Por qué es mejor tener un sistema sanitario que no deje a nadie atrás

ANASTACIO ALEGRIA
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El pasado mes de marzo, el Ministerio de Sanidad español aprobó un real decreto para restablecer la universalidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). Aunque esta noticia es positiva, la reforma ha suscitado críticas al afirmar que la extensión del derecho a la asistencia sanitaria a un grupo de inmigrantes en situación administrativa irregular podría suponer una carga aún mayor para el SNS, al sobresaturar los centros sanitarios y hospitales.

Sin embargo, la universalidad de los sistemas de salud debe entenderse no sólo como una cuestión de derechos humanos, sino también como una de las características que garantizan su sostenibilidad.

Universalidad en el sistema de salud.

En los últimos 40 años, el SNS se ha configurado a través de diversas normas sanitarias (Ley General de Sanidad, Ley de Cohesión y Calidad del SNS y Ley General de Salud Pública) con la universalidad como uno de sus pilares básicos. Este principio fue roto en 2012 por una reforma legislativa. Esto, referido a la racionalización del gasto público, excluyó de la atención sanitaria a los migrantes en situación administrativa irregular, con algunas excepciones como menores o mujeres embarazadas.

Las consecuencias de la reforma fueron tangibles. En los tres años posteriores a su aprobación, entre los migrantes en situación administrativa irregular hubo 246 muertes más de las esperadas para el mismo período. En 2018 se intentó restablecer la universalidad adoptando un nuevo real decreto-ley, pero el contenido de la norma y su aplicación desigual entre las comunidades autónomas mantuvo situaciones de exclusión sanitaria.

La última reforma de marzo de 2026 tiene como objetivo restaurar la universalidad del sistema. El texto incluye importantes novedades, como la ampliación de la posibilidad de acreditar la residencia en España, el reconocimiento temporal del derecho desde la presentación de la solicitud o su validez en todo el territorio sin necesidad de incoar expediente en caso de cambio de residencia a otra comunidad o ciudad autónoma. Esto implica la simplificación de los procedimientos y la reducción de barreras administrativas para facilitar el reconocimiento del derecho a la atención sanitaria.

Además: La atención temprana debería ser un derecho universal, necesario para el tratamiento de enfermedades raras

El estado de salud de la población migrante y el uso del sistema de salud

La evidencia muestra que, en general, este grupo goza de mejor salud y, por lo tanto, utiliza menos el sistema de salud que la población nativa. En este sentido, el Ministerio de Sanidad ha elaborado un informe que analiza esta cuestión en España a partir de datos públicos a nivel nacional. Del informe se desprenden algunas conclusiones.

Por un lado, la población nacida en España tiene una mayor prevalencia en la mayoría de los problemas de salud incluidos en el análisis (16 de 21 problemas de salud) en comparación con la población de otras regiones. Esto llama especialmente la atención en los cambios en el metabolismo lipídico, los trastornos relacionados con la ansiedad, el asma y las infecciones respiratorias agudas, donde la diferencia es superior a veinte puntos, seguidos del abuso de drogas, el ictus, los trastornos depresivos, las neoplasias malignas o la obesidad, entre otros.

Por otro lado, las personas nacidas en España también tienen una mayor proporción de problemas de salud crónicos. Entre un 24% y un 38% más que el resto de grupos al analizar a personas con al menos un problema de salud crónico, y entre un 14% y un 65% más al analizar la presencia de tres o más enfermedades crónicas.

Los inmigrantes declaran un menor uso del sistema sanitario en comparación con las personas nacidas en España. La población migrante muestra un menor índice de consultas y procedimientos (incluidos diagnósticos y terapéuticos) y un menor consumo de drogas en comparación con la población autóctona. Además, los inmigrantes utilizan menos los servicios de atención primaria de salud y las consultas hospitalarias, mientras que acuden más a los servicios de urgencia.

Las barreras que enfrentan estas personas para acceder al sistema significan que algunas consultan cuando tienen problemas de salud graves que requieren atención urgente, particularmente cuando el acceso a niveles de atención que permiten la continuidad de la atención, como la atención primaria, es limitado.

Un estudio realizado en Zaragoza constata que la tasa de visitas a atención primaria entre los inmigrantes en situación irregular es incluso menor que entre las personas nacidas en España de una clase social más baja. Lo que demuestra que el estatus administrativo es un determinante del acceso a un importante sistema de salud.

El menor uso del sistema sanitario por parte de la población migrante también se explica por el “efecto migrante sano”. Los inmigrantes suelen tener un mejor estado de salud que la población autóctona porque son más jóvenes y se encuentran en una fase activa desde el punto de vista laboral. A medida que aumenta la duración de la estancia en el país, su estado de salud se vuelve más similar al de la población local porque están expuestos a los mismos factores de riesgo, sufren peores condiciones socioeconómicas y tienen más barreras para acceder a los servicios públicos.

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Cuatro razones para defender la universalidad del sistema sanitario

Es más eficiente: limitar el acceso a la atención primaria y a los programas preventivos desplaza la atención médica hacia la atención de emergencia debido a una mayor gravedad, lo que significa más costos para el sistema.

Cada vez es más justo: el SNS dejó de financiarse con las cotizaciones a la seguridad social en 1997. Actualmente, toda persona, migrante o no, que reside en España y paga, por ejemplo, impuestos al consumo, contribuye a la sostenibilidad del sistema sanitario).

Protege mejor la salud: los sistemas universales permiten una mejor vigilancia epidemiológica y una mejor preparación en caso de brotes y emergencias de salud pública.

Es más democrático y ético: la universalidad ayuda a construir sociedades más cohesivas, fortalecer la confianza institucional y la equidad, reduciendo las desigualdades en salud vinculadas a las barreras de acceso a los servicios de salud.

Garantizar el acceso a los sistemas de salud para todas las personas no es sólo una cuestión moral. La evidencia nos muestra que los sistemas universales conducen a mejores resultados para la sociedad en su conjunto y contribuyen a la sostenibilidad del sistema mismo. Debemos unirnos y trabajar para construir salud para todos).


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