Durante las últimas dos décadas, los programas bilingües español-inglés se han expandido ampliamente en España. Uno de sus objetivos era democratizar el aprendizaje del inglés, haciéndolo más accesible a todos los estudiantes, independientemente de su clase social o lugar de residencia. ¿Se está logrando este objetivo?
En el caso de Andalucía pudimos observar cómo en la gran mayoría de municipios de más de 50.000 habitantes existen fuertes desigualdades en el acceso, tanto socioeconómicas como en función del barrio en el que viven las familias. En una nueva encuesta realizada al conjunto de esta comunidad autónoma descubrimos otra disparidad territorial importante: los centros bilingües están mucho más presentes en las ciudades y grandes municipios que en las zonas rurales.
La brecha entre la ciudad y el campo
Cuando hablamos de desigualdades educativas solemos referirnos, en primer lugar, a las que existen entre estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos o a las que afectan a estudiantes con necesidades educativas especiales. Sin embargo, el tipo de hábitat (urbano/rural) también determina las oportunidades educativas.
Esto es particularmente relevante para el aprendizaje de idiomas. Aunque los datos disponibles en España son muy limitados, los que tenemos apuntan en esta dirección. Por ejemplo, según la encuesta de educación de adultos de 2022 de Eurostat, tanto el número de lenguas que conoce la población española como su nivel de inglés están influenciados muy positivamente por el grado de urbanización de su lugar de residencia.
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Es por ello que se ha declarado que los programas bilingües pueden jugar un papel importante en la reducción de esta deficiencia. Al desarrollarse en centros con apoyo público, representarían, a priori, una oportunidad más transversal para acceder a un mejor aprendizaje del idioma inglés. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que ocurre lo contrario. Al menos en el caso andaluz.
Concentración en los municipios más grandes
En nuestro estudio analizamos todos los centros andaluces que imparten enseñanza básica (más de 2.500) o ESO (más de 1.600) en esta comunidad. Los datos muestran un patrón muy claro: cuanto más grande es el municipio, más probabilidades hay de que los centros ofrezcan educación bilingüe.
En primaria, aproximadamente la mitad de los centros ubicados en el 20% de los municipios más poblados son bilingües. En cambio, en el 50% de los municipios menos poblados esta proporción no llega ni al 20%. La situación es similar en la ESO: si bien la educación bilingüe es mayoritaria en las ciudades y grandes municipios, sigue siendo una excepción en la mayoría de los municipios pequeños.
Por tanto, en las zonas rurales, la enseñanza de Shakespeare en estas etapas se limita esencialmente a la asignatura de inglés. Como consecuencia, los estudiantes de estas áreas suelen tener menos exposición a esta lengua en clase.
“Zonas ciegas” del bilingüismo escolar
La máxima expresión de esta deficiencia son los que llamamos los “puntos ciegos” del programa bilingüe. Con este término nos referimos a las áreas donde esta política no llega o apenas llega. Los análisis geográficos nos han permitido detectarlos y confirmar que muchas veces abarcan áreas muy extensas, regiones enteras o gran parte de ellas.
Suelen coincidir con zonas rurales del interior: Los Vélez en Almería, Sierra de Cádiz, Los Pedros en Córdoba, el Valle de Lecrín en Granada, la cuenca minera de Huelva, gran parte de la Sierra de Segura y Sierra Mágina en Jaén, la sierra de Ronda o Sealagara en Málaga.
¿Por qué sucede esto?
Aunque la explicación general de esta brecha es compleja y multifactorial y está más allá del alcance de nuestro estudio, pudimos comparar varias hipótesis relacionadas con factores de oferta y demanda escolares.
En las zonas rurales, con menos estudiantes potenciales y una oferta educativa más limitada, los centros están expuestos a una menor presión competitiva. Esto resulta en menos incentivos para diferenciarse y competir dentro de sus mercados escolares locales a través, en este caso, de la participación en una iniciativa tan compleja como un programa bilingüe.
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En cuanto a la dotación de escuelas en estas zonas, es particularmente importante entender esta brecha entre las zonas urbanas y rurales para conocer la existencia de otra brecha: la que está subsidiada por el público. En Andalucía, la red pública tiende a ofrecer educación bilingüe en mucha menor medida que la educación privada coordinada, muy extendida en las zonas urbanas y raramente presente en las rurales.
Reducir o reproducir las desigualdades
Este sesgo urbano del programa bilingüe representa un nuevo elemento de desigualdad educativa para las zonas rurales. Las familias que viven allí tienen muchas menos oportunidades (a veces nulas) de enviar a sus hijos e hijas a la escuela en un centro bilingüe.
Al margen de otros debates sobre este modelo educativo, esta distribución desigual de la oferta también contribuiría a ampliar la brecha entre el mundo urbano y el rural en el aprendizaje del inglés. La relevancia de esta desigualdad no es pequeña, porque el inglés es una habilidad cada vez más relevante en el trabajo y en la sociedad.
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A esta desventaja se suma la menor disponibilidad de otros recursos para el aprendizaje de idiomas en las zonas rurales, como academias especializadas o aquellas provenientes de la brecha digital. Reconocer esta realidad es el primer paso. A continuación, que las administraciones y la comunidad educativa puedan pensar en cómo corregir estas inequidades.
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