¿Cómo ayudamos a prosperar a los niños superdotados intelectualmente? La respuesta no es sólo darles más trabajo.

ANASTACIO ALEGRIA
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Cuando hablamos de niños intelectualmente superdotados, el debate tiende a centrarse en una de dos preguntas: cómo detectamos esta característica y por qué no siempre se traduce en mejores notas en la escuela. Si bien estas son preguntas importantes, ignoran otra igualmente importante: ¿Qué pueden hacer las escuelas cuando saben que un estudiante necesita aprender de una manera diferente a los demás?

Incluso cuando se identifica a los estudiantes superdotados, los profesores tienden a ofrecer una respuesta poco inspiradora. Ponen más trabajo, o más ejercicios iguales, como si aprender fuera simplemente una cuestión de hacer más. Este es un error muy común. En lugar de aumentar la carga de trabajo del estudiante, deberíamos ajustar el nivel del desafío en sí.

Aprendizaje enriquecido

Las respuestas de los educadores a los niños superdotados tienden a caer en dos extremos: inactividad o abrumador. Pero una educación adecuadamente adaptada no significa dar a un niño diez ejercicios mientras que otros hacen cinco. Esto sólo sirve para que la educación sea repetitiva y poco estimulante.

Si el alumno ya ha cubierto algunos de los contenidos planificados, los profesores pueden reorganizar su camino de aprendizaje y evitar repeticiones innecesarias. Esto libera tiempo en la jornada escolar que, en lugar de ocuparse con más tareas del mismo tipo, debería utilizarse para actividades de enriquecimiento y el plan de estudios más amplio.

En la práctica, esto incluye actividades como problemas abiertos, proyectos de investigación, exploración de conexiones entre disciplinas, trabajo en tareas con múltiples soluciones, análisis crítico de información y creación de resultados propios.

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Javier Turón, experto español en este campo reconocido internacionalmente, señala que el enriquecimiento puede adoptar diferentes formas: agrupación flexible en el aula, descansos temporales para determinadas actividades, salas de recursos o programas complementarios. Pero siempre deben basarse en las necesidades reales de los estudiantes, no como una medida única para todos.

No te sobrecargues, adáptate

La pregunta no es si estos estudiantes necesitan actividades especiales, sino qué decisiones didácticas y metodológicas les permiten aprender de manera significativa. Esto nos obliga a plantearnos una serie de cuestiones:

Objetivos: no todos los estudiantes necesitan avanzar en el plan de estudios al mismo ritmo. En una clase de idiomas donde, por ejemplo, la clase está trabajando en la estructura de un texto narrativo, a un estudiante superdotado se le podría asignar una meta más desafiante. Esto podría ser experimentar con diferentes narradores, jugar con la línea de tiempo de la historia o analizar cómo cambia el significado del texto según el punto de vista.

Tareas: las tareas repetitivas limitadas a veces pueden resultar útiles, pero no pueden ser la única forma de enseñar. Los estudiantes superdotados necesitan verdaderos desafíos intelectuales. Por ejemplo, en lugar de hacer diez cálculos idénticos, se les podría pedir que propongan un problema por su cuenta.

Evaluación: es útil saber lo que el alumno ya sabe. Las evaluaciones y pruebas iniciales pueden evitar que los estudiantes repitan lo que ya han aprendido y liberar tiempo para proyectos más complejos.

En matemáticas, por ejemplo, la puntuación final puede ser sólo una parte de la evaluación. Los profesores también podrían evaluar cómo llega un estudiante a una respuesta, su capacidad para explicar su método y su comparación de diferentes métodos.

Organizar el aprendizaje: una adaptación curricular eficaz no siempre significa sacar a los estudiantes del aula o crear un programa completamente separado. Esto a menudo se puede lograr en el aula ordinaria, siempre que la escuela tenga la flexibilidad de agrupar a los estudiantes, diversificar, enriquecer y personalizar la experiencia de aprendizaje.

Por ejemplo, en lenguaje o estudios sociales, mientras la clase explora un tema común, los estudiantes superdotados pueden asumir un papel diferente, como identificar conexiones con otros temas, idear preguntas de nivel superior, comparar fuentes o preparar una breve presentación para el grupo.

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Una necesidad, no un privilegio

Estas medidas a menudo se perciben como un privilegio, pero eso no es lo que son. Son una forma de satisfacer las necesidades educativas específicas de los estudiantes.

La inclusión no se trata sólo de ayudar a las personas con discapacidad. También significa reconocer que la diversidad adopta muchas formas diferentes y que una escuela no puede ofrecer la misma respuesta a todos los que aprenden de manera diferente. Ignorar las necesidades de los estudiantes superdotados también conduce a la exclusión y, a la larga, puede provocar aburrimiento, desconexión y desmotivación.

Diseño universal

El marco del Diseño Universal para el Aprendizaje (UDL) es particularmente relevante para los estudiantes superdotados porque se basa en un principio central de la educación inclusiva: que no todos los estudiantes aprenden de la misma manera, ni todos necesitan las mismas condiciones para participar, prosperar y alcanzar su potencial. Esto sería como suponer que todas las personas usan la misma talla de ropa.

El UDL permite a los docentes diversificar las formas de participación, es decir, las formas en que los estudiantes se conectan con el proceso de aprendizaje. Esto puede significar, por ejemplo, ofrecer diferentes opciones de proyectos según los intereses de los estudiantes o desafíos de diversa complejidad.

El UDL también cubre medios de presentación (por ejemplo, presentar el mismo contenido a través de texto, diagramas visuales, videos o explicaciones orales) y acciones y expresiones (por ejemplo, brindar a los estudiantes la oportunidad de demostrar lo aprendido a través de una presentación oral, texto escrito, infografía, modelo o proyecto de investigación).

Como sostienen algunos autores, la educación inclusiva no es una cuestión de adaptar a los estudiantes a un enfoque único de enseñanza, sino de transformar el diseño educativo para reducir las barreras y ampliar las oportunidades de aprendizaje para todos.

Este enfoque beneficia no sólo a quienes tienen las dificultades más evidentes, sino también a quienes necesitan mayor estimulación intelectual, flexibilidad y oportunidades de desarrollo personal para alcanzar su máximo potencial.

Todo el aula se beneficia.

Entonces, ¿por qué seguimos apoyando un enfoque tan homogéneo de la instrucción en el aula cuando sabemos que la diversidad es la norma? La superdotación nos obliga a afrontar esta incómoda pregunta.

Atender las necesidades de los niños superdotados significa mejorar la forma en que diseñamos la experiencia en el aula. Pero ésta no es una tarea fácil. Requiere una mayor inversión en formación en todo el sector educativo y un enfoque de mentalidad abierta que acepte la diversidad como una parte inherente del ser humano.


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