¿Qué les sucede a los animales durante un eclipse solar?

ANASTACIO ALEGRIA
11 Lectura mínima

“Los pájaros cayeron del cielo y dejaron de cantar”, se lee en la primera observación registrada de un animal respondiendo a un eclipse solar, que data de mediados del siglo XVI.

Observaciones más recientes en zoológicos y el entorno natural describen cambios de comportamiento en varios grupos de animales, desde invertebrados hasta primates. Sin embargo, el análisis científico de los posibles efectos de un eclipse solar en los seres vivos es una tarea muy compleja que requiere el uso de avances tecnológicos más allá de las meras observaciones.

¿Qué pasará con los animales el 12 de agosto de 2026, cuando durante unos minutos a plena luz del día, una oscuridad repentina altere breve pero profundamente el paisaje, la temperatura, el viento o la humedad relativa?

Relojes biológicos: cómo la luz organiza la vida

Todos los organismos estudiados hasta ahora, desde las algas unicelulares hasta los mamíferos, exhiben ritmos en su comportamiento y fisiología que están sincronizados con los ciclos geofísicos del medio ambiente. El más importante es el ciclo diario de luz y oscuridad, que regula diversos procesos como el ciclo de sueño y vigilia, la actividad locomotora, la alimentación, la temperatura corporal o la secreción hormonal.

Muchos de estos ritmos no son simples respuestas pasivas a los cambios en el entorno. Los organismos cuentan con mecanismos internos capaces de medir el paso del tiempo, conocidos como relojes biológicos o circadianos, que forman el conocido sistema circadiano.

Su función principal es permitir la predicción de cambios cíclicos en el medio ambiente, de modo que la fisiología y el comportamiento puedan adaptarse antes de que se produzcan dichos cambios. Esta capacidad de organizar temporalmente la actividad del organismo representa una importante ventaja adaptativa, porque optimiza procesos como la búsqueda de alimento, el descanso, la reproducción o la evitación de depredadores.

El término circadiano proviene del latín circa diem (“aproximadamente un día”), ya que estos ritmos tienen períodos cercanos a las 24 horas. Durante décadas se desconoció cómo funcionan estos relojes, pero el descubrimiento de los primeros “genes de reloj”, las instrucciones genéticas que regulan estos ritmos, hace unos 40 años reveló su base molecular. La característica más sorprendente de estos osciladores es que pueden seguir funcionando incluso en ausencia de señales externas, lo que nos permite mantener una referencia temporal interna.

Sin embargo, los relojes circadianos no funcionan de forma aislada. Para estar al tanto del tiempo real, deben sincronizarse constantemente con su entorno. La señal principal para este ajuste de tiempo es la luz del amanecer, que modifica la actividad de los genes del reloj y ajusta los osciladores internos cada día para permanecer sincronizados con el ciclo diario de luz y oscuridad. La noche, sin embargo, es menos relevante para esa “fijación horaria”.

Así, en el eclipse que observaremos en la Península Ibérica, al estar cercano al crepúsculo natural, la señal será menos discordante con el sistema circadiano que si se produjera al mediodía. Por tanto, se espera que sus efectos sobre la organización interna del tiempo sean aún menores.

De nadar un poco a regresar a la colmena

Aunque la duración de un eclipse solar es demasiado corta para alterar los relojes biológicos y es probable que la mayoría de los animales experimenten este fenómeno sólo una vez en su vida, estudios publicados en las últimas décadas sobre grupos de animales muy diferentes muestran que un eclipse solar total puede provocar reacciones inmediatas en ellos.

En los ecosistemas acuáticos, numerosos organismos utilizan la luz para regular su posición en la columna de agua. En particular, los microorganismos que componen el zooplancton realizan migraciones verticales diarias, con el fin de optimizar su dieta y reducir el riesgo de depredación. Durante algunos eclipses se ha observado un aumento temporal de ciertos microorganismos marinos pelágicos -en aguas abiertas, sin contacto directo con el fondo marino-, un aumento de la bioluminiscencia, una disminución del movimiento natatorio de ciertos peces, una menor movilidad en la columna de agua e incluso un cambio en el color de su superficie corporal.

Los insectos terrestres también muestran respuestas rápidas a la pérdida de luz. Por lo general, las diurnas, como las mariposas o las hormigas, suelen reducir su actividad, descender al suelo o buscar refugio. Por el contrario, algunas especies nocturnas pueden volverse activas: grillos que emiten sonidos nocturnos característicos, polillas que emergen de sus escondites diurnos, escarabajos peloteros que detienen su actividad y excavan en sus madrigueras, o luciérnagas que emiten destellos de luz y comienzan sus rituales de apareamiento.

Las abejas son un grupo particularmente interesante, dada la importancia que juega la luz solar en su ciclo de vida diario. Durante la oscuridad total del eclipse, se notaron caídas drásticas en su actividad de recolección de néctar, regresando a la colmena como si el día hubiera terminado. Curiosamente, los vuelos de las abejas obreras durante las fases de eclipse parcial duraron más de lo habitual bajo la luz del sol, mostrando una notable plasticidad de comportamiento para adaptar su actividad de vuelo a los cambios en la intensidad de la luz durante el eclipse.

Influencia en el vuelo y el canto de los pájaros.

Por su parte, algunas aves reducen la actividad de vuelo durante la oscuridad total del eclipse, con una rápida recuperación cuando reaparece la luz del sol.

Ciertas especies incluso reducen o detienen su canto diurno, dejan de alimentarse y, en algunos casos, regresan temporalmente a sus lugares de descanso nocturno. Además, estas reacciones son más pronunciadas si el eclipse se produce durante la época de reproducción.

Se ha descrito que cuando finaliza el eclipse, gorriones, mirlos, estorninos y otras aves urbanas vuelven a cantar como si volviera a amanecer. Sin embargo, estas respuestas varían mucho entre individuos de una misma especie (algunos aumentan sus patrones de vocalización durante los eclipses) y entre diferentes especies (algunos parecen ignorar este fenómeno, especialmente si la oscuridad no alcanza niveles comparables a los del crepúsculo normal).

Teniendo en cuenta que el máximo oscurecimiento durante un eclipse dura sólo unos minutos, y que el resto del tiempo la intensidad de la luz es similar a la que pueden experimentar las aves en un día nublado, esta falta de coherencia en la respuesta de las aves ante el evento no debería sorprendernos. En este sentido, sabemos que en el control de sus vocalizaciones intervienen reguladores endógenos (niveles hormonales) y una gran cantidad de factores ambientales además de la intensidad lumínica, sin contar las interacciones con otras aves o animales (incluido el humano). Por todo ello, no podemos determinar si es la ausencia de luz la que determina las respuestas observadas o una combinación de diferentes factores implicados.

De la indiferencia de tu perro a la ansiedad de un primate

En el caso de los mamíferos, los estudios realizados describen respuestas muy variables y difíciles de generalizar.

Algunos mamíferos nocturnos, como los murciélagos, abandonan sus refugios durante los eclipses totales y rápidamente regresan a su comportamiento normal cuando regresa la luz del sol.

También sabemos que los animales domésticos (bovinos y ovinos) dejan de pastar y se dirigen a sus graneros, interpretando el eclipse como el paso a la noche. Las mascotas (perros y gatos) suelen mostrar una indiferencia generalizada (están muy adaptados a la luz artificial humana), aunque algunos parecen notar un cambio de entorno y permanecen atentos a los cambios en el comportamiento de las personas que les rodean.

Las observaciones realizadas en zoológicos describen diversos cambios de comportamiento en primates: algunas especies parecen iniciar comportamientos relacionados con el crepúsculo, aunque en su mayoría reaccionan con signos de ansiedad generalizada (agrupación defensiva, vocalizaciones de advertencia), como si se enfrentaran a una situación estresante. Es posible que esta respuesta de ansiedad durante el eclipse no sea atribuible al eclipse en sí, sino a la reacción de las personas que los observan durante el eclipse.

No hay desequilibrio en los relojes biológicos

Los eclipses son eventos impredecibles y demasiado raros para favorecer los mecanismos adaptativos en los animales. Si fuera beneficioso responder a los cambios inmediatos asociados a este fenómeno, todos los individuos de una especie mostrarían la misma respuesta adaptativa, pero no es así.

Lo que observamos durante un eclipse no son animales con relojes biológicos desequilibrados, sino respuestas fisiológicas inmediatas para contrarrestar un cambio ambiental extraordinario. En cronobiología, este fenómeno se conoce como enmascaramiento: la luz o la oscuridad modifican directamente el comportamiento sin alterar necesariamente los relojes internos, que siguen manteniendo la hora exacta.

En cierto modo, un eclipse solar es un experimento natural notable, una breve “confusión” que, sin cambiar las reglas biológicas que rigen el comportamiento animal, nos permite observar los engranajes del tiempo biológico en funcionamiento de una manera tan espectacular como rara.

Esquema de cómo afecta un eclipse a los seres vivos. Esther Isorna, María Jesús Delgado.

Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo