De vez en cuando, las bajas laborales vuelven al centro del debate público. Volvió a ocurrir estos días tras la polémica suscitada por las declaraciones del líder de la oposición en España sobre el coste de la incapacidad temporal y las posibles medidas para reducirlo. La reacción no se hizo esperar: algunos denuncian que se trata de un problema de fraude, otros responden que la culpa la tienen los pacientes. Sin embargo, ambas posiciones comparten una limitación: discuten sobre efectos, no sobre causas.
Quizás valga la pena plantearse otra pregunta: ¿y si el aumento de las bajas por enfermedad es algo más que un simple problema económico? ¿Y si fuera también un indicador de cómo organizamos el trabajo?
La falta de trabajo tiene muchas causas
Cuando una persona tiene fiebre, ningún médico en su sano juicio sugiere romper el termómetro. No basta con bajar la temperatura unas cuantas decenas. Lo más importante es descubrir qué está causando la infección.
Algo parecido ocurre con las bajas laborales.
España registra cifras históricas de incapacidad temporal. El envejecimiento de la población en edad de trabajar, el aumento de los problemas mentales, las enfermedades del sistema musculoesquelético y los retrasos en la atención explican parte del fenómeno. Pero reducir todo el debate a si hay demasiadas víctimas o demasiadas estafas es tan simplista como atribuir la obesidad únicamente a la fuerza de voluntad.
Las enfermedades tienen muchas causas. Baja por enfermedad también.
El trabajo ha cambiado más de lo que pensamos
Durante décadas, la prevención de riesgos laborales estuvo asociada principalmente al esfuerzo físico. Hoy en día seguimos levantando cajas, conduciendo camiones o trabajando de pie durante horas. Pero cada vez más personas están haciendo un tipo diferente de esfuerzo: mantenerse concentrados durante días, responder docenas de correos electrónicos, cambiar tareas constantemente, asistir a reuniones consecutivas, tomar decisiones rápidas y estar constantemente conectados.
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No necesariamente trabajamos más horas que hace veinte años. Trabajamos con mayor intensidad. La investigación en psicología del trabajo lleva décadas describiendo este fenómeno. El modelo de demanda laboral-recursos, uno de los marcos científicos más consolidados para comprender el bienestar laboral, explica que el burnout se produce cuando las demandas laborales aumentan mientras los recursos disponibles disminuyen: autonomía, apoyo del supervisor, reconocimiento, claridad de objetivos u oportunidades reales de recuperación.
No es casualidad que el síndrome de burnout se haya convertido en una preocupación común de empresas y organismos internacionales a partir de un concepto casi desconocido.
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La baja por enfermedad se trata de organizaciones
Hay una forma diferente de interpretar los datos. Consideramos la baja laboral tradicional como un indicador de salud. Pero también puede entenderse como un indicador organizativo.
Cuando aumentan constantemente, vale la pena preguntarse qué sucede dentro de las empresas.
¿Ha aumentado la carga de trabajo? ¿Los responsables detectan el agotamiento antes de que se convierta en enfermedad? ¿Puedes reconocer que necesitas ayuda sin miedo a que te consideren poco comprometido?
Las organizaciones miden con mucha precisión sus ventas, productividad o costes. Sin embargo, se dedica mucho menos esfuerzo a medir las condiciones que permiten a las personas seguir trabajando de forma saludable. Y es importante.
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Liderazgo también es prevención
Existe amplia evidencia científica de que el liderazgo afecta la salud ocupacional. Los gerentes de línea no se limitan a compartir tareas. También tienen en cuenta el contexto psicológico en el que operan sus equipos o lo exacerban.
Los estudios sobre liderazgo saludable muestran que la claridad de objetivos, el reconocimiento, la confianza, la participación y las cargas de trabajo razonables reducen el estrés y mejoran el bienestar. De manera similar, un clima de seguridad psicosocial reduce el agotamiento emocional y el ausentismo porque las personas entienden que su salud es una prioridad para la organización.
Esto no convierte al jefe en médico, pero recuerda que algunas enfermedades comienzan mucho antes de ingresar al consultorio.
Cinco soluciones basadas en evidencia
La buena noticia es que la investigación no sólo describe el problema, sino que también señala algunas líneas de acción:
Yo añadiría que es necesario luchar contra el fraude cuando existe. Mejorar también la gestión sanitaria. Y rediseñar organizaciones que le permitan trabajar sin enfermarse debería ser parte de la misma conversación.
Necesitamos cambiar la pregunta.
Durante demasiado tiempo nos hemos preguntado cómo reducir las bajas por enfermedad. Quizás la pregunta sea qué intentan decirnos.
La baja laboral no se trata sólo de la salud de quien la solicita. También reflejan, en parte, la salud de las organizaciones en las que trabajan.
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