Durante casi 1.500 años, la ciencia, con honrosas excepciones, asumió que el universo estaba organizado alrededor del planeta Tierra. La razón, más allá del dogma, fue que el modelo geocéntrico funcionaba para explicar fenómenos naturales como los eclipses o las estaciones. Descubrimientos posteriores demostraron la inexactitud de este modelo y la necesidad de proponer otro.
Esto no es más que un ejemplo de que la ciencia no es un conjunto de verdades absolutas, sino una serie de modelos temporales que nos ayudan a comprender la naturaleza con las observaciones empíricas disponibles en cada momento.
Estos modelos derivan de lo que llamamos evidencia científica, que puede entenderse como datos, evidencias o resultados, obtenidos a través de la investigación, observación y experimentación, que apoyan o refutan una hipótesis.
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Evidencia en educación
Si bien el carácter tentativo del conocimiento científico afecta a todas las ciencias, la dimensión y alcance de la evidencia generada por la aplicación del método científico depende en gran medida del campo del conocimiento. Para evitar que la educación basada en evidencia se convierta en una moda más, es importante aprender a utilizarla.
A priori, debemos considerar dos cuestiones esenciales a la hora de interpretar los resultados de la investigación educativa: su probabilidad y su dependencia contextual.
En primer lugar, en el contexto de las ciencias sociales y, en particular, de la educación, la evidencia científica se enmarca en un enfoque probabilístico más que determinista. Esto significa que podemos determinar la probabilidad de que ocurra un fenómeno o relación, pero no confirmar categóricamente su ocurrencia en todos los casos.
Es una cuestión de probabilidad, no de certeza.
Por ejemplo, según indicadores del sistema educativo estatal en España (2023), el grado de afectación de la madre está relacionado con la probabilidad de que sus hijos e hijas abandonen los estudios. Según este informe, la probabilidad de abandono escolar prematuro es diez veces mayor entre los jóvenes cuyas madres tienen educación primaria o menos que entre aquellos cuyas madres tienen una educación vocacional superior.
Esto no significa que una niña cuya madre tiene educación primaria abandonará prematuramente el sistema educativo, sino que será más probable que lo haga. Es interesante detenerse en este ejemplo, porque también nos da una idea del carácter temporal de los resultados de las investigaciones que mencionamos anteriormente, porque, aunque este efecto todavía existe, se ha debilitado en los últimos años en comparación con décadas anteriores.
Dependencia del contexto
Además de su probabilidad, la evidencia educativa tiene otra característica clave: una fuerte dependencia del contexto. Así, no es posible establecer reglas generales más allá de las tendencias observadas en los estudios realizados: lo que ha demostrado funcionar en un contexto puede no funcionar en otro.
Por esta razón, al leer la evidencia científica en educación, es crucial comprender la descripción del contexto en el que se realiza la investigación para que podamos interpretar el alcance de la evidencia que genera.
Estudios primarios y metanálisis.
La investigación empírica en educación generalmente se recoge en lo que llamamos estudios básicos. Generalmente representan evidencia que, como dijimos anteriormente, se limita a un contexto específico. Por ejemplo, una investigación podrá realizarse con estudiantes universitarios y esto limitará el horizonte de aplicación de sus resultados a los estudiantes en esta etapa. Por tanto, no pudimos extrapolar las conclusiones de este estudio a estudiantes de etapas educativas anteriores.
Además de los estudios básicos, también se realizan trabajos de síntesis. Entre ellos, destacan los llamados estudios de metanálisis. Estos trabajos buscan la agregación de resultados obtenidos en investigaciones sobre un mismo tema. La idea es encontrar promedios de los efectos informados en los estudios primarios, y la consecuencia es aumentar la solidez de las conclusiones, ya que dependen de un conjunto de artículos, no solo de uno.
Este tipo de trabajo también permite la evaluación crítica de los estudios primarios. Por ejemplo, un metaanálisis del profesor Samuel Parra concluye que para obtener resultados generalizados sobre los efectos del método Montessori es necesario realizar estudios con mayor rigor metodológico que los publicados hasta el momento.
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Poniendo la evidencia en práctica
Hay una inversión deliberada cada vez mayor en la comunidad científica para producir estudios metaanalíticos como los discutidos anteriormente, que permiten la generación de evidencia sólida que los profesionales de la educación pueden tener en cuenta al diseñar la instrucción. Aunque hay muchos ejemplos, podríamos destacar los trabajos del profesor Samuel Parra o de la profesora Marta Ferrero.
Asimismo, cada vez más docentes de diferentes etapas se interesan por el uso de la evidencia en educación. Algunos ejemplos destacables son Albert Reverter, docente e impulsor del blog El McGuffin Educativo, o Héctor Ruiz Martín, que trabajan para tender puentes entre la evidencia científica y la práctica docente.
En resumen, en un contexto educativo cada vez más complejo, la educación basada en evidencia no se trata de buscar recetas universales, sino de tomar decisiones informadas, críticas y contextualizadas. La evidencia no reemplaza la evaluación docente profesional, pero puede hacerla más sólida.
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