Los pacientes con diabetes tipo 2 suelen tener niveles altos de azúcar en sangre en ayunas: he aquí por qué

ANASTACIO ALEGRIA
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Muchos pacientes con diabetes tipo 2 se preguntan cómo su nivel de azúcar en sangre puede ser tan alto cuando no comen nada. La respuesta a este fenómeno contraintuitivo reside en lo que se conoce como resistencia a la insulina.

La resistencia a la insulina impide que las células absorban la glucosa adecuadamente, pero también hace que el hígado siga produciéndola. Aquí echamos un vistazo a cómo sucede esto y qué investigaciones se están realizando actualmente para tratar la afección.

Energía disponible

En general, el nivel de glucosa en nuestra sangre está regulado por el equilibrio entre la ingesta de este tipo de azúcar procedente de los alimentos y su ingesta en los tejidos. Este equilibrio depende principalmente de la hormona insulina.

Después de una comida, el aumento de glucosa en sangre hace que las células beta del páncreas secreten insulina. Esta hormona facilita la absorción, uso y almacenamiento de la glucosa en los tejidos del cuerpo, asegurando que el cuerpo tenga energía disponible cuando la necesita.

Sin embargo, si no comemos durante muchas horas, el cuerpo aún tiene que mantener un nivel mínimo de glucosa en sangre. Esto sirve para prevenir la hipoglucemia (nivel bajo de azúcar en sangre) y garantizar el suministro de energía a los tejidos, especialmente al cerebro, que depende casi exclusivamente de la glucosa.

En las primeras horas de ayuno, el hígado produce glucosa descomponiendo las reservas de glucógeno, la forma en que se almacena la glucosa en el cuerpo. A medida que continúa el ayuno y se agota el glucógeno, el hígado comienza a sintetizar glucosa a partir de precursores distintos de los carbohidratos, un proceso conocido como gluconeogénesis.

Este mecanismo es fundamental, ya que garantiza que nuestros órganos -y sobre todo nuestro cerebro- sigan funcionando mientras ayunamos.

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cerradura rota

La diabetes tipo 2 altera por completo la regulación normal de los niveles de glucosa en sangre, ya que hace que los pacientes desarrollen resistencia a la insulina.

Una forma sencilla de explicar esto es pensar en la insulina como una llave que abre la puerta de la célula para que la glucosa pueda entrar y usarse como energía. En una persona sana, la llave encaja perfectamente en la cerradura. La puerta se abre y la glucosa pasa de la sangre a las células.

Pero en pacientes con resistencia a la insulina, la cerradura está defectuosa. Aunque el cuerpo produce la hormona y las llaves están disponibles, la puerta no se abre lo suficiente. El resultado es que parte de esa glucosa no puede ingresar a las células. En cambio, se acumula en la sangre y provoca hiperglucemia crónica (nivel alto de azúcar en sangre).

Pero este no es el único propósito de la insulina. Otra de sus funciones clave es frenar la producción de glucosa en el hígado, proceso conocido como gluconeogénesis hepática.

En la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina impide que la insulina haga esto correctamente, lo que hace que el hígado siga produciendo glucosa incluso cuando no es necesaria. El resultado es que los niveles de glucosa en sangre permanecen altos, incluso con el estómago vacío.

Se ha informado que los niveles de gluconeogénesis hepática en personas con diabetes tipo 2 pueden ser entre un 40% y un 200% más altos que en individuos sanos.

Por este motivo, reducir la producción de glucosa en el hígado se ha convertido en una forma prometedora de mejorar la eficacia de los tratamientos disponibles actualmente para reducir los niveles de azúcar en sangre.

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Nuevos objetivos de tratamiento

Una posible clave para controlar el exceso de producción de glucosa en el hígado en la diabetes tipo 2 es una molécula de estrés llamada GDF15. Los ratones que carecen de esta molécula muestran una mayor gluconeogénesis en el hígado, lo que sugiere que regular sus niveles podría ayudar a frenar la producción de glucosa en el hígado.

Estudios anteriores en pacientes con diabetes tipo 2 han demostrado que el tratamiento con metformina, el fármaco antidiabético más comúnmente recetado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, que actúa principalmente inhibiendo la gluconeogénesis en el hígado, también aumenta los niveles de GDF15.

Esto sugiere que parte del efecto antidiabético del fármaco puede explicarse por su capacidad para elevar los niveles de GDF15 y, por tanto, reducir la producción de glucosa hepática. Nuestro grupo de investigación observó recientemente que este efecto no se observa en ratones con deficiencia de GDF15.

Además, en nuestro último estudio, observamos que la metformina no logra aumentar los niveles sanguíneos de esta molécula en ratones que carecen del receptor PPARβ/δ. Probablemente esto se deba a que PPARβ/δ es crucial para la maduración de GDF15 y, en consecuencia, para aumentar sus niveles en sangre.

En conjunto, estos hallazgos revelan gradualmente determinantes clave de la regulación y función del GDF15, ofreciendo nuevas vías prometedoras para mejorar el control de la glucosa en pacientes con diabetes tipo 2.


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