La vida en el útero puede dejar una huella duradera en la salud de los adultos

ANASTACIO ALEGRIA
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Es posible que su salud no comience con usted. Ni siquiera con lo que comes. Ni siquiera con el ejercicio que hace. Ni siquiera con las decisiones que tomas siendo adulto. Pudo haber comenzado antes de que él naciera, incluso antes de que tuviera un cuerpo formado.

Durante mucho tiempo pensamos que nuestra salud era en gran medida resultado del estilo de vida, algo que no era falso, sino incompleto. Hoy sabemos que parte de lo que seremos, incluido nuestro riesgo de enfermarnos, se define en un período que no recordamos: la vida en el útero.

El desarrollo del feto es uno de los procesos más complejos y, al mismo tiempo, más frágiles de la biología humana. En tan sólo nueve meses, el organismo pasa de ser un conjunto de células a un sistema perfectamente organizado. En este proceso, cada personaje cuenta.

El feto no se desarrolla de forma aislada, sino en un entorno muy concreto: el cuerpo de su madre. Tu estado de salud, tu alimentación, tu nivel de estrés o las condiciones en las que vives dejan huella desde el principio.

La placenta: el primer intérprete del mundo.

Existe una conexión entre madre y bebé tan importante como poco conocida: la placenta. No es sólo un “puente”, sino un organismo activo que decide qué llega, cuánto llega y en qué condiciones. Regula los nutrientes, el oxígeno y las señales hormonales, pero sobre todo interpreta el entorno.

Traduce la realidad de la madre en señales biológicas para el feto. Y, en base a esa información, el organismo en desarrollo se adapta. Si el entorno es favorable, el desarrollo continúa. Pero si algo cambia (diabetes gestacional, hipertensión o estrés), la placenta también cambia.

Y lira también: la clave para un embarazo saludable podría estar en el intestino de la madre

Puede transformar su estructura, tamaño o forma de funcionar con un objetivo claro: sobrevivir. Sin embargo, esa adaptación tiene un precio. Para seguir viviendo en un entorno desfavorable, el feto puede adaptar su crecimiento o el funcionamiento de sus órganos.

Es una estrategia eficaz a corto plazo, pero esas decisiones biológicas no siempre encajan con el mundo venidero.

Enfermedades que ocurren antes del nacimiento.

La idea del origen prenatal de muchas enfermedades comenzó a tomar forma en la década de 1980, cuando el epidemiólogo David Barker observó que las personas con bajo peso al nacer tenían mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas en la edad adulta.

Ha cambiado la forma en que entendemos la salud. Hoy sabemos que factores como la alimentación de la madre, el metabolismo o el estrés pueden “programar” el organismo en desarrollo, dejando una huella que puede durar toda la vida. Por ejemplo, un estudio realizado en Suiza y Dinamarca con casi siete millones de mujeres encontró que el estrés materno asociado con la pérdida de un familiar cercano durante el tercer trimestre del embarazo se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad coronaria en los hijos a lo largo de la vida.

Las implicaciones van más allá de lo esperado. Además de influir en el riesgo de obesidad o enfermedades cardiovasculares, investigaciones recientes sugieren que incluso patologías complejas, como la esclerosis múltiple, pueden tener un componente prenatal.

Así, un estudio reciente con más de un millón de personas demostró que nacer con un peso elevado para la edad gestacional o la exposición a diabetes materna se asocia con un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad en la edad adulta.

Cuando la historia continúa en la próxima generación.

Algo es aún más confuso: ¿qué pasa si esas huellas no se quedan con nosotros?

Uno de los ejemplos más sorprendentes proviene de la hambruna que sufrió Holanda en el invierno de 1944-45. Décadas más tarde, quienes estuvieron expuestos a esta desnutrición en el útero tuvieron más enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Pero lo inesperado llegó después. Los hijos de hombres que tuvieron esta experiencia en el útero tienden a tener un mayor peso e índice de masa corporal en la edad adulta. Es decir, la experiencia antes del nacimiento puede influir en la próxima generación.

¿Cómo es posible que el cuerpo recuerde algo que nunca hemos experimentado conscientemente? La clave es la epigenética, los mecanismos que regulan cómo se expresan los genes sin modificar el ADN. No cambian el texto, pero sí la forma de leerlo. El entorno deja huellas y, en algunos casos, estas huellas pueden transmitirse.

Entonces, el embarazo no sólo fortalece el cuerpo. También puede transmitir información sobre el mundo en el que ese cuerpo tendrá que vivir.

Piense en el embarazo de otra manera

Todo esto plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestra salud? La respuesta no es sencilla. Si bien nuestros hábitos son importantes, no todos partimos del mismo punto de partida, ya que el entorno prenatal, como hemos visto, es parte de esa historia.

Comprender esto no debería generar culpa ni alarma, sino conciencia. Los cuidados durante el embarazo no consisten sólo en acompañar el inicio de la vida. Es para influir en su trayectoria futura… y, tal vez, en las generaciones futuras.


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