La memoria es una función esencial para nuestra supervivencia, aunque tendemos a apreciar su importancia sólo cuando falla. ¿Qué pasaría si un día no recordáramos dónde estacionamos nuestro auto o no supiéramos las llaves de nuestra casa? Comprender cómo funciona la memoria es esencial para comprender qué sucede cuando olvidamos.
No se trata de una única función: existen diferentes tipos de memoria, cada una con mecanismos cerebrales específicos. Entre ellos destaca especialmente la memoria de reconocimiento (que nos permite reconocer que ya hemos visto ese estímulo en el pasado). Sin ser conscientes de ello, nos ayuda a orientarnos y a desenvolvernos en nuestro día a día con extraordinaria eficacia. Curiosamente, este tipo de disfunción de la memoria puede ser uno de los primeros signos de deterioro cognitivo.
Detectar estos cambios a tiempo puede ser clave para identificar posibles problemas futuros y adoptar medidas preventivas que ayuden a preservar la salud mental.
De la vida cotidiana a las células cerebrales: cómo se forma la memoria
Históricamente, el estudio de las bases biológicas de la memoria se ha centrado en las neuronas. Comprender cómo interactúan fue esencial para explicar cómo se forman los recuerdos. En la década de 1950, el investigador canadiense Donald Hebb propuso que “las neuronas que se activan juntas se conectan entre sí”.
Pensemos, por ejemplo, en cuando aprendimos a andar en bicicleta. Mientras intentábamos mantener el equilibrio, un grupo de neuronas se coordinaban para evitar caídas y recordar los movimientos. A medida que nuestras habilidades mejoraron, esos vínculos se hicieron más fuertes, haciendo que cada nuevo intento fuera más efectivo.
Sin embargo, las neuronas no están solas: representan aproximadamente la mitad de las células del cerebro. El otro 50% está formado por un conjunto diverso de células, entre las que destacan los astrocitos. Su nombre proviene del griego astron (estrella) y kitos (célula), es decir, “célula en forma de estrella”.
Durante mucho tiempo, se pensó que los astrocitos desempeñaban un papel puramente doméstico: alimentar y sostener a las neuronas. Hoy sabemos que esta visión es incompleta. No sólo apoyan, sino que participan activamente en los procesos de aprendizaje y memoria.
Estudios recientes han demostrado que los astrocitos son esenciales para fortalecer las conexiones neuronales, un proceso clave para consolidar los recuerdos. Gracias a esta cooperación entre neuronas y astrocitos podemos retener habilidades a lo largo del tiempo, desde andar en bicicleta hasta preparar una receta sin pensar en cada paso.
Astrocitos: piezas clave del rompecabezas
Los astrocitos se encuentran muy cerca de las neuronas y rodean sus conexiones como una red de apoyo. Nuestros protagonistas producen y liberan una sustancia clave: el lactato. Este compuesto se transfiere de los astrocitos a las neuronas y actúa como una señal que favorece el fortalecimiento de sus conexiones. En otras palabras, el lactato ayuda a que las neuronas se comuniquen de manera más efectiva, facilitando la formación y consolidación de los recuerdos.
A su vez, los astrocitos reciben señales de las neuronas a través de neurotransmisores como la noradrenalina y responden produciendo más lactato. De hecho, se ha propuesto que existe una estrecha interacción entre los astrocitos y la noradrenalina que es necesaria para el correcto funcionamiento de la memoria. Sin embargo, la investigación en esta área aún se encuentra en una etapa temprana.
En nuestro laboratorio estudiamos cómo interactúan los astrocitos y la noradrenalina en los procesos de memoria. Para ello utilizamos roedores en tareas de reconocimiento de objetos, en las que tienen que distinguir un objeto familiar de uno nuevo. Nuestros resultados muestran que la noradrenalina actúa eficazmente como un interruptor que activa los astrocitos para producir lactato. Cuando sus niveles son elevados, aumenta la disponibilidad de lactato y se mejora la memoria. Cuando disminuyen, su producción disminuye y el rendimiento se deteriora.
Además, observamos que la aplicación externa de lactato puede restaurar la memoria incluso cuando los niveles de noradrenalina son bajos. Por el contrario, si se bloquea el transporte de esta sustancia a las neuronas, la memoria se ve afectada incluso en presencia de niveles elevados de noradrenalina.
En conjunto, estos hallazgos indican que el efecto de la norepinefrina sobre la memoria depende en gran medida de su capacidad para activar la producción y transferencia de lactato desde los astrocitos a las neuronas.
El futuro puede estar en las estrellas
Así como miramos las estrellas para comprender mejor nuestro planeta, la neurociencia está empezando a centrarse en estas células estelares. El objetivo es descubrir los mecanismos que nos permiten almacenar y recuperar la información que define quiénes somos.
Desde la investigación básica hasta el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas, comprender el papel de los astrocitos y el lactato podría abrir nuevas vías para prevenir o tratar el deterioro cognitivo.
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