Cuando estamos contentos, nuestro perro nos escucha mejor que cuando estamos de mal humor.

ANASTACIO ALEGRIA
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“Hoy ni siquiera me está prestando atención”. Muchos dueños de perros han pensado en algo similar en algún momento. Hay días en los que responden inmediatamente a nuestras órdenes, mientras que en otras ocasiones parecen distraídos, menos atentos o menos dispuestos a cooperar.

La explicación no siempre está en el perro. Una investigación reciente del Instituto Max Planck (Alemania) sugiere que nuestro estado de ánimo puede influir en cómo nos comportamos. Cuando estamos felices, nuestras mascotas parecen aprender mejor y responder con mayor facilidad. Cuando estamos tristes sucede exactamente lo contrario. Pero la historia es aún más interesante de lo que parece.

Los perros viven esperándonos.

Los perros han compartido su vida con los humanos durante miles de años. Durante este largo proceso de convivencia, han desarrollado una notable capacidad para interpretar nuestras señales: saben hacia dónde miramos, detectan cambios en el tono de nuestra voz, perciben nuestra posición corporal e incluso pueden predecir algunas de nuestras intenciones antes de decir una palabra.

De hecho, probablemente sean los animales que mejor entienden nuestras señales sociales. En algunos experimentos, superan a los chimpancés y otros primates cuando tienen que interpretar ciertos gestos humanos.

Gran parte de esta comunicación se produce sin que seamos conscientes de ello. Por este motivo, los científicos llevan años preguntándose hasta qué punto los perros son capaces de percibir nuestras emociones.

Un experimento diferente

Hasta ahora, muchos estudios han utilizado fotografías o personas que fingían emociones. Los investigadores mostraron caras felices, enojadas o tristes y analizaron la respuesta de los animales. El problema es que las emociones falsas no siempre parecen reales.

Investigadores del Instituto Max Planck realizaron una prueba diferente en la que participaron 77 perros y sus dueños. Primero, enseñaron a los animales una tarea sencilla: rodear el cono y regresar con su dueño. Luego, los propietarios vieron videos diseñados para inducir felicidad, tristeza o un estado emocional neutral. Tan pronto como terminaron, continuaron trabajando con sus mascotas.

Los resultados fueron claros. Cuando los dueños estaban contentos, los perros hacían mejor la tarea. Cuando estaban tristes, los animales miraban menos a sus dueños y obedecían menos algunas órdenes.

En otras palabras, los perros parecieron notar que algo había cambiado en las personas con las que trabajaban. Este descubrimiento es particularmente interesante porque las emociones no fueron representadas por actores ni simuladas artificialmente: los voluntarios del estudio realmente las experimentaron. Esto hace que los resultados sean mucho más similares a lo que sucede en la vida cotidiana.

¿Los perros entienden nuestras emociones?

La respuesta corta es sí, pero con matices. Las investigaciones muestran que los perros distinguen entre diferentes estados emocionales y ajustan su comportamiento en consecuencia. Lo que no demuestra es que comprendan nuestras emociones de la misma manera que lo hace otro ser humano. Y esta diferencia es importante.

Muchas personas interpretan que cuando un perro echa una mano en un momento difícil sienten exactamente lo mismo que nosotros. Sin embargo, los científicos son más cautelosos, porque entender que alguien está triste y experimentar empatía son procesos diferentes.

El estudio no encontró evidencia clara de que los perros intentaran más consolar a sus dueños tristes. Tampoco mostraron un aumento aparente en el comportamiento de ayuda o apoyo. Por tanto, es posible que los perros perciban perfectamente que algo está sucediendo sin tener que experimentar la emoción de la misma forma que lo hacemos nosotros.

Expertos en leer señales humanas

Hay una explicación muy sencilla para entender estos resultados. Cuando estamos felices, hablamos de manera diferente. Nos reímos más. Nos movemos con más energía. Usamos un tono de voz más agradable. Prestamos más atención a lo que sucede a nuestro alrededor. También tendemos a comunicarnos mejor con nuestros perros.

En cambio, cuando estamos preocupados o tristes, es posible que transmitamos señales menos claras. Cambian nuestra voz y nuestros movimientos. Incluso nuestra posición corporal puede variar.

Los perros podrían reaccionar con precisión a todos estos cambios. No necesitan entender la tristeza o la felicidad como conceptos complejos: basta con descubrir que nuestro comportamiento ha cambiado. Y en eso son verdaderos especialistas.

¿Qué podemos aprender de este estudio?

La lección principal es que la relación entre humanos y perros funciona en ambos sentidos. Muchas veces pensamos que somos nosotros quienes los educamos, pero además ellos están constantemente vigilándonos y adaptando su comportamiento a nuestras señales.

Este conocimiento puede resultar útil para propietarios, adiestradores de perros y profesionales que trabajan con perros de asistencia. Nos recuerda algo importante a la hora de entrenar animales: nuestro estado emocional es parte del proceso.


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