La biología sintética prometió reescribir la vida: ¿qué tan cerca están los científicos de la muerte de su pionero, J. Craig Venter?

ANASTACIO ALEGRIA
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Cuando el científico J. Craig Venter y su equipo anunciaron en 2010 que habían creado la primera célula controlada por un genoma completamente sintético, marcó un punto de inflexión en la forma en que los científicos piensan sobre la vida.

Por primera vez, el ADN, la molécula que lleva las instrucciones para la vida, ha sido escrito en una computadora, ensamblado en un laboratorio y utilizado para controlar una célula viva. El logro sugería algo profundo: la vida no sólo podía entenderse sino también diseñarse.

Un biólogo ampliamente reconocido por sus contribuciones innovadoras a la genómica, incluido el liderazgo en los esfuerzos para secuenciar el primer borrador del genoma humano, la exitosa creación de Venter y su equipo de la primera célula bacteriana sintética se considera fundamental para el campo de la biología sintética.

J. Craig Venter fue un distinguido científico y empresario. Mauricio Ramírez/Instituto de Historia de la Ciencia vía Wikimedia Commons, CC BI-SA

Al combinar biología e ingeniería, la biología sintética busca diseñar y construir nuevos sistemas biológicos o rediseñar los existentes con fines útiles. En lugar de limitarse a observar cómo funciona la vida, los científicos utilizan herramientas como la síntesis de ADN y la ingeniería genética para “programar” células para que realicen tareas específicas, como producir vacunas, desarrollar combustibles sostenibles o detectar toxinas ambientales.

Pero ¿hasta dónde ha llegado este campo desde la célula bacteriana sintética original de Venter?

¿Qué es la biología sintética?

Durante la mayor parte del siglo XX, la biología se centró en decodificar la vida.

El descubrimiento de la estructura del ADN en 1953 reveló cómo se almacena la información genética. Décadas más tarde, el Proyecto Genoma Humano que Venter ayudó a acelerar cartografió el conjunto completo de genes humanos.

Pero Venter y otros han ido más allá: si el ADN puede leerse como código, ¿podría también escribirse?

Esta idea sustenta la biología sintética, cuyo objetivo es diseñar y diseñar sistemas biológicos en lugar de simplemente estudiarlos. En lugar de modificar un gen a la vez, los investigadores comenzaron a investigar si se podían construir e insertar genomas completos en las células.

La biología sintética ofrece promesas tentadoras y riesgos aterradores.

En 2010, el equipo de Venter demostró que era posible. Diseñaron un genoma bacteriano y lo utilizaron para tomar el control de una célula viva. Aunque la célula en sí no se construyó enteramente desde cero, su trabajo demostró que se pueden diseñar instrucciones para la vida.

En otras palabras, los biólogos sintéticos estaban pasando de leer la vida a reescribirla por completo.

Grandes promesas y expectativas audaces

La biología sintética ya ha dado lugar a una serie de resultados prometedores en medicina, energía y ciencias medioambientales.

Los investigadores han diseñado microbios para producir medicamentos que salvan vidas, como la artemisinina, un compuesto antipalúdico, y para producir biocombustibles sostenibles que podrían reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Además, los investigadores están utilizando la biología sintética para diseñar organismos capaces de detectar y descomponer contaminantes ambientales, ofreciendo nuevas herramientas para la biorremediación.

En el centro de estas ideas había una poderosa analogía: si la biología podía tratarse como software, entonces el diseño de organismos algún día podría parecerse a escribir código.

Esta visión ha atraído importantes inversiones y atención política. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE. UU. ha destacado el potencial de la biología sintética para abordar desafíos en múltiples industrias, al tiempo que plantea importantes cuestiones éticas y de seguridad. Por ejemplo, las técnicas de biología sintética pueden usarse para desarrollar armas biológicas y pueden dañar involuntariamente los ecosistemas y la salud humana.

El progreso es más lento de lo esperado

A pesar de estos avances, la biología sintética no ha realizado plenamente sus ambiciones iniciales. Una de las principales razones es la complejidad de los sistemas vivos.

Los primeros enfoques de la biología sintética trataban las células como sistemas modulares, donde los componentes podían intercambiarse de manera predecible. En la práctica, los sistemas biológicos están altamente interconectados. Las interacciones genéticas son difíciles de predecir y los resultados observados en condiciones controladas de laboratorio no siempre se corresponden con el entorno real.

Este desafío ha sido particularmente evidente en áreas como los biocombustibles, donde ha resultado difícil traducir los éxitos de los laboratorios en producción industrial.

También hay limitaciones más fundamentales. Los científicos todavía no pueden construir un organismo completamente vivo a partir únicamente de componentes no vivos. Incluso la célula sintética de Venter dependía de un sistema biológico existente.

Como resultado, el objetivo de crear vida enteramente desde cero sigue siendo difícil de alcanzar por ahora.

Nuevos problemas y riesgos emergentes

A medida que la tecnología ha avanzado, también ha dado lugar a nuevas preocupaciones éticas y de seguridad. Las mismas herramientas utilizadas para diseñar organismos útiles pueden potencialmente utilizarse indebidamente.

La biología sintética es ampliamente reconocida como un campo de doble uso, donde los avances en la edición de genes, la síntesis de ADN y la bioingeniería pueden permitir no sólo innovaciones médicas y ambientales sino también la creación o modificación de organismos nocivos.

La creciente disponibilidad de estas tecnologías reduce aún más las barreras al uso indebido, lo que hace que las amenazas a la bioseguridad estén cada vez más distribuidas y sean más difíciles de controlar. Al mismo tiempo, los marcos de gobernanza a menudo tienen dificultades para seguir el ritmo de los rápidos avances tecnológicos, lo que deja lagunas en la supervisión y la coordinación internacional.

Imagen microscópica de una mancha esférica gris con una superficie rugosa de protuberancias esféricas.

Esta “célula mínima” sintética ha sido despojada de todos sus genes bacterianos excepto los más esenciales, y aún puede evolucionar. Tom Deerinck y Mark Ellisman del Centro Nacional de Investigación en Imágenes y Microscopía de la Universidad de California, San Diego

Más allá de los riesgos inmediatos, quedan interrogantes más amplios sobre hasta dónde deben llegar los humanos en el rediseño de la vida y qué consecuencias no deseadas podrían tener esos cambios en los ecosistemas. Los organismos modificados genéticamente pueden introducir riesgos como la contaminación genética y la alteración de los ecosistemas, lo que dañaría la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas.

Es probable que esta preocupación se vuelva más urgente a medida que la tecnología detrás de la biología sintética siga desarrollándose, especialmente a medida que nuevas herramientas como la inteligencia artificial aceleren el diseño de nuevos sistemas biológicos.

El legado de Venter

Las implicaciones de la idea de que la vida podría diseñarse, no sólo observarse, todavía están desarrollándose.

La biología sintética aún no ha creado un mundo de organismos totalmente programables que resuelvan desafíos globales. Pero cambió las expectativas, tanto dentro como fuera de la ciencia, sobre lo que podría ser posible en el diseño biológico.

En este sentido, el impacto de la biología sintética ya es claro: ha cambiado no sólo la forma en que los científicos estudian la vida, sino también la forma en que la sociedad imagina su futuro.

El legado de Venter incluye las preguntas que hizo inevitables: hasta dónde deben llegar los científicos en el diseño de la vida, quién decide y qué responsabilidades conlleva ese poder. Las respuestas siguen siendo inciertas. Pero la trayectoria parece ser que la ciencia conozca, cautelosa e imperfectamente, la vida del autor.


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