¿Votamos diferente a los 80 porque somos viejos o por la generación en la que nacimos? Distinguir los cambios biológicos (edad) de los cambios generacionales (cohortes) y los puntos de inflexión históricos (períodos) es fundamental en sociología. Sólo así podremos evitar el envejecimiento y crear políticas públicas basadas en la realidad y no en prejuicios estadísticos.
Imagínese notar que las personas de 80 años usan las redes sociales menos que las personas de 20 años. La explicación parece obvia: “Las personas mayores no están interesadas en la tecnología. Pero, ¿es realmente la edad la que apaga el interés digital o esta generación ha nacido en un mundo sin pantallas? Si volvemos a plantearnos la pregunta dentro de sesenta años, cuando los jóvenes de hoy tengan 80 años, ¿dejarán de usar las redes sociales?”.
En la sociología del envejecimiento, esta pregunta aparentemente simple esconde lo que llamamos el “trilema de la investigación del curso de la vida”. Separar lo que nos pasa por nuestro cumpleaños de lo que nos pasa por nacer en un año determinado es un gran desafío. Tanto es así que los investigadores Andrew Bell y Kelvin Jones lo definieron en 2014 como una búsqueda a veces inútil, pero esencial para comprender nuestra sociedad.
Tres hilos de la trenza: edad, cohorte y período.
Para comprender cómo envejecemos, los sociólogos deben aprender a distinguir entre tres dimensiones que en realidad parecen casi inextricablemente vinculadas:
Efecto de la edad (maduración). Esto es lo que le sucede a un individuo por el simple hecho biológico y psicológico del envejecimiento. Por ejemplo, la pérdida de masa ósea o el hecho de que nuestras redes de amigos son cada vez más pequeñas pero más selectivas. Es un proceso interno.
Efecto cohorte (generación). Se refiere a la mochila que llevamos porque nacimos en una época determinada. Las mujeres nacidas en España en los años 40 tienen, en promedio, menos educación que las nacidas en los años 80. Este no es un efecto de edad (no es que a medida que envejecemos olvidemos lo que aprendemos), sino un efecto de cohorte: su generación no tuvo el mismo acceso a la universidad ni la misma oportunidad de acceder a ella.
Efecto de período (momento histórico). Son acontecimientos que nos afectan a todos al mismo tiempo, sin importar la edad que tengamos. La pandemia de Covid-19, la crisis económica de 2008 y la invención de Internet cambiaron simultáneamente la vida de niños y ancianos, aunque el impacto fue diferente para cada uno.
Trampa matemática
El problema, como advierten Bell y Jones, es que estas tres variables están unidas por una ecuación matemática perfecta:
Edad = Año actual (Período) – Año de nacimiento (Cohorte)
Si conocemos dos de estos datos, el tercero se establece automáticamente. Esta dependencia crea un punto ciego estadístico. Durante años, muchos investigadores han intentado crear modelos matemáticos sofisticados para desentrañar mecánicamente estos efectos.
Sin embargo, Bell y Jones lanzan una seria advertencia: confiar ciegamente en el software puede llevarnos a conclusiones equivocadas. A veces los resultados que parecen sólidos son sólo artefactos matemáticos, espejismos de datos.
Las estadísticas por sí solas no pueden decirnos si un niño de ocho años no fuma porque se cuida mejor a medida que envejece (edad), porque las leyes antitabaco han afectado a todos (punto), o porque sus compañeros que fumaban ya han muerto y sólo quedan los no fumadores (efecto de selección de cohorte).
Los padres del autor en una fiesta. Marta Caballero De la caja negra a la credibilidad sociológica
¿Significa esto que deberíamos rendirnos? De lo contrario. La solución que proponen los expertos no es más matemáticas, sino más sociología.
En lugar de tratar los datos como una caja negra, el investigador debería utilizar el contexto histórico. No basta con introducir el año en la fórmula: hay que introducir los acontecimientos reales. Si queremos estudiar el empleo entre las personas mayores, no nos fijemos únicamente en su edad. Veamos si esa generación vivió en su juventud una reforma laboral concreta o una crisis industrial.
Debemos pasar de la precisión estadística absoluta a la verosimilitud sociológica. La pregunta clave no es sólo qué dice el gráfico, sino si ese resultado tiene sentido dado lo que sabemos sobre la historia. ¿Cómo vivió la transición democrática la generación del baby boom? ¿Cómo afectó la posguerra a la salud nutricional de las personas de 90 años en España?
Por qué esto es importante para todos nosotros
Comprender este trilema no es sólo un ejercicio académico. Tiene consecuencias reales para la forma en que diseñamos hospitales, sistemas de pensiones y ciudades. Si cometemos el error de pensar que el comportamiento es un efecto de la edad, cuando en realidad es un efecto de cohorte, estaremos creando soluciones a un problema que desaparecerá con la próxima generación. O ignorar las raíces históricas de la desigualdad.
El envejecimiento no es un proceso que se produce en el vacío. Somos resultado de nuestra biología, pero también de la época en la que vivimos y de la generación con la que compartimos camino. Para entender la edad no basta con mirar el calendario. Debes leer los libros de historia.
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