¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones cinematográficas literarias?

ANASTACIO ALEGRIA
8 Lectura mínima

En el último año hemos sido testigos del estreno de algunas adaptaciones cinematográficas literarias muy comentadas. Pensamos en películas como Hamnet, Los Miserables. Origen o Cumbres Borrascosas. También para series como Ghost House.

Cuando se produce la adaptación, la controversia está servida. Antes de su aparición, algunos lectores ya han dado su veredicto: “El libro es mejor. Los rituales comparativos también pertenecen al lado opuesto, aunque son más raros: “La película supera al libro.

Y seguirá sucediendo a lo largo de 2026. Estamos esperando estrenos como Odisea, Sentido y Sensibilidad o, una vez más, otra versión de Los Miserables.

¿Por qué los ajustes nos atraen y, al mismo tiempo, nos provocan tanta desconfianza? Muchas veces estamos predispuestos a la negación, pero aun así vamos al cine. La respuesta tiene menos que ver con la calidad objetiva de las películas y más con nuestras expectativas como lectores-espectadores (“lectores”).

El mito de la fidelidad

Debemos admitir que existe una obsesión por la fidelidad. El público valora las películas basándose en el “respeto” al libro. Entonces una adaptación funciona bien si reproduce las escenas, mantiene intactos los diálogos o configura a los personajes de la misma manera.

Este punto de partida, que también aceptan los críticos, se basa en una idea implícita de dependencia. El libro es un producto valioso y el cine es una versión empobrecida.

Consideremos las discusiones en torno a la figura de Heathcliff en Cumbres borrascosas. Esto surge de la elección de un actor blanco, Jacob Elordi, para interpretar a un personaje étnico (“gitano de piel oscura” en el libro). Pero… ¿la película intenta incidir en la marginación racial? ¿O tiene la intención de lograr algún otro objetivo?

Es cierto que, teóricamente, llamamos a las adaptaciones “objetos semióticos secundarios”. Sin embargo, la palabra secundario no significa “menos importante” o “condicional”.

Y liras también: Tráiler de la nueva ‘Cumbres Borrascosas’: un minuto y medio de pura polémica

Si la película Cumbres borrascosas causó malestar por sus transformaciones, ocurre lo contrario con Hamnet, donde la técnica del guión y la dirección recibieron elogios. Incorporar una trama lineal, dar mayor protagonismo a Shakespeare o gestionar la intensidad emocional se valoran favorablemente.

En ambos casos, las comparaciones se vuelven injustas: la literatura y el cine son artes diferentes que también utilizan lenguajes y técnicas diferentes. La búsqueda de la fidelidad absoluta no sólo es imposible, sino también conceptualmente errónea. Una adaptación “literal” sería, paradójicamente, una mala película.

El cine como lectura cultural

Las adaptaciones cinematográficas seleccionan la obra, reinterpretan su contenido y la adaptan al público receptor. Así, no sólo se restaura la historia del libro, sino que también se recontextualiza culturalmente.

La creatividad humana es hija de su tiempo. Se vuelve casi imposible hacer una película sobre los clásicos sin incluir, más o menos deliberadamente, los valores y estilos de vida del presente. “Un clásico es un libro que nunca deja de decir lo que tiene que decir”, escribió Italo Calvino.

La apariencia física de la protagonista de la última versión de La Sirenita fue motivo de críticas por parte de quienes afirmaban que la protagonista de la historia es blanca. disney

Más que no gustarnos, algunas adaptaciones nos incomodan. No para que publiquen un libro, sino para hacerla hablar en un registro diferente. Las adaptaciones pueden funcionar como un instrumento político que deconstruya los discursos que dan forma a nuestra forma de pensar.

En este sentido, recordemos las tensiones que rodearon la versión de La Sirenita protagonizada por Halle Bailey. Cuando se lanzó el tráiler, los espectadores puristas no simpatizaron con la transformación racial de la figura nórdica en la historia de Andersen. ¿Cambiarías de opinión sobre la puntuación si no se hubiera cambiado el color de piel del personaje?

Las adaptaciones son a la vez un espejo de la realidad y un termómetro cultural. De regreso a Cumbres Borrascosas y el casting de Jacob Elordi como Heathcliff. La adaptación ignora el trauma social y racial del siglo XIX. Su reinterpretación del contenido va por el camino de la atracción sexual tóxica, fatalista e incompatible a largo plazo. De ahí la elección de dos atractivos íconos, Elordi (Nate Jacobs en Euphoria) y Robbie (Barbie en la película homónima de 2023).

Por no hablar de otros temas reforzados en la película, como la imposición del embarazo, la falta de decisión autónoma o las rivalidades estructurales que impiden la sororidad.

Difusión y nuestro horizonte de expectativas

Dijimos que las adaptaciones son “objetos semióticos secundarios” porque implican la difusión de una herencia del pasado. En nuestro caso, también exigen un cambio de soporte: pasamos del libro a la pantalla.

Esta transformación motiva una competencia entre la imaginación de nuestros lectores y las propias imágenes de la película. Afecta, por tanto, a nuestro horizonte de expectativas.

¿Podrán los actores de Hollywood encarnar a los protagonistas griegos de Odiseo? Esta pregunta la hacen muchos espectadores que dudan de los papeles de Matt Damon como Odiseo o Zendaya como Atenea.

Otros tipos de expectativas participan en el conservadurismo ideológico. La perspectiva de que el actor trans Elliott Page interprete a Aquiles causó revuelo. Hay quienes llaman a la película La Voquisea, es decir, el despertar de la Odisea.

El horizonte de expectativas nos condiciona tanto que, en muchos casos, la adaptación a la obra exige que el espectador no reconozca el libro original. Como ejemplo, el éxito de Blade Runner (1982), que surge del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

¿Qué hacer con las adaptaciones?

La respuesta es sencilla: aprende a hablar con ellos. Comprobamos que los mirábamos con criterios equivocados. No se trata de pedirles que reemplacen el libro; Cuando requerimos su propia lectura, realmente los disfrutaremos.

Las adaptaciones no borran las novelas. Al contrario, los vuelven a leer y nos los traen. Nos invitan a explorar nuevas perspectivas y pensar de manera diferente. Y sirven, sobre todo, para explicar el pasado a través de las transformaciones del presente.

Ese es su logro: hacernos pensar, incomodar, decirnos que la historia se repite pero siempre con nuevos matices.

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