¿Qué imaginas cuando piensas en un espacio natural protegido? Tal vez una remota selva tropical, una alta cadena montañosa o un arrecife de coral repleto de vida. Pero más allá de las plantas y los animales, ¿tu visión incluye a los humanos?
Sería comprensible que respondiera que no. La mayor parte de la cobertura mediática sobre la naturaleza ignora a las personas. De hecho, muchas de las áreas que se han protegido y conservado hasta ahora, además de tener una gran biodiversidad, están ubicadas en lugares remotos y con poca población. Algunas de estas zonas incluso excluyen activamente la presencia humana.
Sin embargo, las personas son clave para la conservación. Los seres humanos conviven, utilizan y gestionan la biodiversidad en casi todo el planeta. Y esta relación será cada vez más importante, como demostramos en un nuevo estudio.
Objetivo para 2030: salvar el 30% del planeta
En 2022, 196 países acordaron bajo los auspicios de las Naciones Unidas el ambicioso objetivo de conservar el 30% del planeta antes de 2030. Conocido como el “objetivo 30×30”, su implementación supondrá casi duplicar la superficie global bajo áreas protegidas y conservadas. Y esto implica que la conservación se extenderá a las zonas terrestres y marinas pobladas donde la gente utiliza la naturaleza.
Esto plantea preguntas importantes sobre el contexto social de las futuras áreas protegidas: cuántas personas viven allí, cuáles son sus niveles de vida y cómo se ganan la vida con la tierra. Esta información es fundamental para comprender en qué medida estas personas podrían verse afectadas, para bien o para mal, por la expansión de la conservación asociada con la meta 30×30. También es crucial para la conservación en el campo. Y, sin embargo, hasta ahora sabíamos muy poco sobre estas dimensiones sociales de la meta 30×30.
En un nuevo estudio, publicado en Nature Communications, consideramos tres formas diferentes de lograr una cobertura del 30% a nivel mundial, lo que refleja diferentes prioridades de conservación. Junto con un grupo internacional diverso de profesionales e investigadores de múltiples disciplinas (incluidas las ciencias de la conservación y la ecología política), descubrimos grandes diferencias en las condiciones sociales entre diferentes escenarios para la implementación del objetivo 30×30.
Personas en nuevas áreas protegidas
En términos de población, un enfoque que priorice la protección de las áreas con mayor biodiversidad no protegida involucraría directamente a más de 3.500 millones de personas que viven dentro o dentro de un radio de 10 kilómetros de nuevas áreas protegidas. Esto representa el 46% de la población mundial.
En cambio, un enfoque centrado en territorios de biodiversidad gestionados por pueblos indígenas y comunidades locales implicaría directamente a unos 300 millones de personas. Eso podría verse mejor. Sin embargo, muchas de estas personas viven en áreas con niveles más bajos de desarrollo y dependen de la naturaleza para su sustento, lo que las hace particularmente vulnerables a los cambios en el acceso a los recursos naturales.
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El objetivo 30×30 también tiene implicaciones para la producción mundial de alimentos. En algunos de los escenarios que analizamos, aproximadamente la mitad de las áreas identificadas para la conservación se superponen con tierras cultivables utilizadas para la producción agrícola. En otros casos, las áreas coinciden con grandes áreas utilizadas para el pastoreo, incluidas áreas donde se practica el pastoreo tradicional. Esto plantea preguntas sobre cómo equilibrar la conservación con la creciente demanda de alimentos.
Agricultura de pequeña escala en el cráter del Volcán Pululahua, en la Reserva Geobotánica de Pululahua, Ecuador. Javier Fajardo, CC BI-NC-ND Implicaciones sociales de la Meta 30×30
Nuestros resultados muestran que, independientemente de dónde se implemente, la meta 30×30 tendrá profundas implicaciones sociales y ambientales. Por esta razón, la forma en que se implemente será crucial para determinar el impacto sobre las personas y la naturaleza.
Existe una amplia variedad de opciones de gestión y gobernanza para las áreas naturales protegidas, desde parques nacionales estrictamente administrados por el gobierno (como los icónicos Serengeti o Yellowstone) hasta áreas de propiedad y gestión local donde las personas viven y utilizan la naturaleza de manera sostenible. La meta 30×30 también incluye lugares que no son áreas formalmente protegidas, pero donde las prácticas existentes de gestión de la tierra y el mar favorecen la conservación.
Las decisiones que se tomen en cada lugar afectarán cómo la conservación afecta a las personas, de manera positiva, negativa o una combinación de ambas. A nivel local, las áreas protegidas y conservadas brindan medios de vida, recursos y oportunidades económicas, mientras que sus beneficios globales incluyen el apoyo a los sistemas alimentarios o la regulación del clima.
Pero a veces también pueden generar costos sociales, como los resultantes del acceso restringido a la tierra y los recursos, el aumento de los conflictos con la vida silvestre o, en casos extremos, la expulsión de comunidades de sus territorios ancestrales. Uno de los grandes retos de conservar el 30% del planeta será conseguir que el modelo de conservación elegido para cada lugar se ajuste a su contexto social. Los resultados de nuestro estudio pueden ayudar a tomar esas decisiones.

Niños en una canoa en la Laguna de Limoncocha, Reserva Biológica de Limoncocha, Ecuador. Javier Fajardo, CC BI-NC-ND También el objetivo del desarrollo social
La formulación del objetivo 30×30 no se centra únicamente en el porcentaje del planeta que debemos salvar. También incluye importantes elementos sociales. Afirma que su implementación debe respetar los derechos y territorios de los pueblos indígenas y las comunidades locales, y apoyar el uso sostenible de la biodiversidad cuando sea compatible con los objetivos de conservación. Por lo tanto, si se implementa plenamente, el objetivo debería traducirse en beneficios tanto para los seres humanos como para la naturaleza.
En resumen, el objetivo 30×30 no se limita a la conservación de la biodiversidad. Nuestros resultados sugieren que también debería reconocerse como un objetivo muy ambicioso de desarrollo social. Esto requiere un cambio de enfoque y nuevas inversiones significativas en programas sociales junto con actividades de conservación tradicionales.
Este objetivo podría representar un gran avance tanto para la conservación como para la sociedad, pero sólo si las personas son parte del plan.
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