Si los extraterrestres aterrizaran en la Tierra mañana, ¿qué comerían?

ANASTACIO ALEGRIA
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Con el estreno de Disclosure Day, la nueva película de extraterrestres de Steven Spielberg, vuelve a surgir una pregunta tan antigua como la ciencia ficción: si los extraterrestres llegaran a la Tierra, ¿vendrían a conquistarnos, a estudiarnos… o tal vez a comernos?

Aquí debemos comenzar con una palabra de precaución. No hay evidencia científica de que los extraterrestres hayan visitado la Tierra, y mucho menos información sobre lo que comen. La NASA afirma que no hay datos que respalden la afirmación de que los fenómenos anómalos no identificados (UAP) son tecnología extraterrestre, y el Departamento de Defensa de EE. UU. tampoco ha encontrado evidencia verificable de tecnología o actividad extraterrestre.

Pero el significado literal de “alienígena” es simplemente “fuera de la Tierra”. En ese sentido más amplio, los únicos extraterrestres cuya dieta conocemos son, por extraño que parezca, los humanos, especialmente los astronautas que pasan semanas o meses en el espacio. Si bien sus experiencias no nos dicen qué comería un extraterrestre, sí nos muestran que abandonar la Tierra cambia la forma en que comemos.

En microgravedad se altera el apetito, la percepción del gusto, la masa muscular, la salud ósea, la hidratación y el gasto energético. Incluso para nuestra propia especie, comer fuera del planeta significa ajustar la dieta, los nutrientes, las texturas, la conservación de los alimentos y el control metabólico.

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Por tanto, este artículo es un ejercicio puramente especulativo, aunque no absurdo. La biología nos permite hacer preguntas razonables, incluso sobre organismos imaginarios. ¿Qué tan pesados ​​son? ¿Se mueven mucho? ¿Mantienen una temperatura corporal constante? ¿Respiran oxígeno? ¿Tienen cerebros grandes? ¿Viven en una gravedad similar a la de la Tierra?

Incluso con esta información, no podemos adivinar en qué consiste la “dieta alienígena”. Pero sí podemos determinar las necesidades energéticas mínimas de un hipotético ser vivo.

OVNIs y calorías

La palabra “alienígena” no es una categoría biológica. En la cultura popular, van desde “pequeños hombres verdes” hasta seres reptiles, humanoides imponentes, criaturas luminosas e inteligencia mecánica e inorgánica. Pero estas clasificaciones pertenecen al folklore y la ficción OVNI, no a la zoología.

La ciencia, sin embargo, tiene las herramientas para evaluar el metabolismo de una criatura. En los animales terrestres, una pauta es que el gasto energético basal (la energía mínima que requiere un organismo en reposo para mantener funciones vitales) aumenta con la masa corporal, aunque no de forma proporcional.

Esto significa que un ratón gasta mucha energía por gramo de peso corporal, mientras que un elefante, a pesar de gastar mucha más energía en general, gasta mucha menos por gramo de su masa. En otras palabras, cuanto más grande es el organismo, más energía necesita, pero cada kilogramo de su cuerpo suele ser “más barato” en términos de consumo energético.

Aplicado a un ser vivo hipotético, esto nos permite hacer estimaciones aproximadas. Si imaginamos un organismo activo de sangre caliente cuyo funcionamiento básico es similar al de un mamífero o un pájaro, una criatura que pese unos 30 kilogramos podría necesitar unas 900 kilocalorías (kcal) al día sólo para descansar. Una criatura que pesa 70 kilogramos necesitaría alrededor de 1.700 kcal por día, similar a un ser humano adulto con una tasa metabólica basal. Y un extraterrestre de 150 kilogramos podría necesitar más de 3.000 kcal al día, incluso sin mucho movimiento.

Estos números sólo indican la energía mínima necesaria para mantener las funciones básicas: respirar, mantener la temperatura corporal, reparar tejidos, hacer circular líquidos y mantener activo el sistema nervioso. No tienen en cuenta el movimiento, el estrés, la reproducción, la termorregulación, la digestión, la actividad cerebral y cualquier otro comportamiento que normalmente tendría un visitante interplanetario.

Por lo tanto, un extraterrestre que caminara, corriera, cavara, volara o viajara medio planeta para secuestrar vacas necesitaría mucha más energía que su tasa metabólica basal. En ese caso, la pregunta ya no sería simplemente cuánto pesa, sino qué hace, cómo se mueve y cuánta energía necesita para sobrevivir en nuestro entorno.

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Bioenergía imaginaria

Desde este punto de partida, podemos observar el metabolismo de tres formas clásicas e imaginarias de vida extraterrestre:

Pequeño Hombre Verde o Gris: Con su cuerpo esbelto, cabeza grande y aparentemente poca masa muscular, este alienígena pesaría entre 25 y 40 kg. Si fuera un organismo activo, de sangre caliente y con un cerebro grande, su metabolismo basal estaría entre 800 y 1.100 kcal diarias.

Sin embargo, el trabajo cerebral es caro. En los seres humanos, el cerebro consume aproximadamente una quinta parte de su energía en reposo. Si estos humanoides grises o verdes tuvieran cerebros de gran tamaño, su dieta tendría que ser rica en energía y en suministro continuo, a menos que evolucionaran para tener mecanismos biológicos o soporte tecnológico altamente eficientes.

“Reptil”: Este es más difícil de calcular. Si fuera verdaderamente reptil en un sentido fisiológico, sería ectotérmico (o de sangre fría), lo que significa que no gastaría mucha energía para mantener una temperatura interna constante. En ese caso, una criatura de 100 kg podría necesitar menos alimento diario que un mamífero del mismo tamaño, siempre que viva en un lugar lo suficientemente cálido.

Sin embargo, si hubiera sido un depredador inteligente, bípedo, musculoso y activo, su gasto energético podría haberse elevado a niveles equiparables o superiores al del humano. Un reptil endotérmico de 150 kg puede necesitar 3.000 kcal diarias en reposo, y bastante más si realiza actividad física.

Un humanoide alto, que pese entre 80 y 100 kg, sería el escenario más fácil de imaginar. Si su fisiología fuera similar a la de un humano, requeriría entre 1.900 y 2.300 kcal diarias en reposo y entre 2.500 y 4.000 kcal durante la actividad. En una misión espacial también habría que considerar los trajes espaciales, las naves espaciales, la gravedad diferencial, la microbiota, la hidratación y la adaptación al estrés.

Una cuarta posibilidad es una entidad posbiológica: una inteligencia artificial, un organismo híbrido o un cuerpo sintético. En este caso, el “alimento” ya no estaría compuesto de proteínas, grasas o carbohidratos, sino de electricidad, calor, combustible químico o energía nuclear. Un robot alienígena no comería arroz ni pasta, simplemente necesitaría recargar sus baterías.

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Comida extraterrestre en la Tierra

Si el visitante extraterrestre se basa en carbono, agua y química similar a la de la Tierra, nuestro planeta les ofrece un buffet un tanto arriesgado. Hay agua líquida, además de sales, carbono orgánico, azúcares, grasas, aminoácidos y minerales, pero también posibles toxinas, patógenos, alérgenos y otras moléculas incompatibles.

Los alimentos terrestres no necesariamente serían comestibles para ellos. Las proteínas terrestres pueden no ser útiles si sus sistemas digestivos utilizan diferentes aminoácidos. Nuestros azúcares podrían resultar inútiles si su metabolismo no puede soportarlos. Nuestras bacterias pueden destruir la vida extraterrestre, o tal vez no infectarla en absoluto.

La última de estas posibilidades fue explorada por HG Wells en su novela de 1898 La guerra de los mundos, en la que los invasores marcianos son derrotados no por armas humanas sino por microorganismos terrestres contra los cuales no tienen defensas evolutivas.

En astrobiología, se cree generalmente que la vida requiere tres cosas: una fuente de energía, un medio líquido y los elementos químicos adecuados. Pero esto no significa que todos los seres vivos del universo compartan la misma dieta. En la Tierra, por ejemplo, el koala depende casi por completo del eucalipto, mientras que la vaca necesita una microbiota especial para digerir la celulosa de la hierba. La dieta no se trata sólo de energía: se trata de bioquímica, microbioma y evolución.

Entonces, si llegan extraterrestres, es posible que no estén buscando “alimento” humano sino materias primas: agua, nitrógeno, fósforo, hierro, sales, lípidos, biomasa microbiana o moléculas orgánicas simples. La imagen clásica de extraterrestres secuestrando ganado podría reinterpretarse especulativamente no como malicia cósmica, sino como muestra de alimentos. Desafortunadamente, a las vacas no les importa.

Nutrición alienígena

Este ejercicio nos recuerda que la nutrición no es sólo una lista de alimentos, sino la ciencia del intercambio de energía entre el organismo y el medio ambiente. La nutrición consiste en resolver una serie de problemas físicos: cómo obtener energía, desarrollar tejidos, eliminar desechos y evitar intoxicaciones.

Entre las personas, los dietistas y nutricionistas desempeñan un papel vital al convertir esa ciencia en consejos prácticos de salud: ajustar la ingesta de energía, proteínas, micronutrientes, hidratación y estilo de vida a las necesidades individuales. No consumimos “calorías” en abstracto: cada uno de nosotros come en el contexto de nuestra cultura, microbiota intestinal, condiciones de salud, edad, presupuesto e historia de vida.

Si alguna vez tuviéramos contacto con seres biológicos extraterrestres, no necesitaríamos sólo diplomáticos, lingüistas o ingenieros. También necesitaríamos expertos que pudieran descubrir qué moléculas toleran estas formas de vida, qué energía necesitan, qué las envenena, qué microorganismos transportan y qué recursos pueden utilizar sin destruir el ecosistema del planeta. En otras palabras, necesitaríamos nutricionistas extraterrestres.

Si los extraterrestres alguna vez llegan a nuestro planeta, es posible que no vengan a robar cosas, conquistarnos o descubrir secretos cósmicos. Podrían simplemente llegar a comer mejor, pero si realmente quisieran entender nuestra dieta, tendrían que aprender otra lección terrenal. Aquí, comer no se trata sólo de consumir energía: se trata de pasar tiempo juntos.


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