“No entiendo, no entiendo, estoy cansado”. Estas son frases que se escuchan a menudo de niños con dislexia, un trastorno del desarrollo que afecta su capacidad para leer.
Para alcanzar un nivel de lectura similar al de sus compañeros no disléxicos, estos niños necesitan más tiempo y más oportunidades para practicar la lectura. Esto significa que pueden verse atrapados en un círculo vicioso: tienen dificultades con la lectura, lo que les molesta. Como resultado, evitan leer y pierden los beneficios que un libro puede aportar.
La dislexia puede manifestarse de varias formas. A veces esto implica dificultad para reconocer palabras familiares que ya están almacenadas en el cerebro. Esto se conoce como dislexia superficial y suele caracterizarse por un ritmo de lectura más lento.
En otros casos, el síntoma más significativo es una lectura más lenta de palabras desconocidas o su confusión con otras. Esto se conoce como dislexia fonológica. Afecta al proceso de reconocer cada letra y asociarla con el sonido que representa, proceso conocido como ‘decodificación’. A las personas con este tipo de dislexia les cuesta mucho ampliar su vocabulario a través de la lectura.
Dislexia y comprensión lectora
Cuando leemos un texto, nuestro cerebro activa diferentes mecanismos. Esto incluye releer oraciones que no entendimos y derivar el significado de palabras desconocidas a partir del contexto. Sin embargo, estos mecanismos –y muchos otros– no pueden funcionar correctamente si el cerebro está sobrecargado con otros procesos, como la decodificación. Este es el caso de las personas con dislexia.
Podríamos comparar esto con los malabares. Si eres un malabarista experto, podrás hacer malabarismos con muchas bolas sin que se te caiga ni una sola. Pero tan pronto como te entreguen una pelota más grande que no puedes controlar, es posible que tengas que hacer malabarismos con pelotas más pequeñas para mantenerla en el aire.
Al eliminar la decodificación de la ecuación, le quitamos la “gran bola” al disléxico. Esto les permite disfrutar de otros beneficios generalmente más asociados con el texto escrito que con el lenguaje hablado, como escuchar oraciones más complejas o vocabulario nuevo.
Ventajas de los audiolibros
Cuando escuchamos un audiolibro, practicamos la comprensión auditiva sin tener que decodificarlo. En cambio, el esfuerzo mental se centra en comprender el idioma.
Sin la presión de decodificar símbolos escritos, las personas con dislexia pueden disfrutar más escuchando el texto y concentrarse en el contenido, lo que les ayuda a mejorar su vocabulario. Por tanto, el constante auge de los audiolibros podría suponer un gran apoyo para las personas con dislexia fonológica, ya que ofrecen una nueva forma de experimentar la lectura a través de la comprensión auditiva.
Los estudiantes con dislexia entienden mejor cuando el contenido se presenta a través de un sistema de audio o de texto a voz, especialmente cuando el objetivo es aprender el tema en lugar de evaluar la capacidad de lectura.
Además, la escucha activa puede ayudar a aumentar su confianza y motivación para leer. La lectura inmersiva, que implica leer el mismo texto mientras se escucha, puede hacer que el material de aprendizaje sea más fácil de entender y recordar.
Rompiendo el ciclo
Dado que los audiolibros ahora forman parte de nuestra vida diaria, deberíamos utilizarlos a nuestro favor. El beneficio más significativo que ofrecen es su potencial para romper el círculo vicioso que experimentan las personas con dislexia fonológica, reduciendo la ansiedad asociada con la lectura. Además, ayudan a mejorar la atención y la capacidad de escucha.
Leer en voz alta también puede resultar útil. Para un niño con dislexia, escuchar a un adulto o compañero de clase leer en voz alta le permite concentrarse en el contenido y el modelo de lectura.
Vale la pena señalar que aunque utilizamos tanto la memoria como la atención cuando leemos y escuchamos, no podemos decir que escuchar un libro sea exactamente lo mismo que leer. En un libro, un lector puede retroceder, releer y revisar un pasaje si no entendió una oración o palabra. En otras palabras, mantienen un enfoque activo hacia la comprensión.
Por el contrario, escuchar implica un enfoque más pasivo, que es menos útil para el aprendizaje.
Pero si bien no es exactamente lo mismo que leer un texto, escuchar historias puede aportar muchos beneficios sin asociar los libros con demasiado esfuerzo o una sensación de fracaso. Los audiolibros ofrecen una puerta de entrada accesible a la literatura para niños con dislexia, permitiéndoles disfrutarla sin las barreras que puede presentar el texto escrito.
El consenso actual es que los audiolibros son una herramienta de accesibilidad muy valiosa para las personas con dislexia. Facilitan el aprendizaje, la comprensión y el amor por la lectura, pero no sustituyen la intervención dirigida al desarrollo de las habilidades lectoras. Una combinación de enseñanza especializada, práctica de lectura y apoyo a través de audiolibros puede producir buenos resultados.
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