Durante años, la alfabetización mediática se ha considerado una habilidad básica para funcionar en un entorno digital. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, contrastar información o detectar contenidos engañosos.
Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema de la información se ha transformado y las competencias mencionadas no son suficientes.
Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente reconocibles, producidos por emisoras reconocibles y bajo una lógica editorial más o menos transparente. Hoy, esa relación ha cambiado fundamentalmente. Los usuarios cada vez más no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.
¿Por qué ChatGPT responde a lo que responde?
Por ejemplo, hace unos años una persona que quisiera aprender sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en diferentes medios digitales, consultar artículos científicos o comparar opiniones de expertos. El pensamiento crítico consistió en evaluar quién produjo la información, desde qué medio se distribuyó y con qué intención.
Hoy, ese mismo usuario puede preguntar directamente a ChatGPT u otro sistema de IA: “¿Son seguras las vacunas?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?”. o “¿Qué dieta es mejor para mí?” En unos segundos obtendrás una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces se desconoce qué fuentes ha utilizado el sistema, qué información ha priorizado, qué datos ha omitido o qué sesgos pueden afectar la respuesta generada.
La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se centraba principalmente en el contenido; ahora tiene que ocuparse del sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que una mayor dependencia de los sistemas de inteligencia artificial puede cambiar la forma en que las personas evalúan la información y toman decisiones, especialmente en áreas sensibles como la salud y el bienestar.
Uso acrítico de la IA
Sabemos que el uso de la inteligencia artificial mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de manera coherente y creíble.
Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando la dinámica de acceso a la información, creando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gestión del conocimiento.
Comprender la mediación algorítmica
La inteligencia artificial no sólo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es pequeño. Representa una transición de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que el lugar central lo ocupa la mediación algorítmica. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de la producción de conocimiento más opaca para los usuarios.
Por tanto, la comprensión de los sistemas algorítmicos es tan relevante como la evaluación de contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en el campo de la inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.
¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?
Esta alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata sólo de aprender a escribir mejores instrucciones u obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué limitaciones tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.
En términos prácticos, una persona con conocimientos de IA debería poder comprender, al menos de manera básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel juegan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden ocurrir sesgos o errores y cómo la automatización afecta la forma en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.
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Nuevas competencias críticas
Esto incluye el desarrollo de nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por la IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar demasiado el pensamiento a sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan” sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.
En este momento existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Si bien se espera que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar habilidades de alfabetización mediática e informacional, tal como lo promueven organizaciones como la UNESCO y marcos educativos relacionados con la competencia digital, no siempre están equipados con las herramientas para comprender los procesos a través de los cuales se genera este contenido.
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Cómo se construye el conocimiento
Lo que está en juego ya no es sólo la competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.
Los individuos pueden creer que están tomando decisiones plenamente informadas cuando en realidad dependen de sistemas cuya lógica interna desconocen. Esto afecta no sólo la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en áreas como la salud, la política o la comunicación pública.
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Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debe comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse en diferentes etapas educativas y programas de formación ciudadana, no sólo en campos tecnológicos, sino también en temas relacionados con la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.
La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan una comprensión crítica de cómo funcionan estas tecnologías, especialmente en áreas sensibles como la salud, la información política o la educación.
La responsabilidad no recae sólo en el sistema educativo. Los gobiernos, las universidades, los medios de comunicación, las plataformas tecnológicas y las organizaciones internacionales también tienen un papel clave que desempeñar en el desarrollo de ciudadanos capaces de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de lo que vemos, pensamos y creemos saber, comprender cómo funcionan ya no es una competencia especializada y se ha convertido en una necesidad democrática.
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