¿Cómo es la situación de la defensa europea tras el ajuste táctico de la OTAN en Ankara?

ANASTACIO ALEGRIA
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Para los aliados de Estados Unidos, la cumbre de la OTAN de hoy es un ejercicio de control de daños y de evitar el resentimiento de Donald Trump. La “relación especial” entre la superpotencia estadounidense y la Unión Europea (UE) se ve afectada, ya que el apoyo de Washington ya no puede darse por sentado.

La cumbre de la alianza atlántica celebrada los días 7 y 8 de julio en Ankara (Turquía) transcurrió sin perspectivas de un alto el fuego en Irán y Ucrania, lo que demuestra que el poder disuasorio de EE.UU. es menor del supuesto. Ambos conflictos continuarán.

En consecuencia, esta cumbre no fue más que un ajuste táctico que apenas logró renegociar el reparto de cargas, especialmente en lo que respecta a Ucrania.

Lo que se ha hecho evidente es que Europa todavía está en su propio laberinto. Se niega a ceder, al igual que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un europeo, pero es incapaz de avanzar en su integración federal, un paso necesario para construir su propia defensa.

Las amenazas de Trump: Groenlandia y la retirada de tropas

Trump ha logrado enemistarse con los principales líderes europeos mientras persiste en sus inapropiadas aspiraciones de anexar Groenlandia y amenaza con retirar las tropas de Europa. Por todo ello, esta cumbre, que debía servir para establecer mejores relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos, no solucionó bien el deterioro anterior porque Trump no asume el multilateralismo y cree en la indiscutible superioridad militar de su país.

El presidente estadounidense busca un cambio de régimen global en el mundo para imponer con más fuerza la hegemonía de su país y frenar a China, su verdadera obsesión. Sus principales quejas siguen siendo la insuficiente inversión militar europea y la ausencia de apoyo incondicional en la guerra contra Irán por parte de sus socios de la alianza.

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El presidente americano exige dos cosas: que los europeos aumenten la carga del presupuesto militar al 5% (cosa que EE.UU. no cumple) y que adquieran la mayor parte del armamento de su país. Frente a esta presión, Europa puede hacer dos cosas: ceder servilmente como lo hace Mark Rutte, o esforzarse por ser verdaderamente autónoma.

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Sin integración no puede haber ejército europeo

Es cierto que Europa no quiere ni puede hacerlo sola. Por un lado, teme que Washington se retire de la OTAN. Un escenario muy improbable, tanto porque entraría en conflicto con los intereses estratégicos de Estados Unidos, como por las importantes dificultades políticas y jurídicas que supondría su implementación. Por otro lado, Europa tampoco es capaz de profundizar mucho más en su integración federal.

Si la UE aspira a ser un actor geoestratégico global, e incluso a dotarse algún día de un ejército europeo, un paso coherente sería completar el proceso de integración política. En otras palabras, Europa tiene una solución teórica (los Estados Unidos europeos), pero es imposible ponerla en práctica porque no puede ni quiere, porque la mayoría de las elites nacionales y la opinión pública no están preparadas para tal resultado. En estas circunstancias, sólo nos queda aspirar a una OTAN 3.0 europea con más responsabilidad en su ámbito.

Un ataque frontal por parte de Rusia es inviable

Rusia se ha convertido en un pretexto importante para justificar un rearme sin precedentes, pero una posible amenaza a Europa Central y Báltica es poco probable debido al enorme drenaje militar y económico que está causando la guerra en Ucrania. Vladimir Putin no está en condiciones de atacar frontalmente a ningún país de la OTAN.

Después de más de cuatro años de guerra, la economía rusa muestra claros síntomas de recesión. Si en todo este tiempo no logró conquistar Kiev, es impensable que pudiera capturar Varsovia o las capitales bálticas. Otra cuestión podría ser la hipótesis de Narva (convertir esta ciudad estonia en una “zona gris”) o la hipótesis del corredor polaco de Suwalki, el punto más frágil de la arquitectura de seguridad europea. Esto pondría a prueba el Artículo 5 de la OTAN de Rusia (un ataque a un país es un ataque a todos), pero ambas opciones estratégicas plantean demasiados riesgos y parecen muy improbables.

En cualquier caso, la presión de Trump ha obligado a los gobiernos europeos a aumentar sus presupuestos militares. No es que la UE gaste poco en defensa (más del 50% en comparación con Estados Unidos), sino que gasta mal debido a su fragmentación nacional.

Rearme dividido

La estrategia adoptada es completamente contraproducente para la soberanía europea porque la perspectiva adoptada es siempre nacional. El programa ReArm Europe no prevé una integración efectiva en la producción de armas, y mucho menos una organización militar supranacional. El fracaso del caza europeo FCAS (acrónimo de Future Combat Air System) es un paradigma de cómo los intereses nacionales mal concebidos destruyen los europeos.

Ciertamente, Estados Unidos y la UE quieren limitar la influencia rusa en Ucrania tanto como sea posible, pero no quieren un colapso repentino del régimen de Putin por lo impredecible que podría ser. La ayuda occidental permite a Ucrania resistir, pero no ganar. La coartada rusa sirve para justificar el rearme y se impone el mecanismo por el que la UE compra armas a EE.UU. para luego entregárselas a Ucrania.

Por lo tanto, la ayuda militar occidental a Ucrania está sujeta a cálculos estratégicos occidentales y el país paga altas tasas de interés y ha tenido que hacer muchas concesiones económicas. La buena noticia para Ucrania es que se ha convertido en una potencia en la fabricación de drones y ha recibido la aprobación de Trump para armar misiles Patriot.

El caso de España

Finalmente, una nota sobre el papel de Pedro Sánchez en la cumbre. España ya supera el 2% y gasta más que algunos países miembros de la OTAN que Trump no ha criticado. Es el séptimo país que cumple los objetivos requeridos a pesar de no asumir formalmente el porcentaje irreal y arbitrario del 5%. Sin embargo, los acuerdos militares con Estados Unidos funcionan sin problemas, al igual que las bases de Rota y Morón.


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