Si la UE logra armonizar los impuestos corporativos, ¿acabará la competencia fiscal entre los países europeos?

ANASTACIO ALEGRIA
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Durante más de una década, la Unión Europea ha estado buscando armonizar cómo se calcula y distribuye la base imponible (el monto sobre el cual se calcula el impuesto) de las empresas multinacionales en el impuesto a las ganancias.

El proyecto se llama Doing Business in Europe: A Framework for Income Taxation (BEFIT) y fue presentado por la Comisión Europea en 2023. La idea básica es que si las empresas que operan en varios países de la UE calculan sus ganancias de acuerdo con reglas comunes, será más difícil transferir artificialmente ganancias de un país a otro.

Hubo un tiempo en que el debate era bastante técnico, pero ahora está empezando a entrar en territorio político. El Parlamento Europeo discutió el proyecto y propuso enmiendas, mientras los estados miembros discuten el texto en el Consejo. Esto significa: empieza a tomarte a ti mismo en serio.

BEFIT se introdujo, en primer lugar, como respuesta al fenómeno BEPS (erosión de base imponible y traslado de beneficios); Es decir, estrategias utilizadas por algunas empresas multinacionales para trasladar ganancias a jurisdicciones con impuestos más bajos.

Pero primero debemos preguntarnos: ¿quién está provocando realmente este fenómeno?

El papel de los estados

Durante años ha habido una tendencia a presentar el problema como resultado de la creatividad fiscal de las empresas multinacionales. Sin embargo, muchos de los ejemplos más famosos dicen lo contrario. La planificación fiscal internacional para las empresas fue posible, en muchos casos, porque los propios Estados eran colaboradores necesarios.

Un ejemplo paradigmático fue el Doble Irlandés, que venía siendo utilizado desde hacía años por grandes empresas tecnológicas y farmacéuticas. Las regulaciones irlandesas sobre residencia fiscal corporativa permitían que las ganancias de la propiedad intelectual (software, patentes o fórmulas farmacéuticas) se ubicaran en jurisdicciones con impuestos bajos o nulos, generalmente Bermudas o las Islas Caimán. Irlanda también ha confirmado el tratamiento fiscal aplicable mediante resoluciones secretas.

La estructura funcionó sorprendentemente bien hasta que Irlanda dejó de permitir su uso en 2020, tras la presión de sus países vecinos. Un triunfo de la cooperación. O eso parecía, ya que la estructura finalmente influyó en la propia política fiscal europea.

De ‘Double Irish’ un ‘libro de patentes’

Hoy en día, prácticamente todos los países de la Unión Europea tienen algún tipo de incentivo fiscal que permite gravar con tipos reducidos los beneficios derivados de patentes, software o investigación (el llamado cuadro de patentes).

Este aumento en el número de patentes parece menos una ruptura con el pasado que una adaptación al éxito de aquellas estructuras en las que los países compiten para atraer ingresos por propiedad intelectual a cambio de impuestos más bajos.

Este es sólo uno de los muchos ejemplos en los que los países no sólo no cooperan para poner fin a la erosión de la base imponible y al traslado de ganancias, sino que son una parte necesaria de ello. El escenario europeo no es tanto de cooperación sino de competencia. Y ese contexto es crucial para comprender los desafíos del proyecto BEFIT.

La contabilidad como punto de partida

Para calcular la base sobre la que tributará la multinacional, la propuesta europea parte de los resultados contables de las empresas y a partir de ahí introduce ajustes fiscales comunes. A primera vista, parece una solución bastante práctica: la contabilidad es un instrumento común para cuantificar los beneficios empresariales. Pero este método de cálculo puede provocar efectos no deseados.

Europa no tiene una norma contable única. Las empresas pueden utilizar normas nacionales o normas internacionales de información financiera (NIIF), que afectan directamente a la base imponible. Cuando sucede algo así, las empresas multinacionales buscan el estándar más favorable (mientras los estados los ofrecen). Pero la contabilidad no es el único punto delicado del sistema.

El problema del factor de distribución.

El diseño mismo de BEFIT establece que, una vez calculada la base imponible, y después de un largo período de transición, los beneficios se distribuyen entre los países a través de factores como la propiedad, el trabajo y las ventas. La idea es atribuir beneficios donde se genera la actividad económica. El problema es que estos factores no son igualmente estables.

Los activos y empleados pueden transferirse a otras empresas del grupo, que estén ubicadas en países con menor tributación. Por otro lado, el factor ventas suele ser más difícil de manipular. Normalmente los clientes están donde están.

Sin embargo, debido a la forma en que BEFIT propone calcular, el factor de ventas podría ser menor en comparación con los activos y la mano de obra, que son más sensibles a la planificación.

Aunque aún no se ha definido la fórmula de reparto permanente prevista para la fase final del sistema y la Comisión podría proponer una más equilibrada, el riesgo persistirá mientras continúe la competencia entre Estados.

Problema de gestión

Quizás el verdadero desafío del proyecto BEFIT no sea técnico, sino de gestión: mientras los Estados miembros sigan compitiendo entre sí, la competencia fiscal no desaparecerá, sino que cambiará de forma. Desde impuestos visibles (aquellos claramente identificados por el contribuyente, como el IVA en la factura o el impuesto sobre la renta personal en la nómina) hasta el uso de los mejores estándares contables y factores de distribución, los estados recibirían las herramientas para seguir compitiendo en áreas no fiscales.

Además, el proyecto BEFIT no proporciona mecanismos lo suficientemente sólidos para abordarlos. Serían necesarios procedimientos consultivos, órganos supranacionales capaces de resolverlos cuando surjan, y cláusulas sobre compensación a los contribuyentes, para que no acarreen las consecuencias de una mala armonización fiscal.

En este contexto, es inevitable que haya conflictos entre estados. En ese caso, sería preferible mantener el escenario de sistemas tributarios independientes como está ahora.


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