En todo el mundo, la gente observó con asombro la misión Artemis II de la NASA mientras los humanos regresaban a la órbita lunar por primera vez desde 1972.
Como médico e investigador de medicina espacial, observé con curiosidad la vida en la nave espacial Orion, donde cuatro astronautas trabajaban, comían, hacían ejercicio y mantenían la higiene personal en una pequeña cápsula.
Las preguntas pasaron por mi mente: ¿Es este entorno de vida confinado psicológicamente sostenible si las misiones futuras duran varios meses? ¿Qué pasa si hay una emergencia médica durante el apagón de comunicación de 40 minutos cuando Orión pasa detrás de la cara oculta de la luna?
Mi investigación anterior destacó cómo el entorno espacial en sí puede ser incapacitante y prácticamente todos los sistemas del cuerpo humano se ven afectados por los vuelos espaciales extremos.
Mientras la humanidad se prepara para su próxima misión a la Luna y, eventualmente, a Marte, debemos considerar cómo evolucionar la prestación de atención médica más allá de la Tierra.
Necesitamos sistemas médicos en el espacio profundo que sean autosostenibles, livianos, robustos y funcionales con un mantenimiento mínimo o dependencia del soporte terrestre.
Radiación cósmica
Durante los vuelos espaciales, los astronautas pueden experimentar pérdida ósea, atrofia muscular, cambios oculares y visuales, disfunción inmunológica, cambios de líquidos y un mayor riesgo de trombosis, entre muchos otros problemas.
El espacio profundo complica aún más estos desafíos debido tanto a la distancia como al entorno extremo. La radiación sigue siendo una preocupación importante incluso en la órbita terrestre baja, donde opera la Estación Espacial Internacional. Las misiones más allá de la Tierra expondrían a los astronautas a niveles significativamente más altos de radiación cósmica altamente ionizante.
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Dicha exposición puede aumentar el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y lesiones del sistema nervioso central. Nuevas pruebas ponen en duda si los riñones pueden tolerar un viaje prolongado al espacio profundo hasta Marte.
Esto tiene serias implicaciones a largo plazo para la salud de los astronautas y el éxito de la misión.
La NASA está investigando la producción de fluidos intravenosos de grado médico a partir del suministro de agua potable del rover, ya que las fechas de vencimiento de los fluidos intravenosos disponibles comercialmente son más cortas que la duración prevista de una misión en la superficie de Marte. (NASA) Evacuación imposible
La creciente distancia de la Tierra cambia fundamentalmente la forma en que se puede brindar atención médica en el espacio. Los retrasos en las comunicaciones eliminan la capacidad de depender de la guía instantánea desde la Tierra.
Por ejemplo, un mensaje enviado entre Marte y la Tierra puede tardar unos 20 minutos, lo que imposibilita la consulta en tiempo real durante las emergencias.
Además, las distancias más largas limitan gravemente las oportunidades de reabastecimiento. Los equipos médicos, los medicamentos y los consumibles pueden caducar, degradarse o simplemente desaparecer con el tiempo, hasta que ya no exista la posibilidad de una evacuación rápida o una salida de órbita médica.
A principios de este año, el equipo SpaceX Crew-11 fue evacuado de la Estación Espacial Internacional (ISS) después de que el astronauta Mike Finke experimentara una pérdida inexplicable del habla durante 20 minutos. Esta fue la primera evacuación médica de la estación espacial en 25 años.

Miembros de SpaceX Crew-11 en el vestíbulo entre la nave espacial tripulada SpaceX Dragon y el módulo Harmony de la Estación Espacial Internacional un día antes de ser evacuados médicamente en paracaídas frente a la costa de San Diego, California. (NASA)
¿Qué pasaría si tal evento ocurriera en una base lunar o durante un tránsito a Marte, donde la evacuación inmediata podría no ser factible? Una emergencia neurológica, cardiovascular u otra emergencia médica importante lejos de la Tierra podría dejar a los astronautas a su suerte.
Por lo tanto, la pregunta es si estamos preparados para evolucionar la prestación de atención médica y la capacidad de mantener la salud humana, más allá de la Tierra.
Tecnologías de ejercicio
Un área clave implica garantizar una nutrición y ejercicio adecuados. Los investigadores ya están explorando formas de cultivar alimentos frescos y nutritivos en entornos extraterrestres extremos, incluidos los hábitats lunares y marcianos.
Más allá de la dieta, la elección de alimentos también puede desempeñar un papel psicológico y social importante para apoyar la moral, las rutinas y la cohesión de la tripulación durante el aislamiento, incluidos elementos como el jarabe de arce a bordo de Artemis II.
El ejercicio es igualmente fundamental para contrarrestar los efectos de los viajes espaciales sobre la densidad ósea y la masa muscular. El dispositivo de volante de arrastre compacto utilizado en el Artemis II, que supuestamente es capaz de generar una resistencia equivalente a aproximadamente 400 libras a pesar de ser del tamaño de una maleta de mano, parece particularmente prometedor.

Ubicación de la máquina de entrenamiento del volante dentro de la nave espacial Orion. (NASA)
Tecnologías de entrenamiento portátiles pero poderosas como éstas pueden llegar a ser esenciales para futuras bases lunares y misiones en el espacio profundo.
La vida sostenida en la Luna requerirá contramedidas de ejercicio cuidadosamente diseñadas para mantener la salud musculoesquelética y cardiovascular en un entorno de gravedad parcial extendido.
clínicas médicas móviles
Brindar atención médica en el espacio profundo tendrá que ser fundamentalmente diferente de los modelos tradicionales de medicina espacial, que han dependido del apoyo continuo de expertos médicos en la Tierra.
En cambio, los astronautas necesitarían una autonomía médica significativamente mayor, incluida la capacidad de evaluar, diagnosticar y gestionar problemas agudos y crónicos.

El astronauta de la NASA e ingeniero de vuelo Michael Hopkins analiza muestras de sangre. La posibilidad de realizar análisis de laboratorio dentro de la nave espacial será importante para fines clínicos y de investigación. (NASA)
Una base lunar o una misión a Marte requeriría que la tripulación tuviera acceso a una clínica médica móvil completa integrada en su nave espacial o hábitat. Una instalación de este tipo tendría capacidades diagnósticas y terapéuticas suficientes para resolver de forma independiente problemas de salud durante un largo período de tiempo.
Artemis II recordó al mundo que la humanidad puede volver a viajar al espacio profundo. El incidente médico con la tripulación de 11 personas nos recordó que la salud humana es primordial en todas las misiones espaciales. El éxito de estas misiones puede depender en última instancia no sólo de los avances en ingeniería, sino también de la protección y el mantenimiento exitosos de la salud humana a grandes distancias de la Tierra.
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