Desde que los comandos estadounidenses derrocaron con éxito a Nicolás Maduro del poder en Venezuela el 3 de enero de 2026, ha aumentado la especulación de que “Cuba podría ser la siguiente” en la lista de objetivos de la administración Trump.
“Vamos a apoderarnos de Cuba casi de inmediato”, reflexionó el presidente Donald Trump durante un discurso el 1 de mayo en Florida. “En el camino de regreso de Irán, tendremos… al USS Abraham Lincoln pasando por Cuba, se detendrá a unos 100 metros de la costa y dirá: ‘Muchas gracias, nos rendiremos’.
Es difícil decir si tales comentarios son sólo exageraciones. Mientras la Casa Blanca intenta obligar a las autoridades cubanas a realizar concesiones políticas y económicas acordadas con un embargo petrolero de facto desde enero, Trump también se ha sentido frustrado con la capacidad del gobierno cubano para resistir meses de presión sostenida de Estados Unidos.
Eso no ha impedido que muchos cubanos y cubanoamericanos predigan con entusiasmo el éxito de una operación militar o insistan en que dicha acción estadounidense es necesaria.
¿Su herramienta preferida? No planes de batalla ni manifiestos políticos, sino inteligencia artificial. Durante semanas, las redes sociales cubanas y los grupos de WhatsApp han estado llenos de fantasías de salón sobre la liberación del régimen comunista creadas utilizando herramientas como Midjourney, DALL-E, Runway y ChatGPT. En algunos vídeos e imágenes, la nación insular es representada como un cautivo o un niño liberado por un protector estadounidense. En otros, paisajes urbanos mágicamente renovados presentan estatuas y retratos erigidos en honor de Trump, reemplazando la iconografía revolucionaria.
Es fácil descartar este tipo de animaciones como troleo en línea. Pero como historiador cubano, noté algo inquietante cuando mi colega Jorge Damián de la Paz me envió una selección de estas ilustraciones y carretes digitales. Su lenguaje visual recuerda inquietantemente a las clásicas caricaturas políticas estadounidenses durante la última guerra de independencia de Cuba contra España a finales del siglo XIX. Esas imágenes justificaron la intromisión estadounidense en los asuntos cubanos durante décadas.
Lleno de historia
Durante la década de 1890, los ilustradores estadounidenses en publicaciones como Puck, Judge y Harper’s Weekly describieron de manera similar a Cuba como una víctima feminizada: débil, vulnerable, a menudo abusada racialmente e incapaz de asegurar su propia libertad. Se imaginaban a ciudadanos tropicales agradecidos celebrando a los futuros libertadores estadounidenses por derrotar a sus amos españoles y llevar los beneficios de la “civilización” a la vida caribeña.
Semejantes tropos no eran inocentes. Ayudaron a crear el consenso cultural que legitimó la intervención estadounidense en la Guerra de Cuba de 1898, conocida por la mayoría de los estadounidenses como la Guerra Hispanoamericana. También dieron forma al orden de posguerra de Cuba: cuatro años de ocupación militar estadounidense, una enmienda impuesta a la primera constitución de Cuba que autorizaba futuras acciones militares estadounidenses para preservar la estabilidad y décadas de dependencia política y económica de Estados Unidos.
Al considerar a héroes de la independencia como José Martí, muchos cubanos empezaron a resentirse por esta relación asimétrica con el Norte, incluso cuando se enamoraron de los productos de consumo y el entretenimiento cultural importados de Estados Unidos. Especialmente en las décadas de 1930 y 1940, todos los principales movimientos políticos de la isla buscaron, como mínimo, equilibrar el grado de influencia estadounidense en la vida cubana. Su fracaso en hacerlo fue parte de lo que lanzó al poder la revolución nacionalista radical de Fidel Castro en 1959.
Curso inverso
Pero hoy, las encuestas formales e informales sugieren que un número significativo de cubanos y cubanoamericanos parecen dispuestos a acoger con agrado, o al menos tolerar, la intervención explícita de Estados Unidos que la mayoría de sus antepasados rechazaron.
La expresión de estos puntos de vista generada por la IA no parece provenir sólo de acérrimos exiliados anticomunistas en el sur de Florida. Los comentarios y publicaciones sugieren que están resonando entre los cubanos que viven en la isla, muchos de los cuales están desesperados por “algo, cualquier cosa” para poner fin a los cada vez más graves apagones, escasez y parálisis social que hacen que la vida cotidiana parezca un purgatorio.
Si una operación militar estadounidense es la única manera de escapar, me dijo un amigo en La Habana, “que sea rápido”, que termine rápido.
Lo que tiene de especial la IA es que le da a este fatalismo un vocabulario visual arraigado en las actitudes imperiales de la década de 1890. Esto tiene sentido si se considera cómo funciona la tecnología: los sistemas de IA generativa se entrenan en vastos archivos de fotografías históricas y otros materiales, a menudo centrados en Estados Unidos. Reproducen fácilmente los viejos prejuicios culturales y políticos que se ven en estos repositorios digitales.
Como resultado, los generadores de imágenes y videos parecen estar escupiendo discursos estadounidenses del siglo XIX a los usuarios cubanos del siglo XXI. Las versiones más extremas de la imagen incluso reviven una idea latente desde hace más de un siglo: la anexión total de la isla como estado estadounidense. Al hacerlo, la IA proporciona combustible narrativo para los esfuerzos de la administración Trump por retroceder el tiempo a una era en la que Washington condescendía en tratar a América Latina como su “patio trasero”.
Privación y desesperación
La profundidad de la situación actual de Cuba ayuda a explicar por qué estas imágenes se están volviendo virales.
Mucho antes de que la administración Trump cortara el suministro de petróleo, los cubanos sufrían la peor crisis económica, política y social en tres décadas. Los esfuerzos fallidos de reforma interna, la represión de la disidencia y la migración masiva han erosionado profundamente la fe en el liderazgo y las instituciones del Partido Comunista de Cuba en los últimos años. Esto es especialmente cierto porque la economía turística de la isla se vio duramente afectada por el COVID-19 y las protestas masivas en 2021 sacudieron a más de 50 pueblos y ciudades.
Por supuesto, muchos cubanos en Cuba todavía culpan al prolongado régimen de sanciones estadounidenses y a las adiciones sin precedentes de Trump por muchos de sus problemas. No todo el mundo está dispuesto a aceptar el cambio a cualquier precio.
Pero la defensa de la soberanía nacional por parte de los funcionarios cubanos frente a las crecientes amenazas estadounidenses es cada vez más vacía. Cuba no ha celebrado elecciones verdaderamente competitivas durante casi 80 años y ha estado gobernada por un Estado de partido único durante 65 años. En estas circunstancias, la independencia política no depende del consentimiento de los gobernados. También es difícil para un país hacer valer su soberanía cuando su economía depende en gran medida de patrocinadores extranjeros. como Rusia, China, Venezuela (hasta enero) e incluso Estados Unidos. A pesar del embargo, los cubanoamericanos envían cientos de millones de dólares anualmente en remesas, alimentos, medicinas y otros bienes.
Seducción de la salvación
Sin embargo, incluso si las fantasías de rescate son comprensibles, deberían ser profundamente preocupantes para cualquiera que se preocupe por el futuro de Cuba.
El peligro que plantean las imágenes de la inteligencia artificial no es sólo que normalicen la idea de una intervención militar estadounidense que podría costar vidas cubanas. Es que reemplazan la imaginación cívica más profunda con espectáculo y clickbait.
AI ofrece visiones de liberación sin que los cubanos tengan que lidiar con los dilemas mucho más difíciles que implicaría cualquier verdadera transición. Esas preguntas incluyen cómo restaurar las instituciones, restaurar la confianza, enfrentar la desigualdad, reconstruir la economía, lograr la reconciliación y negociar visiones políticas contrapuestas después de décadas de polarización y autoritarismo.
La desesperación prolongada, unida a la obstinada negativa de las autoridades a abrir los sistemas políticos y económicos de la isla, ha reducido los horizontes políticos de algunos cubanos hasta el punto de renunciar a su propia salvación en lugar de visualizarla desde abajo hacia arriba.
Las próximas semanas podrían determinar si las fantasías digitales se convertirán en políticas concretas o seguirán siendo ilusiones. Pero una cosa es segura: las imágenes de IA de la intervención militar estadounidense en Cuba revelan que muchos cubanos y cubanoamericanos han renunciado a definir el cambio en términos cubanos. Esa elección podría significar la diferencia entre una Cuba que una vez más se convierte en un estado cliente de Estados Unidos y una en la que los cubanos asuman nuevamente propiedad del futuro de su nación.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


