¿Qué bilingüismo se valora en la escuela?

ANASTACIO ALEGRIA
7 Lectura mínima

En las escuelas donde los estudiantes tienen antecedentes diversos, muchos optan por limitar el uso de la lengua materna para acelerar el aprendizaje de la lengua vehículo. Sin embargo, este gesto perpetúa la visión del lenguaje como un problema, tratando la diversidad lingüística como un déficit en lugar de utilizarla como el poderoso recurso pedagógico que realmente es.

A veces esto se hace con buenas intenciones, pensando que aprenderán antes el idioma de la escuela. Otros, por miedo a que los demás no entiendan la conversación. Pero ¿qué sucede cuando una escuela ignora la lengua materna de un estudiante? ¿Estamos educando para la inclusión o levantando barreras invisibles?

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España es hoy un país muy diverso. Sin embargo, seguimos trabajando con una idea muy rígida del multilingüismo: para pertenecer hay que dejar la lengua en la puerta del colegio.

De manera más general, celebramos el bilingüismo inglés-español como un recurso simbólico clave dentro del sistema educativo, asociándolo con el elitismo, el prestigio y la distinción social. Paradójicamente, cuando un alumno llega al aula hablando otros idiomas, muchas veces se percibe como un desafío e incluso un obstáculo. Muchas familias pagan academias para que sus hijos aprendan idiomas (principalmente inglés), pero miles de alumnos ya vienen bilingües o multilingües y el sistema educativo apenas reconoce ese capital.

Potencial de la lengua materna

Para muchos profesores, los alumnos inmigrantes deben pasar por aulas de acogida o grupos específicos para acelerar su aprendizaje del español e “integrarse”. Sin embargo, cuando estas medidas duran demasiado, pueden tener el efecto contrario: reforzar el estigma y ralentizar la integración.

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Estas creencias apuntan a diferencias en la preparación de los docentes. Mientras que los profesores especialistas muestran una mayor sensibilidad lingüística hacia la lengua materna de los alumnos, entre los profesores tutores hay una falta de formación sobre cómo funciona la adquisición de una segunda lengua, lo que acaba convirtiendo estas medidas de apoyo en barreras involuntarias que invisibilizan la lengua familiar.

Cuantos más idiomas, mejor

Las investigaciones científicas han demostrado desde hace décadas que la lengua materna no es un obstáculo. Además, la hipótesis de la interdependencia lingüística de Jim Cummins postula que las habilidades desarrolladas en una lengua ayudan a la adquisición de otras. En pocas palabras: los estudiantes con una buena base en su lengua materna tienen más herramientas cognitivas para aprender español o inglés.

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Es cierto que datos internacionales muestran que utilizar principalmente la lengua que se enseña en casa se asocia con mejores resultados en lectura, pero esto no significa que las familias deban renunciar a su lengua; Al contrario, traslada la responsabilidad a las instituciones. Para equilibrar este equilibrio, la escuela debería ayudar a los estudiantes a consolidar su lengua materna a través de clases específicas.

La UNESCO lleva años defendiendo la educación multilingüe como herramienta para la inclusión y la equidad. Porque el lenguaje no es sólo un instrumento de comunicación: también es memoria, afecto e identidad. Cuando el sistema anuncia que el idioma está en camino, los estudiantes aprenden más que gramática: identifican qué partes de sí mismos son aceptables y cuáles deben ocultarse.

Entre la inclusión y la supervisión

En una encuesta reciente realizada a profesores de escuelas primarias y secundarias, exploramos esta tensión. Muchos docentes quieren apoyar la diversidad lingüística, pero al mismo tiempo están bajo presión de estándares, evaluaciones y culturas escolares que priorizan el monolingüismo.

Aquí es donde surge el fenómeno del control lingüístico: una presión invisible que empuja a los profesores, a menudo sin querer, a actuar como guardianes de la única lengua legítima en la escuela.

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La diferencia entre etapas educativas es particularmente significativa. En primaria suele haber más flexibilidad: estrategias de traducción, mediación entre iguales o actividades en las que las familias participan utilizando su propia lengua. Los docentes asumen cada vez más un papel de apoyo.

En la escuela secundaria, sin embargo, el sistema se vuelve más rígido. El peso del currículo y la evaluación convierte al lenguaje en un filtro invisible. Las lenguas maternas están desapareciendo del espacio educativo justo cuando los adolescentes construyen su identidad.

Esta barrera ayuda a comprender la proporción de abandono escolar prematuro entre los jóvenes de origen inmigrante. No se trata sólo de dificultades lingüísticas, sino de estudiantes que sienten que para encajar tienen que dejar de lado una parte esencial de quiénes son.

Intégrate sin renunciar a tu identidad

Nadie cuestiona que aprender español es necesario para participar plenamente en la sociedad. El problema surge cuando la integración significa renunciar a la propia identidad. Las consecuencias son reales: menor participación, sentimiento de no pertenencia y desvinculación progresiva de la escuela.

Algunos centros ya están explorando diferentes vías: bibliotecas con libros multilingües, actividades donde los estudiantes comparten palabras de su propio idioma o proyectos donde las familias participan contando historias en su lengua materna.

Se trata de iniciativas pequeñas, pero poderosas, porque cambian el mensaje institucional: su lenguaje también tiene valor aquí. La educación multilingüe, como nos recuerdan las Naciones Unidas, es clave para un aprendizaje inclusivo y de calidad.

Los estudiantes sin duda deben aprender el idioma de instrucción de cada país. Pero la pregunta es cómo queremos que lo haga: que se sienta menos o que se sienta parte de ello. Y esa decisión, aunque a veces pasa desapercibida durante cada vacaciones, puede cambiar por completo la experiencia escolar de miles de niños y niñas.


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