En los últimos meses, famosos futbolistas y otras figuras populares han causado polémica en las redes sociales al usar llamativas gafas con lentes amarillentos o naranjas. El “qué” de esta tendencia es la promesa de mejorar el sueño y el rendimiento al bloquear la luz azul. El “quién” son los influencers y las marcas de estilo de vida que han convertido el suplemento en una supuesta herramienta de salud.
Sin embargo, esta moda del llamado biohacking está ocurriendo ahora mismo en el mercado digital, donde la exageración a menudo triunfa sobre la evidencia científica. ¿Qué hay realmente detrás de estas afirmaciones? La respuesta corta es que en la mayoría de los casos se trata de un producto más cercano a la moda que a la ciencia.
Los ojos no sólo sirven para ver.
Para entender por qué estas gafas despiertan tanto interés hay que empezar explicando algo poco conocido: no todas las neuronas del ojo están acostumbradas a ver imágenes. Algunos tienen una función completamente diferente, que es indicarle al cerebro si es de día o de noche. Se llaman células ganglionares intrínsecamente fotosensibles (ipRGC) y contienen un pigmento especial llamado melanopsina, que reacciona a la luz azul. Su trabajo no es reconocer formas o colores, sino medir la intensidad de la luz en el ambiente.
Hay varios tipos y cada uno de ellos cumple una función vital: regular el sueño, mantener el estado de alerta o controlar el tamaño de las pupilas. Juntos actúan como sensores que sincronizan nuestro reloj biológico interno con el ciclo del sol.
Son, sin saberlo, las células que deciden cuándo tenemos sueño.
Por qué usar dispositivos por la noche no nos permite dormir
El interés por las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles ha crecido junto con la preocupación por los efectos de las pantallas en el sueño. Si eres de esas personas que consulta TikTok o Instagram en la cama antes de dormir, hay una explicación fisiológica clara: la luz de la pantalla activa estas células. Envía una señal equivocada al cerebro, diciéndole que todavía es de día. Nuestro cuerpo ha estado sincronizado con el sol durante millones de años, pero nuestros hábitos modernos han alterado esa coordinación.
Mientras estas neuronas permanecen activas, el cuerpo no activa los mecanismos naturales que inducen el sueño. Es decir: no podemos dormir porque nuestra biología cree que eso todavía no es posible. En este contraste, en nuestra necesidad de utilizar pantallas y deseo de descanso es donde han proliferado las mágicas soluciones comerciales.
El negocio de vender plástico a precio de oro
Y aquí tienes las famosas “gafas de fototerapia” por 200 euros. El argumento de las marcas es sencillo: si la luz azul es un problema, su producto actúa como un escudo. Sin embargo, gastar una fortuna en este tipo de accesorios significa comprar un objeto de diseño que carece por completo de las características técnicas necesarias para ser un dispositivo de salud.
Y la lira también: qué tener en cuenta a la hora de elegir unas buenas gafas de sol
Existe una gran diferencia entre los filtros de corte selectivo y los cristales tintados comercialmente. El primero es un dispositivo sanitario diseñado con precisión para bloquear determinadas longitudes de onda y proteger la retina de patologías reales, como la degeneración macular asociada a la edad o la retinitis pigmentosa. Por el contrario, las gafas promocionadas por influencers suelen ser de colores sencillos sobre plástico.
La diferencia no es sólo de precio. El filtro de corte selectivo, que se vende en algunas ópticas, se somete a rigurosas mediciones de laboratorio. Se ha verificado que bloquea exactamente lo que dice bloquear. Para conseguirlo, la lente incorpora en su propia masa moléculas llamadas cromóforos, compuestos orgánicos que absorben selectivamente la radiación según sus propiedades espectrales. La filtración, por tanto, no está en el barniz o pintura de la superficie que puede degradarse con el tiempo, sino que está integrada en el material.
Dependiendo del propósito, estos filtros tienen diferentes “puntos de corte”: a 400 nanómetros (billonésimas de metro, nm) bloquean toda la radiación ultravioleta; a 450 nm también eliminan el borde violeta del espectro visible; y a 500 nm atraviesan buena parte del azul. Cada incisión estará indicada para una patología diferente. Las gafas de moda no tienen ese control, y no es un detalle menor: usar gafas de mala calidad puede ser peor que no usar nada.
Porque la fotofobia, la migraña o los trastornos graves del sueño requieren diagnósticos realizados por profesionales de la salud, no soluciones estandarizadas que se venden como biohacking.
En resumen, el revuelo por las gafas de 200 euros es un ejemplo perfecto de cómo la promoción publicitaria puede derrotar temporalmente a la ciencia. Debemos recordar la idea clave: nuestro reloj biológico tiene ojos que regulan nuestras vidas de una manera mucho más sutil y compleja de lo que una marca de moda nos quiere hacer creer. Al final del día, la mejor manera de dormir bien es simplemente apagar la luz.
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