Elección: terremoto en Venezuela

ANASTACIO ALEGRIA
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Qué triste está la ciudad, ya perdió la fe, pero será destruida el día de San Bernabé. Quien lo viva lo verá. Con ese lúgubre canto, el mendigo caraqueño Raposanta anunció, en los primeros meses de 1641, la inminente destrucción de la capital de la entonces Capitanía General de Venezuela. Llegó el 11 de junio, día de San Bernabé, y dicen los anales que:

“Entre las ocho y treinta y nueve de la mañana la tierra tembló mucho y causó la más severa devastación en esta ciudad de Santiago de León de Caracas y en su puerto de La Guaira. No hubo casa, una ni ninguna, que no cayera del todo al suelo o no causara un sentimiento tan grande que se pudiera vivir repetidamente en diferentes partes de la iglesia. Cayeron Monjas, casi toda la iglesia de San Francisco. . . .”

Fue el primer terremoto documentado en la ciudad de Caracas, fundada hace 74 años, y se estimó que tuvo una magnitud de entre 7,5 y 8 grados.

El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, se combinaron tres grandes sacudidas sísmicas en tres puntos diferentes del país en el llamado terremoto de Venezuela. Ocurrida en plena Guerra de la Independencia, hubo quienes afirmaron que se trataba de un castigo divino por intentar derribar el orden establecido en España. La imagen de Simón Bolívar sentado sobre las ruinas arengando al pueblo quedó en los libros de historia:

“Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.”

Se estima que la fuerza de estos tres terremotos fue de entre 6,2 y 7.

Terremoto de 1812, óleo sobre lienzo, del pintor venezolano Tito Salas. Wikimedia Commons

El último gran terremoto en Caracas, antes del 24-J, se produjo el 29 de julio de 1967. Con una magnitud de 6,6, provocó el derrumbe de varios edificios en la capital y La Guaira, matando a 240 personas.

A las 18:04 El 24 de junio de 2026, día del Solsticio de Verano y aniversario de la Batalla de Carabob (1821), la más importante en la Guerra de Independencia de Venezuela, el suelo venezolano volvió a moverse. Dos grandes terremotos, el primero de magnitud 7,2 y el segundo de magnitud 7,5, sacudieron la tierra durante tres eternos minutos. Todos hemos sido testigos, en vivo o a través de redes y pantallas, desde cualquier parte del mundo, del nivel de destrucción alcanzado. Dos semanas después del terremoto, ya son más de 3.800 muertos y casi 17.000 heridos. Y, aunque no hay estimaciones oficiales del número de desaparecidos, se dice que ronda los 50.000.

El norte de Venezuela es una de las regiones con mayor actividad sísmica del norte de América del Sur porque es donde se encuentran las placas del Caribe y América del Sur.

Haití (que sufrió un gran terremoto en 2010) al norte y Venezuela al sur se encuentran a ambos lados de los límites de ambas placas, que se mueven lateralmente en una falla de corte: una grieta en la corteza terrestre donde dos bloques de roca se mueven horizontalmente entre sí, en direcciones opuestas.

La cuestión es que la mayor parte de la población de Venezuela se concentra en los estados del norte del país, por lo que allí conviven vulnerabilidad sísmica y densidad poblacional.

La magnitud del desastre es tal que se ha declarado estado de emergencia en todo el país, y La Guaira ha sido catalogada como “zona de desastre” por la cantidad de casas derrumbadas e infraestructura colapsada. Además, los daños provocaron el cierre del Aeropuerto Maikuetia, el más importante del país.

Ahora la pregunta es cuál es la calidad real, cuál es el mantenimiento y cuáles son las condiciones de uso de las edificaciones en Venezuela. En La Guaira y Caracas, decisiones de construcción cuestionables, ampliaciones informales y la ausencia de un programa de mantenimiento sostenible provocaron el colapso de muchas infraestructuras en este gran terremoto de 2026.

Ante esta tragedia, hemos visto la movilización de los ciudadanos venezolanos desde el principio: desde los primeros rescates improvisados ​​y sin fondos a pocas horas del colapso hasta la organización de comedores colectivos, la recolección de insumos, el transporte de medicinas y materiales. Esta movilización masiva no se dio sólo en el territorio de Venezuela: también participaron miembros de la diáspora venezolana, casi 8 millones de personas que en la última década se vieron obligadas a abandonar el país por motivos políticos o por pobreza y falta de oportunidades.

Reconstruir el país será tarea de la patria global o no lo será. La principal característica de Venezuela en 2026 es que su sociedad ya no coincide con su territorio, sino que lo supera.

Sin embargo, no nos equivoquemos: estas dos semanas no han sido todas buenas. En las zonas afectadas por el terremoto se produjeron saqueos y saqueos. En medio del caos convergieron tres elementos básicos para el surgimiento del crimen: delincuentes motivados, objetivos valiosos y accesibles, y la ausencia de guardianes y controles sociales efectivos. Así, el caos elimina la barrera del riesgo y maximiza la oportunidad de beneficio: el espacio público, antes regulado, se convierte temporalmente en un escenario de total impunidad.

Más de dos semanas después del terremoto de San Juan, se está avanzando en el largo camino para recuperar la confianza y reconstruir las regiones afectadas. La ayuda humanitaria seguirá siendo necesaria y vale la pena conocer las diferentes opciones disponibles para decidir cómo ayudar a Venezuela desde España de forma segura, responsable y eficaz.


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