de hambruna de larga duración. Pero tenemos claro algo importante: la mielina no es un material pasivo.

El cerebro cambia y se adapta constantemente. Y quizás el maratón nos permita observar esa adaptabilidad de una manera particularmente clara.

Tal vez correr 42 kilómetros no sólo exija un esfuerzo para el corazón y los músculos: también obliga al cerebro a buscar nuevas formas de mantenerse con energía. Y eso hace de cada corredor de larga distancia un experimento biológico fascinante.


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