Melodía de cariño, Gotas de lluvia o Felices para siempre: ¿cómo salir del laberinto de la fragmentación política en el Perú?

ANASTACIO ALEGRIA
10 Lectura mínima

El panorama de los resultados preliminares en Perú, con la encuesta avanzando hacia los tres cuartos de minuto, confirma la sospecha que ha rondado toda la campaña: estamos ante un déjà vu institucional que está agravando las heridas de 2021.

Con un récord histórico de 35 candidatos presidenciales, los votantes peruanos se han visto obligados a navegar en un océano de acrónimos y personalismos vacíos, donde la deliberación informada ha sido reemplazada por el ruido electoral. Los resultados esperados de la primera vuelta confirman lo que las encuestas ya sugerían: un sistema político sin partidos fuertes, difícil de predecir y que funciona como un sistema caótico.

Al momento de escribir estas líneas, 48 ​​horas después del fin de semana, apenas se ha contabilizado el 75% de los votos. Keiko Fujimori lidera con un 17%, seguida por Rafael López Aliaga con un 13%, ambos de derecha. Detrás, en una secuencia indistinguible, aparecen Jorge Nieto, de centro izquierda (12%); Roberto Sánchez Palomino, izquierdista vinculado al expresidente Pedro Castillo (10%); Ricardo Belmont (10%); Carlos Álvarez Loiza (8%) y Alfonso López Chow (8%). Siete candidatos en nueve puntos porcentuales.

En el otro extremo de la línea están 28 candidatos presidenciales, que comparten alrededor del 20 por ciento del electorado. El histórico APRA (Alianza Revolucionaria del Pueblo Americano) apenas logró alcanzar el 1%, mientras 14 candidatos y sus partidos obtuvieron tantos votos que no alcanzaron el 0,5%.

“New Kids on the Block”: juegos de temporada

Perú es un caso emblemático de hiperfragmentación partidista. Los datos históricos revelan un patrón preocupante en América Latina: tres veces más partidos políticos surgen en años electorales o preelectorales que en períodos de calma institucional. Esta proliferación no es una respuesta a la vitalidad democrática, sino a una estrategia oportunista alimentada por el calendario electoral.

Haciendo referencia a una banda estadounidense de los años 80 y 90 cuyo nombre traducido al español era “New Kids in the Neighborhood”, estos New Kids on the Block son esencialmente plataformas de campaña efímeras o fiestas flash que carecen de arraigo ideológico y solidez organizacional.

En la investigación peruana vemos como ejemplo al comediante Carlos Álvarez Loiza (Tierra para Todos), quien aprovechó este fenómeno presentándose como un outsider que “viene del exterior” para ganarse los votos de sectores descontentos.

La lista de nombres de partidos parece más una lista de música popular que de arquitectura institucional: Patrón de Fiestas de Richard Belmont, Tierra para Todos Loaiz, Juntos por el Perú, Nueva Nación u otras como Melodías de Amor, Gotas de Lluvia, Magia de Encuentros, Aroma de Confianza, Tela Otra vez, Mapa de Vida, Relajación de la Vida. o Felices para siempre.

No nombran ideologías: provocan sensaciones. La dinámica se ve facilitada por la ciberpolítica, donde el uso de las redes sociales permite a candidatos desconocidos articular rápidamente un apoyo masivo, pero con estructuras de maletín que difícilmente garantizan la gobernabilidad.

Mariposas peruanas con envergadura impredecible

“Es más fácil predecir las trayectorias del doble péndulo que los resultados de las elecciones peruanas”, comentó mi colega mexicano Arturo García-Portillo, un consultor político experimentado. La metáfora del péndulo es ilustrativa porque, a diferencia de un péndulo simple y generalmente predecible, un péndulo doble exhibe un comportamiento caótico: pequeñas diferencias en las condiciones iniciales crean trayectorias radicalmente diferentes.

El famoso “efecto mariposa”, el parpadeo de un acontecimiento menor (llámelo un debate, un escándalo o un vídeo viral) puede tener consecuencias finales desproporcionadas. Y esto no se debe a que el votante sea irracional, sino a que opera en un entorno de hiperfragmentación que multiplica las variables y reduce la capacidad de predicción.

Cada candidato adicional no sólo añade una opción, sino que introduce nuevas interacciones, nuevas transferencias potenciales de votos, nuevas trayectorias posibles.

Incluso el acto mismo de votar parecía ajustarse a esta lógica caótica. A la lentitud del conteo se sumó que en Lima quince colegios electorales quedaron inoperativos por falta de material electoral, por lo que casi 66.000 ciudadanos, distribuidos en 211 mesas, no pudieron ejercer su derecho.

La decisión del juez electoral fue extraordinaria y controvertida: ampliar la jornada 24 horas y permitir que esos electores voten al día siguiente. Elecciones que, de hecho, se dividieron en dos etapas. Un escenario difícil de imaginar en sistemas más institucionalizados: los ciudadanos votan cuando los resultados ya son mayoritariamente conocidos.

El tiempo electoral ya no era simultáneo. Esto cambió el principio básico de la competencia democrática y dañó la reputación institucional del juez electoral.

el menos malo

Está prevista una segunda vuelta para el 7 de junio, cuando Keiko se enfrentará al conservador López Aliago, alias “Porky”, un empresario que fue alcalde de Lima con un éxito moderado. ¿Será esta la oportunidad de Keiko Fujimori en su cuarto intento?

Entre ambos candidatos suman 30 puntos cada uno, lo que indica que 7 de cada 10 peruanos no votaron por ninguno de los dos en la primera vuelta. Exactamente lo mismo que pasó en 2021.

Hay suficiente espacio para negociaciones y alianzas, pero en un escenario de tal inestabilidad, dos más dos rara vez suman cuatro en matemáticas electorales. Ningún candidato puede garantizar la lealtad de sus votantes después de haberlos apoyado en la segunda vuelta.

Un análisis de las redes sociales preelectoral mostró que si bien Keiko Fujimori lideraba en intención de voto, tenía un rechazo digital cercano al 46,96 por ciento, mientras que López Aliaga tenía un rechazo del 27 por ciento. Es decir, Keiko lidera la contienda, pero también capitaliza el rechazo. Su presencia en la segunda vuelta redefine las elecciones como un dilema. Una vez más, como ocurrió en 2021, el país se organizará en torno al “mal menor”.

Para que no vuelva a pasar

Si Perú aspira a romper este ciclo de inestabilidad, donde el parlamento termina siendo un mosaico de 10 o 15 facciones incapaces de apoyar al presidente o garantizar un mínimo de gobierno, es necesario repensar las reglas del juego electoral. La fragmentación del sistema de partidos es una dimensión directamente relacionada con la forma en que compite.

Reducir el número de partidos políticos a través de medios regulatorios es posible, dependiendo de los criterios de representatividad y bases electorales regionales. Otra sugerencia para el futuro sería avanzar hacia un sistema de votación por orden de prioridad o “votación suplementaria”. En ese sentido, sería relativamente fácil cambiar ligeramente el sistema electoral.

Funciona así. Si ningún candidato recibe más del 50% de los votos de primera opción, todos los candidatos excepto los dos primeros son eliminados y se suman sus votos de segunda opción. Curiosamente, Perú ya aplica el voto preferencial a niveles legislativos, pero lo omite donde más se necesita: en las elecciones presidenciales para garantizar una mayor aceptabilidad del presidente.

Resultados oficiales al 75%. Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

El sistema se puede implementar muy fácilmente en la práctica mediante métodos de conteo automatizados o semiautomáticos. Como gran ventaja, se evita la segunda vuelta electoral y la polarización artificial de la sociedad. Según esta lógica, el elector no elige una opción, sino que ordena sus preferencias (primera, segunda, tercera opción). Esto cambiaría radicalmente los incentivos para la comunicación política. Básicamente, encarece la agresión: atacar brutalmente al oponente se vuelve irracional, porque el candidato necesita ser la segunda o tercera opción entre los seguidores de su rival para poder ganar.

Por otro lado, el método recompensa la moderación: obligaría a los actores a reconocer que el electorado no está dividido en bloques monolíticos, sino más bien en una constelación de preferencias superpuestas. Esto también reduciría la polarización de la segunda vuelta: agregar preferencias desde el principio evita la confrontación binaria del odio y recompensa el consenso.

Mientras el sistema premie el ruido, el Perú no elegirá sus mejores opciones, sino las más duras.


Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo