Nos gusta pensar que decidimos por nosotros mismos. Para elegir qué ver, qué comprar, qué reseñar. Que somos, después de todo, sujetos autónomos que nos movemos a través de un espacio abierto de posibilidades. Pero ese panorama comienza a resquebrajarse cuando observamos más de cerca cómo funcionan los entornos digitales en los que pasamos gran parte de nuestra vida diaria.
La sociología nos recuerda desde hace mucho tiempo que la libertad nunca funciona en el vacío. Como afirmó el sociólogo francés Pierre Bourdieu, nuestras decisiones siempre están guiadas por estructuras previas que limitan lo que consideramos posible. Hoy en día, estas estructuras no son sólo sociales: también son algorítmicas.
Internet no nos quita la capacidad de tomar decisiones, hace algo más sofisticado: configura el marco en el que decidimos.
1. Elegimos lo que vemos, pero no lo que aparece
Cuando abrimos una red social o realizamos una búsqueda, no accedemos a “todo lo que hay”, sino a la selección anterior. Un filtro invisible ha decidido previamente qué es lo que merece nuestra atención. No sentimos que esto limite nuestra libertad porque seguimos eligiendo, sino que lo hacemos dentro de un menú ya configurado.
Ahí es donde el poder se vuelve sutil, casi imperceptible. Como sugirió Michel Foucault, no hay necesidad de imponer una conducta si se puede organizar el campo de lo posible.
2. Creemos que algo es importante porque se nos pone delante muchas veces
Hay preguntas que parecen inevitables. Están en todas partes: en titulares, en vídeos, en conversaciones digitales. Poco a poco empiezan a ocupar más espacio en nuestra mente. Esto no es una coincidencia, sino el resultado de procesos de selección que deciden qué circula y qué cae.
Como explicó Niklas Luhmann, los sistemas sociales funcionan reduciendo la complejidad. Internet hace esto simplificando el mundo hasta convertirlo en lo que aparece en la pantalla.
Lo que no aparece simplemente deja de existir para nosotros.
3. Nos formamos opiniones en entornos que ya están sesgados.
Muchas veces creemos que nuestras opiniones son fruto de una reflexión personal. Pero lo cierto es que solemos construirlos en espacios donde ciertas ideas ya están reforzadas.
Leemos, escuchamos y miramos contenido que apunta en direcciones similares. Con el tiempo, esto crea la sensación de que “todo el mundo piensa así”.
Es hegemonía en el sentido que le dio el intelectual y filósofo italiano Antonio Gramsci: no hay necesidad de obligar a nadie a pensar algo si algunas ideas pueden parecer las más razonables, las más obvias, las más normales.
4. Nos sentimos de una determinada manera porque nuestro entorno nos obliga a hacerlo
Internet no sólo organiza información: también organiza emociones.
Hay contenidos que circulan más porque causan indignación; otros porque producen miedo; y otros porque fortalecen identidades o pertenencias. Sin darnos cuenta, nos movemos emocionalmente dentro de esos marcos. Nos indignamos cuando llega el momento de estar furiosos, nos enojamos cuando llega el momento de alarmarnos, e Internet lo sabe porque conoce nuestros gustos.
En el sentido de la profesora estadounidense de sociología Arlie Russell Hochschild, podríamos decir que existe una especie de “guía emocional” implícita que orienta cómo debemos sentirnos en cada momento.
5. Compramos lo que creemos que queremos, pero ese deseo ya era el esperado
Las recomendaciones parecen adaptarse a nuestros gustos. Y en parte lo son, pero también les dan forma. Después de ver ciertas cosas, nos interesamos por cosas similares. Poco a poco, nuestras preferencias se vuelven más predecibles… y más dirigidas.
Aquí, la clásica intuición de Karl Marx se cumple en la versión digital: el sistema no sólo responde a las necesidades, sino que también las produce.
No elegimos simplemente lo que queremos. Al final, queremos lo que parece disponible.
6. Pensamos rápido, pero cada vez pensamos menos profundamente.
La lógica de Internet premia la velocidad. Respuestas rápidas, contenido breve, explicaciones sencillas. Esto facilita el acceso, pero tiene un costo: pérdida de matices, suspenso y elaboración.
Como advirtió el sociólogo y filósofo estadounidense Herbert Marcuse, el riesgo de una sociedad altamente funcional es reducir el pensamiento a una dimensión: inmediata, útil, obvia. Pensar poco a poco empieza a parecer un lujo innecesario.
7. Hablamos como la plataforma nos permite hablar
No sólo está cambiando lo que decimos, sino también cómo lo decimos.
Los formatos digitales (memes, hashtags, frases cortas) condicionan el tipo de lenguaje que utilizamos. Y con eso el tipo de ideas que podemos expresar.
Porque, como señaló Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son también los límites del pensamiento.
Si el lenguaje se reduce, también lo hace nuestra capacidad de imaginar otras formas de ver el mundo.
8. Y, lo más importante: todo esto nos parece bastante normal.
Quizás lo más preocupante no sea ninguna de las formas mencionadas en particular, sino el hecho de que ninguna de ellas ya nos resulta problemática.
No sentimos que algo nos condicione, ni percibimos una pérdida de autonomía, ni detectamos una imposición. Simplemente vivimos así.
Esto es lo que los filósofos Theodore V. Adorno y Max Horkheimer identificaron como una de las formas más efectivas de dominación: aquello que no se reconoce como tal.
Una última pregunta que es difícil de evitar.
Si todo lo que ves, lo que te interesa, lo que te entusiasma, lo que quieres (e incluso cómo lo llamas) ocurre en entornos previamente organizados por otros, ¿qué parte de tu vida seguiría siendo reconocible como “tuya” si de repente te dejaran fuera de esos entornos?
Y, lo que es aún más inquietante: si no puedes responder con claridad, ¿todavía estás decidiéndote o simplemente te estás adaptando a decisiones que alguien (o algo) ya tomó por ti?
Puedes llevarte esta pregunta a la cama. Pero ojo: hay preguntas que, una vez que las pensamos, nunca más nos dan la misma vida. Porque algunas preguntas funcionan como la pastilla roja de Matrix: no nos dan respuestas, nos hacen ver lo que ya no podemos dejar de ver.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


