Que “las mentiras tienen patas cortas” es una lección bien aprendida por las empresas de lavado verde. Por eso, en busca de los beneficios económicos de ser ambientalmente responsables y, al mismo tiempo, protegerse del daño que produce el Greenwashing al ser descubierto, han encontrado refugio en sus juntas directivas.
¿Qué es el ‘lavado verde’?
Seguramente habrás visto decenas de campañas publicitarias mostrando las iniciativas medioambientales de algunas empresas: plantación de árboles, máximo uso de energías renovables, emisiones reducidas al mínimo…
Sin embargo, estas buenas prácticas a menudo se exageran o se señalan, mientras que otras prácticas menos responsables permanecen ocultas (cherry picks). Por tanto, existe una diferencia entre lo que las empresas dicen que hacen por el medio ambiente y lo que realmente hacen. Esto es verdor.
¿Por qué es importante?
La sociedad exige cada vez más transparencia a las empresas en cuanto a su comportamiento medioambiental. Sin embargo, no todas las entidades económicas reaccionan de la misma manera ante este tipo de comportamiento. Ésta es una de las principales aportaciones de nuestro estudio: la diferencia entre las respuestas de los acreedores (bancos) y los inversores, que son los principales proveedores de fondos a las empresas.
Si bien los acreedores tienen acceso a información corporativa más amplia, los inversores se ven obligados a confiar en lo que divulgan las empresas. A pesar de estas diferencias, tanto los acreedores como los inversores parecen valorar mucho el buen desempeño medioambiental de las empresas y, en consecuencia, lo recompensan. Ante esto, muchas empresas se ven tentadas a exagerar sus acciones.
La Unión Europea se ha dado cuenta de la magnitud de este problema y en los últimos años ha lanzado directivas, como la Directiva sobre afirmaciones ecológicas y la Directiva sobre informes de sostenibilidad corporativa (CSRD), que han revolucionado los requisitos de divulgación corporativa. El objetivo de estas regulaciones es garantizar que tanto los prestamistas como los inversores puedan realizar valoraciones precisas de las empresas a las que proporcionan fondos.
¿Cómo se benefician las empresas?
En un momento en el que las acciones empresariales están bajo escrutinio, la responsabilidad medioambiental es un valor cada vez mayor. Las organizaciones que implementan buenas prácticas en este ámbito tienen un alto grado de legitimidad social, lo que les conduce a las amplias ventajas que se derivan de una excelente reputación.
Esta buena imagen corporativa provoca reacciones positivas, aunque diferentes, por parte de los financieros mencionados. Por un lado, los bancos (acreedores) están dispuestos a fijar precios más bajos, es decir, tipos de interés más bajos para sus préstamos. Por otro lado, aumenta la confianza de los inversores, lo que se traduce en un mejor nivel de solvencia empresarial, y por tanto en un menor riesgo de quiebra empresarial.
¿Qué sucede cuando se descubre el engaño?
Cuando se descubre la ecopostureo, la legitimidad es reemplazada por la desconfianza. Ante el riesgo percibido, la desilusión se está extendiendo entre los agentes: los bancos están fijando precios más altos para sus préstamos y los inversores están cubriendo sus apuestas, sacudiendo la fortaleza financiera de estas empresas.
En estas circunstancias, la capacidad financiera de la empresa se ve dramáticamente amenazada. Lo que parecía un seguro para obtener fondos es en realidad un arma de doble filo, y si hay fraude medioambiental, el precipicio de la quiebra está peligrosamente cerca. ¿Realmente vale la pena realizar esta práctica?
¿Qué tienen que ver las juntas directivas con todo esto?
Como principal órgano de toma de decisiones de la empresa, el consejo de administración tiene una responsabilidad ineludible en las prácticas de greenwashing. Investigaciones anteriores han demostrado que la “orientación ambiental” de las juntas directivas está asociada con un mejor desempeño en materia de sostenibilidad.
Las características que determinan esta orientación son la independencia, la existencia de comités de RSC, la presencia de consejeros en varias empresas, la diversidad de género, la existencia de incentivos para objetivos de sostenibilidad y la experiencia de los comités de auditoría. Además, cada uno de estos atributos resulta estar asociado individualmente con el acceso a crédito más barato y una mayor atracción de inversores.
¿Qué pasa si una junta directiva sensible al medio ambiente es la clave para combatir la amenaza del lavado verde?
¿Y si acaba siendo sólo un disfraz?
Nuestra investigación revela que las empresas se han dado cuenta de los beneficios de tener una junta directiva orientada al medio ambiente. Este mecanismo les permite protegerse del daño financiero del lavado verde, mantener el acceso a crédito barato y mantener un alto nivel de solvencia.
Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿significa esto que las empresas con un consejo de administración “orientado al medio ambiente” realmente mejoran su desempeño ambiental? La respuesta es no. Estas empresas han encontrado una manera de seguir cosechando los beneficios financieros del lavado verde sin mejorar realmente su desempeño ambiental. Así, los acreedores e inversores -y la sociedad en general- se rinden ante la belleza de la máscara detrás de la cual se esconde el rostro de la mentira.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


