Los periodistas suelen informar sobre acontecimientos que no han vivido. Abarcan guerras que comenzaron antes de que nacieran, juicios por crímenes cometidos hace décadas, conflictos políticos heredados, dictaduras, transiciones, atentados o crisis sociales cuyos efectos aún están presentes.
Esa distancia no es un problema en sí misma. De hecho, es parte de la profesión periodística. Informar sobre un hecho no vivido requiere investigar, consultar documentos, reconstruir el contexto, entrevistar a testigos, escuchar a las víctimas, contrastar versiones y distinguir entre datos, opiniones e interpretaciones. En tiempos de titulares vertiginosos, redes sociales y debates polarizados, esta tarea es aún más necesaria.
Mirar atrás para informar el presente.
La formación periodística, por tanto, no puede limitarse a enseñar a producir contenidos o reproducir declaraciones y datos. También debería enseñarte a mirar hacia atrás. Comprenda que muchas noticias no comienzan el día en que se publican, sino años o décadas antes. Y entender que algunos acontecimientos del pasado reciente todavía condicionan el presente.
Uno de esos casos es el terrorismo de ETA. Los estudiantes que hoy llegan a la universidad no han sobrevivido a sus años más difíciles. Para muchos de ellos, ese tiempo no está asociado al miedo cotidiano, a los guardaespaldas, a los funerales, a las amenazas o al silencio. Les llega a través de notas de prensa, debates políticos, series, redes sociales, conversaciones familiares o referencias escolares a menudo fragmentarias.
ETA y memoria compartida
Pero ETA no es una cuestión histórica cualquiera. Es parte de la historia reciente de España. Tiene víctimas directas, consecuencias políticas, una presencia en el debate público y una memoria que aún se cuestiona. Por tanto, cuando un futuro periodista informa sobre una decisión judicial o penal, sobre un honor, sobre una víctima o sobre un ex miembro de ETA, no puede hacerlo sólo desde la actualidad inmediata. Se necesita contexto.
La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto saben los jóvenes sobre ETA. La pregunta es más amplia: ¿cómo se capacita a los periodistas para informar sobre eventos que no han experimentado y que continúan afectando a la sociedad en la que informan?
En el caso de ETA y España, cobra especial importancia que la formación escolar y universitaria incluya este tema no sólo para atender las demandas de memoria, verdad, dignidad y justicia de las víctimas, sino también por su constante aparición en los debates políticos y mediáticos.
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Además de conocer los hechos
El problema, por tanto, no es sólo que los jóvenes “sepan mucho o poco” sobre ETA. El riesgo real es que conozcan los hechos fuera de orden, parcialmente o sin contexto. En un mundo de noticias rápidas, redes sociales y debates polarizados, la información sobre un ex terrorista puede preceder a la historia de sus víctimas. Y una decisión judicial o penal puede ser malinterpretada si no se conocen los daños humanos, políticos y sociales que la preceden.
Existe, y en línea con otras iniciativas en este sentido, nuestro proyecto Memoria en Construcción para Futuros Periodistas en el que los estudiantes investigan, hacen preguntas, consultan documentos, comparan fuentes y producen contenidos periodísticos sobre terrorismo, memoria y víctimas.
La idea básica es simple. Informar sobre terrorismo no basta con tener una opinión o recordar algunos nombres o fechas. Es necesario saber documentarse, contextualizar, verificar, diferenciar conceptos y comprender el lugar que ocupan las víctimas en la narrativa pública.
¿Qué saben las nuevas generaciones de ETA?
Como punto de partida, la iniciativa se basó en un cuestionario de diagnóstico entre 65 estudiantes de primer curso de periodismo de la Universidad de Valladolid. La muestra no permite extraer conclusiones generales sobre la juventud universitaria española, pero ofrece pistas valiosas. Los resultados, consistentes con otros estudios recientes y más amplios, muestran una falta de formación previa. El 49,2% afirmó saber poco sobre ETA y el 7,7% dijo no saber nada. Sólo el 12,3% alcanzó el nivel máximo en una prueba sencilla de conocimientos básicos.
El hecho más sorprendente, sin embargo, no es la ignorancia sino el interés. El 90,8% cree que es importante saber qué pasó con ETA, y el mismo porcentaje califica este conocimiento como relevante para su futura labor periodística.
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El cuestionario también muestra que la universidad tiene margen para intervenir. La escuela o instituto y la familia aparecen como principales fuentes de conocimiento sobre ETA, ambas con un 55,4%. Le siguen los medios de comunicación con un 50,8%. La universidad, por el contrario, se mantiene en segundo lugar con un 23,1%. Además, algunas respuestas revelan confusión entre el terrorismo, el nacionalismo democrático, el entorno nacionalista y los debates políticos actuales. Esta confusión es particularmente relevante para los futuros periodistas porque afecta el rigor, la verificación y la forma de informar las noticias.
Metodologías activas
Desde este diagnóstico, nuestro proyecto se ha dedicado a aprender haciendo. Conectamos varias materias de la Diplomatura en Periodismo, desde comunicación organizacional, ciberperiodismo y documentación informativa hasta televisión informativa. La iniciativa incluye también actividades fuera de las aulas, como la visita al Centro Memorial a las Víctimas del Terrorismo de Vitoria-Gasteiz, la asistencia a la III Conferencia Regional sobre Terrorismo de Castilla y León y la cobertura de actividades relacionadas con el terrorismo, las víctimas y la memoria presentes en la agenda informativa.
Así, el aprendizaje no se limita a una clase o evaluación académica, sino que se convierte en una experiencia de formación profesional y cívica.
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Mucho más allá de ETA
Además de acercar la memoria del terrorismo al centro de la formación periodística, el objetivo del proyecto es recordar que el periodismo se enfrenta constantemente a hechos que no han sido vividos en primera persona, pero que deben ser contados de forma justa y fundamentada. No tener memoria propia obliga, precisamente, a investigar mejor.
Por tanto, formar periodistas hoy no se trata sólo de enseñarles a escribir una noticia, grabar un podcast o gestionar una red social. Consiste también en aprender a detenerse, preguntar, comprobar, escuchar y contextualizar.
En una época en la que las noticias se consumen rápidamente, el periodismo necesita profesionales capaces de explicar de dónde vienen los hechos. Porque algunas noticias no comienzan cuando llegan a la pantalla. Comienzan mucho antes, en las historias que otros han vivido y que alguien está obligado a contar bien.
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