¿Dónde están los geólogos y paleontólogos en los libros informativos?

ANASTACIO ALEGRIA
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Marie Curie, Rosalind Franklin o Jane Goodall forman parte del imaginario colectivo cuando pensamos en las mujeres científicas. Sus historias aparecen en libros, documentales y materiales educativos de todo el mundo. ¿Pero cuántos geólogos o paleontólogos podemos nombrar?

La dificultad no es que no existan. Con el tiempo, las mujeres de todo el mundo han hecho contribuciones fundamentales a la comprensión del pasado de la Tierra, los procesos que le dan forma y la evolución de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, sus nombres rara vez llegan al público en general.

Este es un hecho con implicaciones más allá de la mera curiosidad estadística, si consideramos que la divulgación científica es el puente entre ciencia y sociedad. No sólo acerca el conocimiento al público, sino que también define qué historias se cuentan, qué referentes son visibles y, finalmente, a quiénes reconocemos como protagonistas del progreso científico.

Es importante, por tanto, que el contenido comunicado sea inclusivo y represente la diversidad de voces que componen la ciencia. Sin embargo, los resultados de nuestra investigación muestran que la representación de las científicas en los principales libros de divulgación está marcada por fuertes desequilibrios disciplinarios, geográficos y lingüísticos.

La ciencia contada desde una perspectiva poco realista

En nuestra investigación identificamos a 194 científicos de 18 disciplinas diferentes, aunque no todas ocuparon el mismo espacio.

Medicina, biología, astronomía y matemáticas constituyen casi la mitad de los nombres presentes en los libros analizados. En cambio, en disciplinas como la geología y la paleontología apenas aparecen: más precisamente, sólo había 14 mujeres geólogas y tres paleontólogas.

La situación es particularmente sorprendente en paleontología. La mayoría de los libros giran en torno a una misma figura: Mary Anning (1799-1847), conocida mundialmente por sus importantes hallazgos en el fondo marino del Jurásico en la localidad inglesa de Lyme Regis, donde vivía. Su importancia histórica es indiscutible, pero la disciplina no se puede resumir en un solo nombre.

Otros investigadores cuyo trabajo fue trascendental para la ciencia apenas se mencionan o están completamente ausentes. Por ejemplo, ninguno de los libros menciona a Tilly Edinger, pionera en el estudio de cerebros fósiles o paleoneurología; Elisabeth Vrba, reconocida por sus estudios que transformaron la comprensión de la evolución, o Mary Leakey, responsable de algunos de los descubrimientos más importantes sobre la evolución humana del siglo XX.

El idioma también marca la diferencia

Los desequilibrios en la representación no afectan sólo a las disciplinas. También encontramos un claro sesgo geográfico. Por lo tanto, la mayoría de las científicas que aparecen en libros populares provienen de países de habla inglesa: Estados Unidos y Reino Unido. Sólo el 5,7% procede de países de habla hispana.

Esta concentración geográfica refuerza la idea de que el conocimiento científico se genera sólo en determinadas regiones y en determinadas lenguas. Además, limita la variedad de referencias disponibles para las niñas y jóvenes, dificultándoles encontrar modelos cercanos a su realidad cultural, lingüística o geográfica.

¿Dónde están los paleontólogos y geólogos de habla hispana?

La brecha es, nuevamente, más evidente en las geociencias. Entre los 14 geólogos identificados, sólo tres provienen de países de habla hispana: Adriana Ocampo (Colombia), Carmina Virgili (España) y María Fernando Campo Uranga (México).

La situación es aún más extrema en paleontología, ya que no encontramos ni un solo paleontólogo de habla hispana en los libros populares. Esta ausencia no refleja la realidad de la disciplina. Latinoamérica y España cuentan con investigadores reconocidos internacionalmente. Algunos ejemplos son la argentina Zulma Brandoni de Gasparini, la colombiana María Páramo Fonseca o la española Asunción Linares.

El problema, por tanto, no está en la falta de referencias, sino en el hecho de que sus nombres permanecen invisibles para el gran público.

La divulgación también puede reproducir sesgos

No debemos olvidar que la divulgación científica, además de acercar la investigación a la sociedad, afecta a la imagen que nos construimos sobre la ciencia.

Los libros no sólo explican los descubrimientos. También muestran quién hace ciencia, dónde se produce el conocimiento, qué disciplinas consideramos importantes y qué historias merecen ser recordadas. Estas narrativas cobran especial importancia durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que se identifican vocaciones y se construyen referentes que ayudan a imaginar posibles trayectorias profesionales. Cuanto más diversos sean estos modelos, más oportunidades tendrán las niñas y las jóvenes de verse a sí mismas en ellos.

El objetivo de nuestro trabajo es resaltar el papel social de los contenidos informativos para pensar quiénes quedan fuera de estas historias y con qué consecuencias. Cuando se excluyen determinadas disciplinas, países o idiomas, la variedad de historias y trayectorias que componen ese panorama es limitada.

Para ayudar a cambiar esta situación, lanzamos una base de datos abierta de paleontólogos de países de habla hispana. La iniciativa busca aunar diferentes trayectorias, direcciones de investigación y contextos geográficos. Para ello se ha hecho posible una modalidad abierta, destinada a mujeres de esta disciplina.

Los paleontólogos de habla hispana existen y han hecho aportes fundamentales al conocimiento científico. Ahora el desafío es hacer que sus historias también formen parte de las noticias.


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