Hace tiempo que los videojuegos dejaron de ser un simple hobby para convertirse en una industria cultural muy poderosa, donde millones de jugadores se comunican, compiten y comparten experiencias. Pero detrás de cada juego, de cada logro desbloqueado o de cada compra dentro del juego, hay algo más: nuestros datos personales.
Desde los nombres de usuario hasta el comportamiento en el juego, pasando por la ubicación o los hábitos de gasto, la industria de los videojuegos recopila, analiza y, en ocasiones, comparte información con terceros que puede ser muy confidencial.
Un ecosistema con muchos actores y responsabilidades
El tratamiento de datos personales en los videojuegos afecta a un ecosistema amplio y diverso: cada actor tiene un rol diferente, desde proveedores de hardware (fabricantes de consolas, tarjetas gráficas o periféricos específicos de juegos) o de tecnología de desarrollo (bibliotecas, middleware -middleware para la gestión de datos-, kits de desarrollo de software, interfaces de programación de aplicaciones, motores de distribución, APIs, que en ocasiones distribuyen paquetes de códigos, financiación de paquetes de códigos). ellos “producen” juegos.
También se incluyen aquí las tiendas, plataformas de distribución en línea donde los jugadores compran o descargan juegos. Actúan como intermediarios entre los editores, las plataformas de hardware y los consumidores finales.
Cada uno de estos actores tiene la obligación de cumplir con la normativa de protección de datos, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) en el caso de la Unión Europea. Sin embargo, la complejidad del sector y las relaciones entre los distintos actores involucrados, más la globalización de los servicios, hacen que no siempre sea fácil garantizar que todos los eslabones de la cadena actúen con la debida responsabilidad.
¿Qué se hace con los datos personales?
No todos los juegos procesan los mismos datos personales con la misma finalidad ni de la misma forma. No es lo mismo un juego offline para un jugador, como un clásico juego de rol de consola, que un juego multijugador masivo online (MMO) o un juego online free-to-play. En el primer caso, es posible que los únicos datos guardados sean los del progreso del juego y que también se guarden localmente en el dispositivo. Sin embargo, en los juegos online, especialmente aquellos con modelos de negocio basados en microtransacciones o publicidad, el volumen y variedad de datos personales recopilados crece exponencialmente.
Su tratamiento incluye numerosas actividades, pero hay tres básicas que se repiten en casi todos los casos. El primero es crear y mantener una cuenta. Para acceder a la mayoría de los juegos en línea, es necesario crear una cuenta, lo que implica proporcionar detalles como un correo electrónico, un nombre de usuario o, en algunos casos, información de pago. Estos datos se utilizan para identificar al usuario, gestionar su perfil y permitirle acceder a su progreso desde diferentes dispositivos.
Lo malo es que no todos los juegos son transparentes sobre qué datos recopilan durante el registro y con qué finalidad. Algunos solicitan permisos excesivos, como acceso a la lista de contactos de su teléfono o a su ubicación en segundo plano.
Objetivo: seguir al jugador.
Otra actividad común es la telemetría, es decir, recopilar datos sobre el uso del juego en tiempo real. Esto incluye todo, desde monitoreo técnico (como el rendimiento del dispositivo o errores de software) hasta datos de comportamiento (como acciones de los jugadores, tiempo de juego o interacciones sociales).
Este seguimiento puede tener diferentes finalidades: equilibrar la dificultad, diseñar niveles más atractivos, ofrecer recompensas y misiones adaptadas a las preferencias de cada jugador, etc.
El problema surge cuando el tratamiento de datos excede de lo necesario o proporcionado, o cuando no se informa claramente al usuario al respecto. Por ejemplo, algunos juegos recopilan datos biométricos (como la frecuencia cardíaca o los neurodatos a través de dispositivos portátiles) sin que el usuario sea consciente de las implicaciones de compartir esta información.
Del mismo modo, en los modelos gratuitos, la telemetría puede ayudar a identificar a los jugadores con más probabilidades de realizar compras dentro del juego (conocidos como “ballenas”). Esto le permite dirigirse a ellos con ofertas específicas e incluso explotar sus vulnerabilidades o sesgos.
Información obtenida mientras juegas.
Los datos del jugador también se registran para sacar inferencias de comportamiento. A través de técnicas de análisis predictivo, a menudo basadas en inteligencia artificial, diversos actores del ecosistema pueden sacar conclusiones sobre los jugadores que van más allá de los datos explícitos que han proporcionado.
Por ejemplo, un juego puede clasificar a los usuarios según su habilidad, personalidad o estado emocional y utilizar esos perfiles para personalizar la experiencia o mejorar la participación. Pero también para venderlos a terceros.
Para que te hagas una idea, se puede inferir que un usuario es menor de edad en función de su patrón de juego o de las compras que realiza, incluso si ha proporcionado una fecha de nacimiento falsa.
O puedes descubrir que alguien tiene tendencias adictivas y, en lugar de advertirle, utilizar esa información para mantenerlo enganchado con recompensas variables (un mecanismo similar al de las máquinas tragamonedas).
Amenazas: qué puede salir mal
Como puede verse, el tratamiento de datos personales en este contexto no está exento de riesgos. Para empezar, los juegos online son un objetivo frecuente de ciberataques. Si un adversario logra acceder a las bases de datos de la plataforma, puede robar información sensible, como contraseñas, direcciones de correo electrónico, detalles de pago o datos biométricos.
Pero hay muchas otras amenazas que probablemente no sean tan obvias. Uno de ellos es la conectividad. Aunque muchos juegos evitan el uso de identificadores explícitos o directos, existen datos como la dirección IP o el comportamiento en el juego (por ejemplo, un patrón de juego único, como el estilo de movimiento o el ritmo de disparo) que pueden ser suficientes, solos o mediante una combinación de patrones, para vincular diferentes sesiones de juego, cuentas o transacciones a la misma persona.
Esto es especialmente preocupante porque se puede obtener un perfil para cada jugador. Esto se puede utilizar como una huella digital única e intransferible para rastrear o rastrear en el juego o en otros entornos digitales.
La vinculación también puede facilitar la identificación, de modo que se conozca la verdadera identidad del jugador. Por lo tanto, el docking (divulgación pública de información privada) es un riesgo real en las comunidades de juego. Datos como nombres de usuario, direcciones IP o conversaciones de chat pueden filtrarse o utilizarse para acosar, extorsionar o discriminar a un individuo. Así, en los juegos multijugador, donde la interacción social es crucial, exponer información personal puede tener consecuencias graves, como robo de identidad o riesgo para la integridad física.
Datos incorrectos y patrones de diseño contagiosos
Por otro lado, los datos recogidos en los juegos y las conclusiones que se extraen de ellos no siempre son correctos o exactos. Por ejemplo, un juego puede clasificar erróneamente a un usuario como “adictivo” basándose en patrones de juego atípicos (como largas sesiones de fin de semana, por ejemplo). O como “trampa”, después de recopilar información sobre determinados eventos. Estos errores no solo afectan la experiencia del usuario, sino que pueden tener consecuencias legales si se toman decisiones automatizadas (como prohibir jugadores) basadas en datos o conclusiones incorrectas, tanto dentro como fuera del juego.
Asimismo, se debe tener en cuenta el engaño o manipulación mediante el uso de ciertos patrones de diseño en interfaces o mecánicas de juego específicas, como sistemas cosméticos -para modificar la apariencia de un personaje-, skins -una apariencia visual alternativa- o personalización del avatar. Estas amenazas pueden llevar a los jugadores a tomar decisiones que de otro modo evitarían, explotando su vulnerabilidad psicológica y sus sesgos cognitivos.
De manera similar, muchos juegos están diseñados para maximizar el tiempo de juego, la recopilación de datos personales o el gasto (por ejemplo, mediante cajas de botín o pases de batalla). Esto puede tener un mayor impacto en los más jóvenes, llevándolos a realizar compras no autorizadas o desarrollar adicciones.
¿Qué se puede hacer?
Si bien la obligación recae en los responsables de los distintos tratamientos de datos personales, las personas que juegan también pueden tomar medidas para proteger sus derechos:
Lea la política de privacidad y la información proporcionada. Aunque a veces pueden ser largos y complejos, es importante comprender qué datos personales se procesan y por qué. Si algo no nos convence, por favor considera no utilizar el servicio. Seamos críticos: ¿realmente tenemos que conectar el juego a nuestras redes sociales? ¿O activar ese chat de voz?
Ajusta tu configuración de privacidad. Muchos juegos y plataformas le permiten limitar la recopilación de datos o desactivar ciertas funciones de telemetría e inferencia. Repasemos estas opciones cuando empecemos a jugar y elijamos las que mejor se adapten a nuestras preferencias.
Utilice contraseñas seguras y autenticación de dos pasos. Esto reducirá el riesgo de que nuestra cuenta sea “secuestrada” y robada nuestra identidad.
Ojo con los datos que compartimos. Es mejor no proporcionar información confidencial (como dirección física, detalles de pago, datos biométricos) a menos que sea absolutamente necesario. Nuevamente revisemos la información que se nos ofrece, no “aceptemos” ciegamente.
Educación y sensibilización. Podemos hablar con otros jugadores, especialmente los más jóvenes, sobre la importancia de la privacidad y los riesgos asociados al uso de videojuegos. También es útil leer las recomendaciones de las autoridades de protección de datos u otras instituciones de confianza (educación, sector sanitario, comunidades de jugadores profesionales, etc.).
Los jugadores son conscientes de sus derechos
Los videojuegos son una forma de entretenimiento, arte y socialización que ha transformado la cultura moderna. Pero, como en cualquier otro ámbito digital, el uso de datos personales conlleva riesgos que no deben subestimarse. La industria tiene una responsabilidad proactiva para garantizar que estos datos sean tratados de forma ética, transparente y, obviamente, conforme a la ley.
Los jugadores, por su parte, deben ser conscientes de sus derechos y tomar medidas para proteger su privacidad. El objetivo no es demonizar el tratamiento de datos personales, sino garantizar que se realiza de forma que permita al sector desarrollar su actividad económica y su innovación, proporcionando al mismo tiempo a los jugadores una excelente experiencia de juego sin comprometer sus derechos fundamentales. Y tú, ¿has comprobado alguna vez qué datos recopila tu juego favorito?
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