En invierno, el despertador nos obliga a abandonar el cobijo de las cálidas sábanas. En verano ocurre lo contrario: retrasamos el sueño porque la cama parece retener el calor del día. Al fin y al cabo, en las noches tropicales, cada vez más frecuentes, la temperatura mínima no baja de los 20 ºC.
Cuando las sábanas se “queman”, encendemos el ventilador o el aire acondicionado. Pero el sueño frío desperdicia energía. Para que nos hagamos una idea, un aparato que consuma una media de 1,2 kilovatios/h (3.000 frigorías) durante ocho horas consumiría 9,6 kilovatios: unos 1,54 euros por noche y 46,08 euros al mes, suponiendo un precio de 0,16 euros por kilovatio/h. Un ventilador de 50 vatios costaría alrededor de 0,12 euros al mes, lo que supone una importante reducción de costes, pero en realidad no reduce la temperatura de la habitación.
Son cifras orientativas, porque el consumo real depende del equipamiento, de la vivienda y del precio de la electricidad.
Aire acondicionado y consumo de energía.
El impacto no acaba con la factura ni afecta por igual a todos los hogares. Las noches tropicales son cada vez más comunes en el Mediterráneo y un mayor uso del aire acondicionado podría incrementar el consumo global de energía en un 72%. Si esa energía proviene de combustibles fósiles, enfriar nuestros hogares alimenta el mismo calentamiento que hace necesario enfriarlos.
La buena noticia es que podemos recurrir a otras fuentes de energía. En un nuevo estudio realizado en Andalucía, demostramos que estas noches se producen más temprano en zonas costeras densamente pobladas y grandes núcleos urbanos del interior, y que en muchos de estos lugares existe un alto potencial energético derivado de los residuos de biomasa para cubrir la creciente demanda de aire acondicionado. Por tanto, el problema y su posible solución coinciden en el espacio.
Dos realidades superpuestas
Nuestra investigación comenzó con la pregunta: ¿Podemos identificar dónde llegará primero la presión energética asociada a las noches tropicales y ver si hay una fuente renovable que pueda ayudar a cubrirla?
Hemos analizado 3.194 localidades habitadas de Andalucía y calculado cuándo se producirá la primera noche tropical en 2023. Si llega antes, puede alargar la temporada de noches tropicales y por tanto la necesidad de refrigeración. Combinamos esta información con imágenes térmicas nocturnas de satélite y con estimaciones municipales del potencial energético de la biomasa restante.
La primera noche tropical llegó antes a las zonas costeras y, entre las grandes ciudades del interior, a Sevilla y Córdoba. Los espacios urbanos con vegetación y agua se asociaron con un retraso en su aparición.
El resultado más sorprendente fue que las áreas con mayor potencial energético de biomasa también tendían a experimentar su primera noche tropical antes, con una tasa estimada de ocurrencia temprana 2,4 veces mayor. Es decir, lugares con mayor potencial de necesidad de refrigeración coinciden con zonas de alto potencial energético procedente de residuos.
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Residuos para generar frío y calor.
La poda de olivo, los huesos de aceituna o las cáscaras de nueces son ejemplos de biomasa que se genera como residuo en Andalucía. Su energía puede transformarse en electricidad para alimentar equipos de refrigeración o utilizarse térmicamente en sistemas de aire acondicionado frío y caliente. La idea no es puramente teórica. En la Universidad Morris de Minnesota (EE.UU.), los residuos de la cosecha de maíz alimentan un sistema de biomasa que produce calefacción y refrigeración.
Andalucía parte desde una posición destacada. Los últimos datos de la Agencia Andaluza de la Energía muestran que cuenta con 17 instalaciones de producción de electricidad a partir de biomasa con una capacidad total de 274 megavatios. Sin embargo, esta cifra se ha mantenido estancada desde 2019, mientras que la capacidad fotovoltaica ha aumentado de 1.808,2 MW en 2019 a 11.695,6 MW en 2025.
La biomasa también mantiene una fuerte tradición relacionada con la industria del aceite de oliva, la calefacción y el agua caliente sanitaria. La pregunta es: ¿planeamos su uso con la creciente demanda de refrigeración durante las noches tropicales?
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La transición energética no puede depender únicamente de unas pocas tecnologías, como la fotovoltaica. Andalucía también tiene un alto potencial energético en sus residuos agrícolas, forestales, ganaderos, industriales y urbanos.
Nuestro estudio muestra que parte de ese potencial se concentra donde las noches tropicales llegan antes y la demanda de enfriamiento puede prolongarse. Esto convierte a la biomasa residual en un actor principal en la transición energética.
Utilizar los residuos que ya generamos para generar electricidad nos permitiría diversificar nuestra oferta de fuentes de energía renovables, reduciendo la presión actual para que el territorio sea ocupado por infraestructuras fotovoltaicas. Además, en comparación con la energía solar o la eólica, la biomasa se puede almacenar y gestionar con mayor flexibilidad. La clave es planificar su uso según la disponibilidad de recursos, la logística, la sostenibilidad y la capacidad de la red.
La producción de energía es sólo la mitad de la respuesta. Nuestro estudio también mostró que la presencia de vegetación y agua se asoció con una reducción del 17% en la tasa de ocurrencia diaria de la primera noche tropical. Necesitamos producir energía de otras maneras, pero también diseñar ciudades que necesiten menos energía para enfriarse.
Si las sábanas se “queman” durante las noches tropicales, parte de la energía que necesitamos para dormir más frescos se puede encontrar en los desechos que ya generamos. Sólo necesitamos explotar más su potencial.
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