Dilema en la economía venezolana: ¿dolarizar o devolver la autonomía al banco central?

ANASTACIO ALEGRIA
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Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026, aparecieron en Venezuela expectativas optimistas sobre su economía, como si una fuerza poderosa la transformara y la devolviera a lo que era hace décadas, de lo que, según algunos, nunca debería haber partido.

¿En qué se basan esas esperanzas? Las repercusiones de los cambios políticos y económicos de estos meses son tan incompletas que no está claro si conducirán a una senda sostenible de desarrollo y bienestar.

A esto se suma la incertidumbre que generan las propuestas para introducir legalmente la dolarización de la economía del país. Este artículo se centra en las implicaciones de esta opción, argumentando que el camino hacia una estabilidad macroeconómica efectiva pasa por establecer una independencia confiable para el Banco Central de Venezuela (BCV).

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De la inflación y la hiperinflación

Uno de los argumentos a favor de la dolarización es la existencia de períodos de alta inflación: la característica más destacada de la economía venezolana durante varias décadas.

De hecho, la variación mensual promedio del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Venezuela no solo se mantuvo por encima del 2%, sino que escaló a un promedio superior al 11%, llevando incluso a una hiperinflación entre diciembre de 2017 y enero de 2021, con un promedio mensual del 58%. Aunque su crecimiento se ha desacelerado desde entonces, el promedio actual (11,6%) sigue siendo muy alto en comparación con los niveles hacia los que ha tendido la inflación promedio mundial.

La tendencia alcista del coeficiente de variación (CV) de la inflación intermensual promedio también refleja el alto nivel de volatilidad del IPC. Esta tendencia sugiere que cualquier intento de las autoridades monetarias de reducir la inflación fue sólo temporal.

El coeficiente de variación (CV) citado mide la volatilidad mensual de la inflación. Un CV bajo indica que la inflación mensual es constante y predecible. Alta, que la inflación mensual fluctúa mucho, con meses de crecimiento muy alto y crecimientos menores en otros.

Además: ¿Qué factores explican la hiperinflación de Venezuela?

Dolarización, ¿sí o no?

Ahora que se propone la dolarización para Venezuela, las preguntas importantes son:

Reconocimiento de que una de las fuentes relevantes de inflación está relacionada con la insostenibilidad de los déficits fiscales (cuando los ingresos por impuestos y otras fuentes son menores que los gastos públicos durante un año) y su financiamiento por parte del BCV.

Desconocimiento de que otros países latinoamericanos con la misma experiencia, como Perú y Brasil, lograron controlar la inflación sin dolarizar su economía (Banco Mundial, 2024). Sobre todo teniendo en cuenta que en Venezuela tanto la inflación como la depreciación del tipo de cambio continúan tendencias al alza.

Pero, más importante aún, la propuesta de dolarización es la posible causa de la persistencia de las autoridades económicas venezolanas en ignorar que en países donde se han fijado metas de inflación lograron reducirla a tasas compatibles con un crecimiento económico sostenible y la mejora del bienestar social de la población.

¿Por qué oponerse a la política de dolarización y de metas de inflación? ¿Es viable la autonomía del banco central para otras naciones pero no para Venezuela? ¿Cómo se puede aceptar tal premisa? La dolarización puede ofrecer una solución a corto plazo para contener la alta inflación. Pero a largo plazo, se convierte en una camisa de fuerza que conlleva costos y riesgos persistentes.

Lo que es peor, no sólo deja sin resolver los problemas básicos de la economía, sino que, al vincular la economía nacional a una moneda extranjera, implica una renuncia irreversible a la posibilidad de establecer la propia política económica.

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¿Qué necesita cambiar?

En un país cuya economía se ha contraído significativamente desde principios del siglo XXI, estos costos y riesgos pueden mitigarse adoptando una política de metas de inflación. Esto requiere restaurar la independencia del Banco Central de Venezuela en la toma de decisiones y formulación de política monetaria, sin injerencias políticas.

Los cambios legales para lograr esto no deberían tomar mucho tiempo, ya que la autonomía y la independencia del BCV han sido un mandato constitucional desde 1999. Además, con el alivio de las sanciones estadounidenses que han estado ocurriendo desde principios de año, la reforma de la Ley del BCV podría acelerarse, como sucedió con la reciente adopción de la Ley Orgánica y las reformas a la Ley Hidroeléctrica.

La implementación de estos cambios permitiría a Venezuela pasar de una economía pequeña y distorsionada a una impulsada por los incentivos apropiados para impulsar un crecimiento sostenible y equitativo.

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Impuestos mejorados

Para mejorar la gestión de la institución monetaria, además de la restitución legal de su autonomía, sería necesario restablecer otras regulaciones fiscales que estaban debilitadas y abandonadas.

Estas regulaciones incluyen el restablecimiento de límites razonables a la deuda pública, la coordinación de la planificación monetaria y fiscal de largo plazo prevista en la Constitución, la implementación de un fondo de estabilización macroeconómica (una entidad de ahorro soberana para acumular recursos en períodos de altos ingresos que contrarresten la volatilidad del sistema tributario petrolero) y estabilizar automáticamente la reforma del sistema tributario petrolero.

Un estabilizador fiscal automático mitiga los efectos de las fluctuaciones cíclicas de la economía sin intervención directa del gobierno. Por ejemplo, los impuestos progresivos, como el impuesto a la renta, significan que durante los períodos de expansión económica la recaudación de impuestos aumenta, fortaleciendo la capacidad de ahorro del fisco. En períodos de contracción económica, estos ahorros permiten a los gobiernos financiar políticas destinadas a contrarrestar su impacto negativo sobre la demanda agregada. De esta manera, se mitiga el ciclo contractivo del PIB, porque el consumo familiar disminuye menos que el PIB.

Restaurar la confianza y la credibilidad

La implementación de los cambios propuestos, que permitirían instalar mecanismos de estabilización automática, erradicar el dominio fiscal (que reduce la posibilidad de controlar la inflación) y eliminar la rigidez del gasto público asociada al rentismo (fenómeno estructural por el cual una parte del presupuesto se asigna a grupos de interés que buscan asegurar su beneficio), podría restaurar el beneficio propio para lograr la política fi, cuestión tan necesaria para el desarrollo eficiente del mercado y de las actividades productivas.

Si bien lograr estos objetivos requiere consenso político, esto no debería ser difícil de lograr dado que la inflación siempre es un mal negocio para todos los sectores sociales, económicos y políticos.


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