El ébola continúa sin disminuir. En la República Democrática del Congo ya ha provocado uno de los mayores brotes jamás registrados en apenas unas semanas, con al menos 1.077 casos sospechosos y 246 muertes relacionadas.
Evitar el colapso de la salud
Además de detener el virus, el objetivo principal ahora debe ser evitar el colapso del sistema de salud en la región, lo que provocaría un desastre sin precedentes. En la epidemia de ébola en África occidental entre 2014 y 2016, que causó más de 28.000 casos reportados y más de 11.000 muertes, murieron más personas por malaria debido al colapso del sistema de salud que por el propio ébola. Así, en Guinea, los casos de malaria no tratados o tratados inadecuadamente causaron un exceso de mortalidad, lo que a su vez obstaculizó la respuesta al propio virus del Ébola.
De hecho, en 2015 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos estimaron que una reducción del 50% en el acceso a los servicios de salud durante el brote de ébola empeoró significativamente las tasas de mortalidad por malaria, VIH/SIDA y tuberculosis. Hay que tener en cuenta que la República Democrática del Congo tiene el segundo mayor número de casos y muertes por malaria del mundo y que la enfermedad sigue siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad en el país, con 35,1 millones de casos y 24.880 muertes en 2024.
Consecuencias en toda la región
El impacto, además de la alta mortalidad, también puede ser económico. El brote de ébola de 2014 se extendió a varios países africanos con recursos limitados, causando una importante tensión financiera en sus sistemas de salud y afectando a la economía en su conjunto. En la región de África Occidental, la pérdida se estimó en aproximadamente 32.600 millones de dólares en dos años, equivalente al 3,3% del producto interno bruto (PIB) de la región.
Lamentablemente, la República Democrática del Congo es propensa a sufrir epidemias recurrentes, como el cólera, el sarampión y la fiebre amarilla, que requieren asistencia inmediata. Por el momento, los centros de salud no están funcionando o lo hacen con graves limitaciones debido a la inseguridad en muchas zonas afectadas. Cuando no se dispone de instalaciones de salud, se destruyen los sistemas de alerta temprana para todas las demás amenazas infecciosas.
Sin duda, si los sistemas de salud de este país colapsaran por completo debido a la actual crisis provocada por el Ébola Bundibujo, las consecuencias serían desastrosas no sólo para el país, sino también para toda la región centroafricana: los centros de salud dejarían de atender partos, cesáreas de emergencia o casos de malaria, mipox, cólera y otros, VIH, viruela.
Otras infecciones que causan estragos
Para tomar conciencia de la magnitud, basta recordar que en la República Democrática del Congo, en lo que va de 2026, se han notificado 25.418 casos sospechosos de cólera y 726 muertes (tasa de letalidad del 2,86%) en 12 de las 26 provincias del país. En 2025 se notificaron 71.646 casos y 2.028 muertes.
Además, este país sigue siendo uno de los epicentros mundiales de mipox. Desde principios de 2026, las autoridades han reportado 1.036 casos y una muerte, mientras que en 2025 se registraron más de 21.000 casos y casi 100 muertes. La falta de acceso a servicios de salud reproductiva hace avanzar la prevención de la transmisión maternoinfantil de enfermedades como el VIH y la sífilis.
Y por si fuera poco, el miedo al ébola puede provocar que se detengan las campañas de vacunación, ya que el pánico por la infección y la escasez de personal paralizarían las vacunaciones infantiles, abriendo la puerta a brotes masivos de otras enfermedades prevenibles. Este es el caso de la viruela, que sigue planteando una grave amenaza para la salud pública en la República Democrática del Congo. Este año se notificaron un total de 71.023 casos y 683 muertes.
Por el momento, el corazón de la crisis del Ébola son las provincias de Ituri y Kivu del Norte, que comparten fronteras comercialmente muy activas y experimentan constantes movimientos de población debido al conflicto armado. Un colapso en la República Democrática del Congo podría permitir que el virus viaje en masa a Ruanda, Burundi, Tanzania, Sudán del Sur y Uganda, convirtiéndose en un desastre regional. Por eso Uganda ha cerrado la frontera con la República Democrática del Congo para intentar contener la propagación de la enfermedad.
Hambre, inseguridad, violencia…
Organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos advierten que la crisis del ébola está agravando la escasez de alimentos. Un colapso total paralizaría los mercados, el transporte y la ayuda humanitaria, exacerbando la desnutrición.
A esto hay que sumar que, históricamente, los brotes de ébola generan teorías conspirativas y enfrentamientos entre la población civil y las autoridades, provocando ataques a centros de salud que debilitan aún más la seguridad en una zona ya gravemente afectada por el conflicto armado. Por otro lado, la experiencia de crisis anteriores nos ha enseñado que el colapso de los mecanismos básicos de protección significa un aumento masivo de la violencia contra las mujeres y las niñas.
En un entorno de conflicto e inseguridad combinado con epidemias de alto impacto como el Ébola, el exceso de muertes causado por la falta de atención a la malaria, el sarampión, la tuberculosis y otras infecciones a menudo supera con creces las muertes causadas por el propio virus del Ébola. Se necesitan años y, a veces, décadas para que el sistema de salud recupere los niveles de control anteriores a la crisis.
Por supuesto, el colapso del sistema de salud transformaría una epidemia grave y compleja en una crisis humanitaria fuera de control. Es imperativo evitar que esto suceda.
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