¿Y si el deporte fuera arte? Lo que nos enseña la neuroeducación sobre aprender con el cuerpo

ANASTACIO ALEGRIA
11 Lectura mínima

Antes de hablar, nos movemos. Antes de juzgar, investigamos. Antes de conocer el mundo, lo tocamos, lo recorremos y lo habitamos con nuestros cuerpos. Entonces, ¿por qué casi siempre pensamos que el aprendizaje es algo que ocurre exclusivamente en la cabeza? El aprendizaje ciertamente consiste en escuchar, leer, memorizar y razonar, actividades cognitivas que realiza el cerebro. Sin embargo, la neurociencia nos ofrece una visión mucho más amplia del aprendizaje.

El conocimiento no surge únicamente del cerebro, sino de la interacción constante entre el cerebro, el cuerpo y el medio ambiente. El movimiento no acompaña al aprendizaje, es parte de él. Antes de que se conviertan en conceptos abstractos, gran parte del conocimiento es experiencia corporal.

Aprendemos la distancia recorriéndola, el peso levantándola, la velocidad con el movimiento y el espacio habitándolo. El cerebro no construye estos conceptos de forma aislada; Los crea a partir de la información que le proporciona el cuerpo en movimiento y el entorno con el que interactuamos.

Interacción del cuerpo, el medio ambiente y el cerebro.

Imagínese, por ejemplo, un niño pequeño aprendiendo lo que significa “subir”. No adoptas este concepto porque alguien te lo explica. Lo construye intentando subir un escalón, sintiendo el esfuerzo de sus piernas, perdiendo y recuperando el equilibrio, notando cómo cambia su perspectiva del entorno y comprobando las posibilidades que le ofrece esta nueva posición.

El cerebro procesa información, pero el conocimiento surge de la interacción entre la actividad neuronal, la acción corporal y las características ambientales. El concepto de “escalar” no sólo se aprende con la mente: se aprende moviéndonos por el mundo.

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Esta idea nos invita a repensar nuestra forma de entender la actividad física. El deporte y la psicomotricidad no son sólo un medio para mejorar la salud o la condición física. También son una forma de conocimiento, creatividad y construcción personal.

El cuerpo: nuestro primer lenguaje

Mucho antes de pronunciar una palabra, los bebés ya se comunican con movimientos. Sonríen, sacuden, abren los brazos o aprietan cuando tienen miedo. A través de estas acciones comienzan a explorar el mundo y construir las bases de su pensamiento.

La neuroeducación ha demostrado que el cerebro aprende en un diálogo constante con el cuerpo. Las emociones, la atención, la memoria y la creatividad se activan más intensamente cuando están conectadas con experiencias corporales significativas. Cada salto, carrera, giro o equilibrio deja una huella física en la arquitectura del cerebro gracias a los mecanismos de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse a partir de la experiencia. Desde esta perspectiva, el movimiento es una forma de pensar.

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Por ejemplo, cuando los estudiantes aprenden las tablas de multiplicar acompañando cada resultado con una serie de palmadas, pasos o movimientos corporales, no solo están utilizando circuitos cognitivos relacionados con el cálculo. También involucran sistemas motores y sensoriales que enriquecen la experiencia de aprendizaje. La asociación de movimiento y contenido crea más vías neuronales para la recuperación posterior de información, facilitando la memoria y el recuerdo.

De manera similar, para dar otro ejemplo, un estudiante puede comprender mejor el sistema solar si representa físicamente el movimiento de los planetas alrededor del sol. Al caminar en órbitas, cambiar de velocidad o experimentar las distancias entre los cuerpos celestes, convierte una explicación abstracta en una experiencia vivida, promoviendo una comprensión más profunda y duradera.

Cuando el deporte se convierte en arte

Estamos acostumbrados a asociar el arte con la música, la pintura, la literatura o la danza. Pero el deporte comparte con todos ellos los mismos elementos esenciales que los caracterizan: la creatividad, la expresión, la interpretación y la búsqueda de significado.

Una gimnasta que dibuja formas en el aire, un patinador que convierte el hielo en narrativa o un futbolista que encuentra un espacio imposible entre varios rivales no son sólo movimientos eficientes. Ellos también crean. El cuerpo se convierte en un lenguaje capaz de transmitir emociones, ideas y valores.

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La neurociencia ayuda a comprender esta dimensión artística. Durante la práctica deportiva se activan simultáneamente áreas del cerebro relacionadas con la percepción, la planificación, la toma de decisiones, la regulación emocional y la imaginación. (El cerebro actúa como un compositor que organiza movimientos complejos en secuencias armónicas adaptadas al contexto)(https://es.wikipedia.org/viki/Flujo_(psicolog%C3%ADa). Esto no es una metáfora: el deporte puede ser un auténtico trabajo de musculación.

La creatividad también se entrena a través del movimiento

Existe una tendencia a pensar que la creatividad pertenece exclusivamente a las disciplinas artísticas. Sin embargo, la creación se trata fundamentalmente de combinar ideas, encontrar nuevas soluciones y adaptarse a situaciones cambiantes. Y sucede todo el tiempo en los juegos y deportes.

Cuando una persona juega anticipa escenarios, improvisa respuestas y modifica estrategias según las circunstancias. Estas acciones estimulan la interacción entre regiones del cerebro asociadas con funciones ejecutivas, flexibilidad cognitiva e imaginación. Cuantas más conexiones se establezcan entre diferentes áreas del cerebro, mayores serán las posibilidades de pensamiento creativo.

Por lo tanto, los entornos educativos que incluyen movimiento, juego y exploración corporal pueden promover no sólo el desarrollo físico, sino también la innovación, la capacidad de resolución de problemas y la adaptación a la incertidumbre.

Matemáticas e Historia del ‘Cuerpo’

En educación primaria esto se puede traducir, por ejemplo, en actividades donde los estudiantes representan conceptos matemáticos con su cuerpo, reconstruyen escenas históricas, exploran fenómenos científicos a través de juegos de simulación o trabajan el vocabulario moviéndose por diferentes espacios del aula.

En educación secundaria, por poner otro ejemplo, se puede incorporar movimiento a través de dinámicas de debate en las que los estudiantes cambian de posición según sus argumentos, representaciones de modelos científicos, actividades de aprendizaje basadas en proyectos que requieren experimentación y manipulación de materiales, o recorridos de observación y recolección de datos dentro y fuera del centro.

No se trata de que los alumnos se muevan más mientras aprenden, sino que aprendan a través del movimiento. Cuando el cuerpo participa en la construcción del conocimiento, el aprendizaje se vuelve más significativo, más creativo y más fácil de trasladar a nuevas situaciones. En todos estos casos, el cuerpo deja de ser un mero soporte de la mente y pasa a ser una herramienta activa para comprender, crear y tomar decisiones.

Aprende quienes somos

Pero, además, el valor educativo del movimiento va mucho más allá del rendimiento cognitivo. La actividad física proporciona una oportunidad excepcional para el autoconocimiento. Aprender a reconocer la respiración rápida, el cansancio, la tensión muscular o la relajación también ayuda a reconocer emociones como la alegría, la frustración, el miedo o la calma.

La neurociencia ha demostrado que algunas de las estructuras cerebrales implicadas en la percepción de las señales corporales también participan en la regulación emocional. Por eso la educación del cuerpo también contribuye a la educación de las emociones. La red neuronal que gobierna el equilibrio físico es la misma que gobierna el equilibrio emocional. Practicar el equilibrio físico del cuerpo desde la primera infancia favorece el equilibrio emocional posterior.

Esta dimensión cobra especial relevancia durante la adolescencia, una fase marcada por profundos cambios físicos, emocionales y sociales. El deporte orientado al crecimiento personal y no exclusivamente a los resultados competitivos puede fortalecer la autoestima, promover una identidad positiva y aprender a convivir con los errores, el esfuerzo y la superación.

Educar a todo el ser humano.

Quizás el principal mensaje de la neuroeducación en este ámbito sea que la separación tradicional entre cuerpo y mente es artificial. Aprendemos con todo el organismo. Pensamos sintiendo y sentimos pensando. El movimiento puede mejorar la memoria, la atención o la creatividad, pero también puede enseñarnos a colaborar, a perseverar, a conocernos mejor a nosotros mismos y a encontrarle sentido a lo que hacemos.

Por eso el deporte, entendido como el arte del movimiento, deja de ser una actividad complementaria y pasa a ser una herramienta educativa de primer nivel. En una era marcada por el sedentarismo y la hiperconexión digital, quizás una de las decisiones más innovadoras que pueden tomar las escuelas sea también una de las más antiguas: permitir que niños, niñas y adolescentes aprendan a través del movimiento, a través del deporte, el juego y la psicomotricidad. Porque, al fin y al cabo, el movimiento es nuestro primer idioma.


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