Sólo podremos garantizar el suministro futuro de agua si protegemos los ecosistemas acuáticos

ANASTACIO ALEGRIA
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La sociedad necesita la seguridad hídrica como garantía de suministro de agua en calidad y cantidad suficiente para la población y las actividades económicas. Este concepto debe incluir los ecosistemas acuáticos, que proporcionan los recursos que utilizamos, purifican naturalmente el agua y la esponja y mitigan el impacto de las lluvias intensas.

No podemos hablar de seguridad hídrica sin garantizar su buen estado y correcto funcionamiento, que acaban convirtiéndose en aspectos críticos para sectores clave de la economía española como la agricultura, el turismo y la energía.

Existe un delicado equilibrio entre la satisfacción de las necesidades humanas y la capacidad de los ecosistemas acuáticos para satisfacerlas, una tensión que se exacerba en las regiones áridas o semiáridas de gran parte de la Península Ibérica. Allí, la irregularidad climática –caracterizada por sequías prolongadas y lluvias torrenciales– contrasta con la necesidad constante de agua, lo que genera conflictos socioecológicos que generalmente resultan en graves impactos en ríos, humedales y cuerpos de agua subterránea.

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Índice de estrés hídrico (es decir, la demanda de todos los sectores de recursos renovables y no renovables) en España (sin incluir Canarias en el análisis) por región hidrográfica. Datos de los correspondientes planes hidrológicos para el periodo 2022-2027 (MITECO, España). S. Sabater et al 2025 Environ. Res. Letón. 20 091008 La preservación de los ecosistemas beneficia a la economía.

El colapso de los ecosistemas acuáticos trae consigo la economía. Las pérdidas económicas en España causadas por sequías e inundaciones alcanzan ya los 1.500 millones de euros al año y se prevé que se multipliquen por cinco si las temperaturas aumentan 3 °C.

Estos retos socioclimáticos y ecológicos motivaron el proyecto “H2OSEG: Retos para afrontar la escasez para alcanzar la seguridad hídrica en España”, que nace bajo el paradigma de la sostenibilidad fuerte, que vincula necesariamente la prosperidad socioeconómica a la preservación de los ecosistemas. Los ecosistemas bien conservados nos permiten maximizar la seguridad hídrica necesaria para hacer frente a las crecientes amenazas climáticas.

Para ello, es necesario caracterizar los riesgos y definir los pasivos. A través de consultas con académicos y administradores, el equipo científico de H2OSEG identificó la sobreexplotación de recursos, el cambio de uso de la tierra, la desertificación y el cambio climático como las amenazas más apremiantes. La realidad del agua en España es muy compleja y su diagnóstico requiere de un análisis espacial detallado.

Además, como parte del proyecto, estamos desarrollando un análisis de riesgos que vincule el grado de exposición y vulnerabilidad, tanto de los ecosistemas acuáticos como de las unidades de gestión hidrológica, con los escenarios de escasez de agua a los que nos está llevando el cambio climático. Para ello, se integran datos sobre el estado del ecosistema (conectividad, contaminación, etc.) con datos sobre el sistema de uso (municipio o unidad de explotación). Los riesgos de inseguridad hídrica son muy elevados en el área mediterránea, así como en las zonas áridas del centro peninsular y Andalucía.

La falta de agua genera conflictos entre sectores económicos, pero también entre estos y los ecosistemas. Conflictos que se pueden describir a gran escala. Al superponer mapas de características climáticas, uso de la tierra, calidad y uso del agua, se pueden ver los efectos de conflictos históricos (por ejemplo, entre agricultura y humedales) o emergentes, como la creciente demanda de refrigeración de grandes centros de datos.

Mapa de España que muestra las zonas con mayor riesgo de conflictos por el agua

Un mapa de riesgo de conflictos hídricos resultante de la superposición de diez variables relacionadas con la disponibilidad, calidad y uso de los recursos hídricos. Juanma Cintas y Jaime Martinez Valderrama, CC BI-SA Herramientas para la resolución de conflictos por el agua

A nivel local, donde los usuarios interactúan con los ecosistemas, resolver estos conflictos requiere herramientas de planificación basadas en escenarios.

En H2OSEG estudiamos varios casos. Una es la cuenca del río Ter, que desvía agua hacia el área metropolitana de Barcelona y simultáneamente abastece a los sectores agrícola y turístico local, creando una tensión histórica que afecta tanto a los usuarios como a los ecosistemas.

El canal de riego circula por el terreno cubierto de vegetación

Canal de riego en Baik Ter, en Girona. Sergi Sabater, CC BI-SA

Estamos trabajando en un sistema de apoyo a la toma de decisiones que integra modelos hidrológicos e información geográfica utilizando inteligencia artificial para simular el efecto de múltiples escenarios climáticos y de gestión sobre la disponibilidad de agua y los flujos ecológicos. Esta herramienta fácil de usar permitirá a diferentes usuarios comprender mejor las consecuencias de sus decisiones en materia de gestión del agua.

Otro caso es el de la Albufera de Valencia. Esta laguna está sujeta a una alarmante contaminación por nutrientes y contaminantes, lo que afecta su biodiversidad y condición ecológica. Estos impactos se ven exacerbados por eventos extremos como el ocurrido después del Día 2024.

H2OSEG utiliza modelos para vincular los fenómenos climáticos y las condiciones del agua con el turismo, la pesca y la caza, pero también con la capacidad del sistema para secuestrar carbono o autopurificar las aguas. Esta herramienta se puede utilizar para futuros planes de manejo de este humedal, así como de otras áreas que presenten altos niveles de cambio.

Y Lires también: drogas y pesticidas que contaminan los humedales costeros del Mediterráneo

Un tractor atraviesa un campo de arroz, rodeado de muchos pájaros blancos.

La agricultura en la Albufera de Valencia es una de las responsables de la contaminación de la zona. Enrique Íñiguez Rodríguez/Wikimedia Commons, CC BI-SA Invertir en seguridad económica y bienestar social

Reducir el riesgo para la seguridad hídrica requiere de la integración del conocimiento científico con la experiencia de gestión, que va más allá de lo técnico y territorial, y se relaciona directamente con la seguridad jurídica y la planificación territorial.

El dinero invertido en la protección de los ecosistemas acuáticos es una inversión en seguridad económica, empleo y bienestar social. Sólo a través de estrategias que protejan adecuadamente los ecosistemas acuáticos y su funcionamiento integral será posible mantener nuestra actividad socioeconómica en el corto y largo plazo.


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