2026: verano de la crisis del queroseno, ¿habrá menos turistas?

ANASTACIO ALEGRIA
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Se acerca el verano y se mantiene el cierre del Estrecho de Ormuz, asfixiando el suministro de petróleo y gas natural y sus derivados (incluido el combustible de aviación). Si bien no hay datos que predigan una caída general, se están produciendo recargos y cancelaciones que apuntan a un riesgo más específico: cuando los costos aumentan, las aerolíneas protegen las rutas más rentables y otros destinos quedan más expuestos.

Fuerte en letras minúsculas

España llega a esta encrucijada con una posición sólida. En 2025 recibió 96,8 millones de turistas internacionales, lo que supone un nuevo máximo histórico y un 3,2% más que el año anterior. El Reino Unido, Francia y Alemania fueron los tres principales mercados editoriales. Además, la demanda internacional sigue siendo alta y España mantiene una fuerte posición en el mercado vacacional europeo.

Pero esa fuerza tiene letra pequeña. Cuanto mayor sea el volumen de turistas internacionales, mayor será la exposición del país a cualquier cambio en la conectividad aérea. El riesgo, por tanto, no proviene de una caída del número de visitantes, sino de un aumento del precio de una parte esencial del viaje: el vuelo. Sin embargo, conviene evitar dos errores:

Miedo: las cancelaciones puntuales por sí solas no presagian una mala temporada.

Complacencia: Cuando el precio de un vuelo sube, algunos destinos lo notan antes que otros.

Cuando los costos aumentan, las rutas cambian

Lufthansa ha anunciado la retirada de 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre. La cifra es sorprendente, pero necesita contexto. Según la propia compañía, el ajuste equivale aproximadamente al 1% de su capacidad de verano, medida en asientos-kilómetro disponibles (ASK, el número de asientos en un vuelo multiplicado por la distancia en kilómetros de ruta). La decisión se centra en los vuelos europeos y busca ahorrar unas 40.000 toneladas de combustible.

Cuando el combustible se encarece, las aerolíneas ajustan sus programas: reducen frecuencias, cancelan rutas con menores márgenes de ganancia, concentran sus operaciones en sus hubs aeroportuarios (centros conectivos que reciben y emiten grandes volúmenes de vuelos, pasajeros y mercancías) y protegen las rutas más rentables. Si volar se vuelve más caro, la demanda turística puede cambiar de forma.

Estos ajustes no afectan por igual a todos los modelos de negocio de las aerolíneas. Las aerolíneas tradicionales (heredadas) de tarifa completa tienden a proteger sus rutas estratégicas y sus principales centros, concentrando pasajeros y optimizando las conexiones.

Por otro lado, las empresas de bajo coste, que operan con mayor flexibilidad, pueden ajustar muy rápidamente sus rutas, frecuencias e incluso los aeropuertos desde los que operan en función de la rentabilidad. Así que el contexto de aumento de costes determinará qué rutas se mantienen y cuáles desaparecen.

A pesar de la incertidumbre, muchos turistas seguirán viajando. Ahora pueden reservar antes, acortar su estancia, cambiar las fechas de viaje, elegir un aeropuerto diferente, encontrar un destino más cercano o reducir sus costes de viaje.

Decisiones de cambios de precio

En España preocupa una crisis del sector turístico por el peso que tiene en el PIB nacional (12,6% en 2024) y porque algunos de los mercados afectados por las tensiones energéticas son grandes clientes turísticos de España.

Después de Reino Unido, Alemania es el segundo mercado turístico de España en términos de consumo, número de pasajeros en avión y pernoctaciones. En 2025 recibió 12 millones de turistas alemanes, un máximo histórico, que gastaron alrededor de 15.800 millones de euros.

Francia también es clave aunque, debido a la proximidad, muchos turistas franceses pueden viajar por carretera. Esto reduce parte de la dependencia aérea, pero no la elimina: las conexiones aéreas siguen siendo importantes para islas, ciudades y destinos alejados de la frontera.

A esto se suma la dependencia de hubs europeos como Frankfurt, Amsterdam o París. Una parte muy importante del turismo no llega por vuelos directos, sino a través de estos grandes aeropuertos de conexión. Por tanto, las decisiones que se tomen en estos nodos pueden afectar indirectamente a los destinos españoles.

Por eso no basta con mirar el número nacional de turistas. Es posible que una reducción de la capacidad del centro alemán no afecte mucho al total nacional. Pero puede afectar a una isla, una ciudad específica, una ruta estacional o un segmento de viajeros que gasta mucho.

El propio ministro de Industria y Turismo advirtió que, aunque España tiene una posición relativamente sólida en reservas y producción de queroseno, esto no la protege si los países emisores de turistas tienen problemas de conectividad o de precios.

Además: ¿Qué regiones españolas ven más fluctuaciones en las llegadas de turistas?

No todos los “shocks” externos son perjudiciales

A veces la inestabilidad en algunas regiones desvía la demanda hacia otras. Según la agencia Reuters, el número de vuelos y reservas de hoteles hacia España y Portugal se han incrementado debido a que los viajeros evitan zonas afectadas por el conflicto en Oriente Medio.

Esto introduce una paradoja: el mismo contexto internacional que encarece el combustible puede hacer que algunos turistas elijan España porque la consideran un destino seguro, cercano y bien comunicado.

Por tanto, el análisis debe ser cuidadoso. Un shock externo puede tener efectos negativos y positivos al mismo tiempo: aumentar los costos de los vuelos pero también desplazar a los pasajeros de otros destinos, o afectar algunas rutas pero fortalecer otras.

Más escaños no eliminan la incertidumbre

Las aerolíneas pronostican que la temporada de abril a octubre de 2026 en España será alrededor de un 6% mayor que el año anterior. El crecimiento sería especialmente fuerte en destinos como Alicante, Andalucía, Madrid y Barcelona.

Pero la capacidad programada no siempre coincide con la capacidad finalmente activada. Las aerolíneas pueden ajustar los vuelos si los costos aumentan, si la rentabilidad de la ruta disminuye o si surgen problemas de suministro. Por eso es una buena idea mirar los datos durante la temporada, no sólo antes de que comience.

El problema no es la pérdida de atractivo, sino que ese atractivo no es suficiente si llegar al destino se vuelve más caro, menos rentable o más incierto para las aerolíneas.

La fragilidad de un modelo funcional

Esta crisis a las puertas del verano permite distinguir entre alarma cíclica y vulnerabilidad estructural.

La alarma inmediata sería decir que España tendrá menos turistas este verano por la cancelación de algunas compañías aéreas. Hoy no hay base suficiente para sustentarlo.

La vulnerabilidad estructural es otra cosa: España depende de una enorme red de movilidad internacional. Esta red incluye aerolíneas, combustibles, aeropuertos de conexión, precios de la energía, regulación ambiental, conflictos geopolíticos y la capacidad de gasto de los hogares en los países emisores.

Cuando todo funciona se alcanzan récords turísticos, pero cuando una pieza falla el modelo muestra su fragilidad.

A esta vulnerabilidad se suma un factor estructural: el paulatino aumento de los costes relacionados con la transición energética del transporte aéreo. La Unión Europea ha intensificado la regulación de las emisiones, a través de instrumentos como el Sistema de Comercio de Emisiones (EU ETS), y promueve el uso de combustibles de aviación sostenibles (SAF), que son más caros que el queroseno convencional.

Este contexto apunta a una tendencia subyacente: volar también puede volverse más caro debido a cambios regulatorios y ambientales para reducir el impacto climático, no solo a factores temporales como el precio del petróleo.

Qué tener en cuenta este verano

España tiene un número récord de turistas, tiene una sólida demanda internacional y una conectividad aérea muy amplia. Pero el turismo depende no sólo de cuán atractivo sea el país, sino también de si los turistas pueden llegar con frecuencia, de manera asequible y predecible. Para saber si estamos ante un ruido de paso o un problema importante, es recomendable vigilar varios indicadores:

La capacidad aérea realmente funcionó. No basta con saber cuántas plazas estaban previstas al inicio de la temporada.

Tarifas. Es posible que un aumento moderado no detenga la demanda, pero un aumento rápido podría afectar a las familias con un presupuesto limitado o reservas de última hora.

Mercados de emisión. Alemania, Francia y Gran Bretaña no reaccionan igual ante los mismos precios ni tienen las mismas alternativas de transporte.

Costos. El riesgo no es sólo que vengan menos turistas. Puede que viajen igual pero gasten menos, se queden menos noches o reduzcan el gasto en su destino.

Distribución territorial. Los buenos datos nacionales pueden ocultar problemas en determinados destinos.

La cuestión no es sólo si habrá menos vuelos y menos turistas este verano, sino si el modelo turístico español está preparado para un futuro en el que volar puede ser más caro, regulado y expuesto a shocks externos.

No parece haber motivo de alarma en este momento, pero sí hay motivos para observar los datos con atención.


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