Velas e incienso, cuando el supuesto “bienestar” contamina la casa

ANASTACIO ALEGRIA
7 Lectura mínima

Encender una vela aromática o quemar incienso suele asociarse con el bienestar, la calma o la espiritualidad. Sin embargo, desde el punto de vista de la química atmosférica, ambos gestos implican algo mucho menos idílico: introducir una fuente de combustión en la casa. Y esto no es recomendable por varios motivos.

Pasamos alrededor del 90% de nuestro tiempo en interiores, donde los contaminantes no se dispersan fácilmente y pueden alcanzar concentraciones más altas que las del exterior, incluso cuando el aire “parece” limpio.

¿Qué sucede realmente cuando encendemos una vela?

Cuando encendemos una vela, la mecha no es el combustible. Su función es transportar la cera fundida hasta la llama. Lo que realmente arde es la cera, que en la mayoría de velas comerciales es parafina, un derivado del petróleo -aunque también puede ser cera vegetal o de abejas-.

Este proceso de combustión nunca es completamente limpio. Además de dióxido de carbono y vapor de agua, se liberan partículas muy pequeñas (PM2,5 y ultrafinas) y una mezcla compleja de contaminantes gaseosos como monóxido de carbono, formaldehído, acetaldehído y compuestos orgánicos volátiles (COV).

En interiores mal ventilados, las concentraciones de estas partículas y gases pueden aumentar rápidamente, alcanzando valores comparables a los de ambientes urbanos con mala calidad del aire, especialmente cuando la combustión es inestable o la mecha es demasiado larga.

Incienso, fuente de emisión

El incienso se percibe a menudo como una alternativa “natural” a las velas aromáticas. Sin embargo, la evidencia científica muestra que su impacto en la calidad del aire interior es generalmente mayor y preocupante.

Durante la combustión, el incienso emite grandes cantidades de partículas finas y ultrafinas, así como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y numerosos COV aromáticos.

Un resultado particularmente relevante es que aproximadamente el 4,5% de la masa del incienso se convierte en partículas inhalables. Esto es aproximadamente cuatro veces más que un cigarrillo. Por tanto, el incienso es una de las principales fuentes de contaminación del aire interior en hogares para no fumadores.

No todas las partículas son iguales: potencial oxidativo

Durante años, el riesgo para la salud se evaluaba principalmente en función de la masa de partículas presentes en el aire. Hoy sabemos que no es suficiente. Un parámetro clave es el potencial oxidativo, que describe la capacidad de las partículas para dañar nuestros tejidos pulmonares.

Y también los kilos: Impacto de las partículas en la salud: no sólo importa el tamaño

Las partículas de incienso presentan constantemente un alto potencial oxidativo, comparable o incluso mayor que las partículas asociadas con el tráfico urbano.

Las velas también emiten partículas con actividad oxidativa, especialmente cuando son parafínicas, perfumadas o inestables. Sin embargo, su potencial oxidativo medio suele ser inferior al del incienso, lo que genera aerosoles más reactivos y con mayor capacidad de provocar estrés oxidativo respiratorio.

El papel del olfato: el aroma complica la química

El tipo de cera influye en las emisiones, pero no es el único factor. Los olores, tanto naturales como sintéticos, introducen nuevos compuestos en la mezcla del cóctel que se emite.

Durante la combustión, muchos perfumes liberan COV reactivos que pueden transformarse en otros contaminantes, como aldehídos (compuestos orgánicos volátiles irritantes formados por oxidación) y aerosoles orgánicos secundarios (partículas microscópicas creadas en el aire por reacciones químicas) que aumentan tanto la cantidad como la reactividad de los contaminantes en el aire.

Por lo tanto, una vela comercializada como “natural” puede dejar de serlo, desde el punto de vista de la química del aire, si tiene un aroma intenso.

Evidencia de efectos sobre la salud.

La exposición continua a los contaminantes emitidos por velas e incienso se asocia con irritación de las vías respiratorias, exacerbación del asma y reducción de la función pulmonar, especialmente en niños y personas con patologías respiratorias previas.

En regiones donde el uso del incienso es cotidiano y prolongado, diversos estudios epidemiológicos han encontrado una asociación con enfermedades respiratorias crónicas e incluso cáncer de pulmón, lo que aumenta la preocupación sobre este tipo de exposición doméstica.

¿Qué es peor para tu salud: una vela o incienso?

Si se comparan ambos en condiciones de uso similares, la evidencia converge: el incienso emite muchas más partículas con mayor potencial oxidativo, libera una mezcla de gases más compleja y reactiva y tiene mayor respaldo epidemiológico de efectos adversos.

Esto no quiere decir que las velas sean inofensivas, pero en términos generales, el incienso es una fuente más agresiva de contaminación del aire interior.

Una mejor respiración comienza con pequeños movimientos

En casa, a menudo juzgamos el aire por el olor o por lo que vemos. Si no huele mal y no hay humo visible, asumimos que está limpio. Sin embargo, la contaminación interior más relevante es invisible y se acumula poco a poco, sin previo aviso.

La química nos recuerda algo importante: el bienestar no quema ni huele, respira.

Por tanto, reducir la exposición no pasa por prohibiciones radicales, sino gestos informados y sostenibles. Usar velas encendidas y ambientadores de forma ocasional, limitar su duración, mantener las mechas con una llama corta y constante, una buena ventilación durante y después de su uso, priorizar las velas sin aroma y evitar el uso habitual de incienso en interiores son decisiones sencillas que marcan la diferencia.

Pequeños cambios diarios pueden reducir significativamente la cantidad de contaminantes que inhalamos. Porque cuidar el aire interior no es renunciar al confort, sino entender qué respiramos y cuándo vale la pena hacerlo.


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