¿Cómo sienten y valoran el trabajo por proyectos los jóvenes de 18 a 29 años? Esta es la pregunta que queríamos responder en el grupo de investigación internacional “Huellas” con el proyecto de investigación “Valores, esperanzas y expectativas de los jóvenes: trabajo y compromiso cívico”, que abarca nueve países de cuatro continentes.
Para ello, entrevistamos a 9.018 personas en Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Filipinas, Italia, Kenia, México y Reino Unido. Los hallazgos, con un nivel de confianza del 95% y un margen de error de ±1,1%, desafían los estereotipos sobre la Generación Z: no son ni puramente materialistas ni completamente idealistas. Son ante todo personas pragmáticas con aspiraciones personales.
El salario manda, pero no lo es todo.
Para el 29% de los encuestados, un buen salario es el aspecto más importante del trabajo, por delante de la realización personal (14%) y el buen ambiente laboral (13%). Pero el valor que dan por el dinero tiene sus límites. El 48% dice que dejaría un trabajo en un entorno difícil, estresante o desagradable, incluso si estuviera bien remunerado y tuviera un contrato indefinido. Entre las mujeres, ese porcentaje se eleva al 53%.
La incompatibilidad con los valores de la empresa (25%), las dificultades para conciliar la vida familiar (23%) o sentirse incapaz de seguir una carrera profesional (22%), son otros de los motivos de su salida.
Teletrabajo: libertad con costes sociales
El 71% de los jóvenes trabajaba o estudiaba a distancia al menos ocasionalmente. Los jóvenes aprecian especialmente los horarios de trabajo flexibles (60%) y un mejor equilibrio entre la vida y el trabajo (58%). Pero el 44% de los encuestados teme el aislamiento social que puede provocar, mientras que el 39% cree que el trabajo remoto empeora la comunicación entre los equipos de trabajo.
La paradoja es elocuente: valoran la flexibilidad pero pasan por alto la dimensión relacional del espacio de trabajo. Los jóvenes del Reino Unido (50%) y Kenia (51%) son los más preocupados por el aislamiento social causado por el teletrabajo.
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El optimismo selectivo y la brecha entre países
Tres de cada cuatro jóvenes afirman tener algún tipo de título profesional. Además, el 55% de los jóvenes con una clara vocación se consideran afortunados frente al 27% de los que no la tienen. Esta vocación es más común en los campos de la salud y la educación (84%) y la ingeniería (81%). “Pasión” (15%) y “carrera profesional” (14%) encabezan la lista de palabras utilizadas por los jóvenes para definir su actitud hacia el empleo. Sólo el 5% los asocia con “sacrificio” o “servicio”.
El 60% de los encuestados cree que las oportunidades laborales serán mejores en el futuro. Pero este optimismo no está distribuido de manera uniforme: en México supera el 70%, mientras que en Italia alcanza sólo el 32% y en Estados Unidos el 42%.
La esperanza también está relacionada con la espiritualidad: los jóvenes creyentes muestran un mayor nivel de esperanza y confianza en el futuro del trabajo (48%) que los no creyentes (33%).
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Los jóvenes españoles y latinoamericanos antes del trabajo
El joven español medio valora su satisfacción con la vida en un 6,7 sobre 10 y muestra un marcado pragmatismo: el sector público es un destino deseable para el empleo. Además, la tecnología proyecta problemas puntuales y el 47% teme que la inteligencia artificial sustituya sus funciones, tres puntos por encima de la media internacional.
En el ámbito del trabajo a distancia, España refleja la misma paradoja que sus homólogos: se valora la flexibilidad y la acomodación, pero se tolera el aislamiento social. Los jóvenes dan mucha más importancia a las habilidades humanas, como el trabajo en equipo (27%) y la comunicación (24%), que a las habilidades digitales (11%) o las habilidades lingüísticas (10%).
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Por su parte, América Latina lidera los índices de felicidad y satisfacción con la vida en el estudio, con una conexión muy pronunciada con las creencias religiosas. Los jóvenes de Brasil (7,5/10) y México (7,4) encabezan el ranking mundial de felicidad, situándose muy por encima de países europeos como España (6,7) o Italia (6,5).
En lo que respecta al empleo, el factor económico sigue siendo el principal impulsor. Argentina y México son los países que más priorizan la “buena remuneración” (35%) por encima de cualquier otro aspecto, superando el promedio global del 29%.
Los jóvenes brasileños muestran uno de los índices más altos de confianza en la educación como medio para obtener empleos bien remunerados (92%). Por otro lado, Argentina destaca negativamente como el país donde los jóvenes reportan mayores dificultades para encontrar empleo debido a la falta de vacantes (67%) y falta de experiencia previa (48%).
Ante la incertidumbre, la familia sigue siendo el principal refugio. Cuando sólo el 54% de los jóvenes españoles dedica deliberadamente tiempo al descanso y la renovación personal -por debajo del 64% global-, la familia se consolida como el principal sistema de apoyo ante los obstáculos académicos y laborales.
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Lo que los empleadores necesitan escuchar
Los jóvenes no han abandonado el trabajo, pero necesitan una dimensión humana que las estructuras tradicionales muchas veces ignoran. Quieren un salario digno, pero también un propósito que no choque con sus valores y un entorno que no les pase factura emocional.
Los datos sugieren que la respuesta al futuro del trabajo no es tecnológica, sino profundamente conectada, y que el éxito de las organizaciones dependerá de su capacidad para ofrecer algo más que una nómina: un lugar para estar y crecer.
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