Aunque aún se desconoce la causa de la enfermedad de Alzheimer, existen varios factores de riesgo conocidos. Uno de ellos son los niveles elevados de colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”) en la mediana edad, un factor modificable asociado con una mayor probabilidad de desarrollar demencia.
Las estatinas son uno de los tratamientos más recetados a nivel mundial para reducir el colesterol LDL, y lo hacen bloqueando la enzima encargada de su síntesis en el hígado (HMG-CoA reductasa). Numerosos ensayos clínicos han demostrado que estos fármacos reducen significativamente el riesgo de infarto de miocardio, ictus y muerte de origen cardiovascular, tanto en personas con enfermedad cardiovascular previa como en aquellas con alto riesgo de desarrollarla.
Sin embargo, cuando trasladamos la pregunta al cerebro, la respuesta ya no es tan sencilla. El metabolismo del colesterol en el cerebro es muy diferente al del resto del cuerpo, lo que ha desatado un intenso debate sobre si este fármaco puede tener efectos beneficiosos o perjudiciales en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
El papel esencial del colesterol en el cerebro
El cerebro representa sólo el 2% de nuestro peso corporal, pero contiene una cuarta parte del colesterol total del cuerpo. La mayoría de ellos se sintetizan localmente en el propio sistema nervioso y están protegidos por la llamada barrera hematoencefálica. Este lípido es necesario para la formación y mantenimiento de las membranas neuronales, las sinapsis (el punto de conexión que permite a las neuronas comunicarse entre sí), la mielinización de los axones (la capa protectora que protege la extensión de las neuronas) y, en general, para el desarrollo y funcionamiento normal del sistema nervioso. Sin colesterol, el cerebro no podría funcionar correctamente.
Por tanto, la relación entre el colesterol en sangre, la salud cerebral y el deterioro cognitivo es mucho más compleja de lo que solemos pensar. Como señalamos anteriormente, diversos estudios demuestran que niveles elevados en la mediana edad se asocian con una mayor probabilidad de sufrir demencia décadas después. De hecho, la Comisión Lancet para la Prevención de la Demencia incluyó recientemente el colesterol LDL elevado como uno de los 14 factores de riesgo modificables sobre los que vale la pena actuar. Según este panel de expertos, el 45 por ciento de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse si se controlaran estas condiciones.
Y ahí es donde entran en juego las estatinas. Porque además de reducir el colesterol, tienen efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían ser de interés en enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, los resultados de las investigaciones realizadas hasta la fecha son contradictorios.
Teniendo todo esto en cuenta, nuestro equipo de investigación se preguntó: ¿qué pasaría si inhibiéramos la síntesis de colesterol en el cerebro?
Lo que observamos en miles de pacientes
Para investigar esta cuestión, analizamos datos de más de 47.000 pacientes ancianos con factores de riesgo cardiovascular. Nuestros resultados sugieren que las estatinas hidrófilas (aquellas que por su naturaleza no pueden cruzar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro) pueden estar asociadas con un menor uso de fármacos para el Alzheimer que las estatinas lipófilas (aquellas que cruzan esta barrera), lo que sugiere que las primeras pueden tener un efecto protector.
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Asimismo, observamos diferencias entre distintos principios activos específicos: rosuvastatina (estatina hidrófila de alta potencia) y pitavastatina (estatina lipófila de baja potencia) mostraron asociaciones más favorables que atorvastatina (estatina lipófila de alta potencia).
Modalidades de estatinas. ¿Qué significan estos resultados?
Es importante enfatizar que nuestros hallazgos no muestran que una estatina prevenga la enfermedad de Alzheimer o que otra la promueva. Los estudios observacionales permiten detectar asociaciones, pero no establecer relaciones de causa y efecto. Además, las personas que reciben diferentes tratamientos pueden diferir en edad, factores de riesgo cardiovascular, comorbilidades o gravedad de la enfermedad.
Por tanto, estos resultados deben interpretarse como una nueva hipótesis de investigación. Aunque mantener el colesterol LDL dentro de los niveles recomendados sigue siendo fundamental, nuestro trabajo sugiere que las propiedades farmacológicas de las estatinas, en particular su capacidad para cruzar la barrera hematoencefálica, pueden influir en la salud del cerebro.
El objetivo no es sólo proteger el corazón, sino hacerlo sin comprometer los mecanismos que mantienen sano el cerebro durante el envejecimiento.
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