Más control, menos acogida: así ha cambiado la política migratoria de la UE

ANASTACIO ALEGRIA
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En espacios geopolíticos, como la Unión Europea, donde la flexibilidad, la relativización e incluso el desmantelamiento de las fronteras estatales han tenido cada vez más resonancia, las fronteras internas se han liberalizado en la misma medida que las fronteras externas se han fortalecido y fortalecido.

Las fronteras europeas ya no son sólo terrestres

La llamada “Fortaleza Europa” -una especie de “balneario blindado” en medio de un mundo inestable- es mucho más que un recurso retórico útil: es una realidad tangible, diseñada para proporcionar una zona de prosperidad e intentar contener la expansión de la pobreza planetaria en ella.

Apenas han transcurrido tres décadas desde que se desmanteló el Telón de Acero, nuevas barreras, no menos reales, se están levantando de nuevo en los propios márgenes de la Unión: la cortina de alambre de púas.

Este cambio de política tiene un protagonista central: la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, más conocida como Frontex. Fundada en 2004 para coordinar las fronteras exteriores del espacio Schengen, su papel se ha ampliado significativamente y se ha convertido en el actor más relevante de la política migratoria europea.

Hoy, no sólo coordina las operaciones de vigilancia y control, sino que también juega un papel clave en la proyección de la política migratoria de la Unión Europea hacia terceros países.

10.000 soldados para 2027

Tras una ambiciosa reforma aprobada en 2019 –que pretende ir más allá de su mera función de coordinación y dotar de capacidad operativa con un cuerpo propio de agentes uniformados y armados– y que se espera alcance unos 10.000 soldados en 2027, se están sentando las bases de una verdadera fuerza policial para las fronteras exteriores de la Unión.

Su misión consiste básicamente en vigilar e interceptar los flujos migratorios irregulares en mar abierto, lo que implica trasladar fronteras hacia el interior, así como gestionar los procedimientos de retorno de los migrantes interceptados.

Este proceso de transformación estuvo acompañado de un aumento muy significativo del presupuesto, de las funciones y de las capacidades operativas. Si en 2005 su presupuesto era de poco más de seis millones de euros, en 2025 ya superará los mil millones, lo que refleja el creciente papel central del control fronterizo en la agenda europea.

Este desarrollo no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto global. En los últimos años, los desplazamientos forzados han aumentado significativamente. Según datos de ACNUR, a finales de 2024 había más de 120 millones de personas desplazadas en el mundo.

Ante este escenario, la gestión de la migración se ha colocado en el centro del debate político europeo. Sin embargo, la respuesta de la Unión Europea no priorizó el refuerzo de los mecanismos de acogida o protección, sino el endurecimiento de los controles fronterizos.

De un desafío humanitario a un problema de seguridad

En la misma línea, los recientes desarrollos regulatorios vinculados al nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo –aprobado en 2024 y cuya plena implementación está prevista para 2026– fortalecen los procedimientos fronterizos expeditos, amplían los casos de detención y consolidan las políticas de retorno y la subcontratación del control migratorio. Lejos de mitigar o matizar la tendencia descrita, estas medidas la profundizan.

De esta forma se impone una lógica de seguridad clara. Frontek opera sobre la base de este enfoque, que entiende la migración como un factor de riesgo y no como una realidad con un componente humanitario. Como consecuencia, los migrantes se presentan como una amenaza potencial, lo que legitima el uso intensivo de medios policiales, militares y tecnológicos para gestionar su movilidad.

Esto es lo que se puede llamar un procedimiento de seguridad: una forma de actuación basada en la vigilancia, la predicción y el control. Paralelamente, las operaciones de rescate en el mar se han reducido significativamente, especialmente en el Mediterráneo.

Por tanto, Frontex ocupa una posición central en este modelo. Su crecimiento va acompañado de una mayor implicación en operaciones de vigilancia marítima, control de fronteras y cooperación con países de fuera de la Unión Europea. Sin embargo, este protagonismo también ha estado acompañado de controversia.

En los últimos años, diversas investigaciones han señalado posibles violaciones de derechos humanos y actos criminales de negación del deber de asistencia, lo que ha provocado críticas tanto a la agencia como al enfoque general de la política migratoria europea.

Cómo define Europa quién merece protección

No está escrito que la Unión Europea deba actuar siempre de esta manera. De hecho, la respuesta europea a la guerra en Ucrania ha demostrado que es posible gestionar los movimientos masivos de refugiados respetando los derechos humanos y guiándose por el principio de solidaridad, lo que pone en duda el funcionamiento habitual de Frontex y sugiere posibles sesgos en la aplicación de las políticas de admisión.

Por tanto, cabe preguntarse si estos problemas son casos aislados o si responden a problemas más profundos. Es particularmente relevante analizar en qué medida están conectados con la propia lógica de seguridad que guía las acciones de Frontex en detrimento del acceso humanitario, así como con las desigualdades interestatales, las relaciones de poder entre el Norte y el Sur global y los posibles sesgos institucionales en la gestión de la movilidad.

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Esto también plantea dudas sobre la conveniencia de tratar los movimientos migratorios con medios específicos para la lucha contra el crimen transfronterizo o el terrorismo internacional, especialmente cuando se trata de personas en situaciones vulnerables, así como los riesgos de su creciente cooperación con actores como la OTAN.

En este sentido, más que un actor neutral, Frontex emerge como una parte clave de un modelo de gestión de fronteras que plantea importantes cuestiones sobre el equilibrio entre seguridad, soberanía y derechos humanos en la Europa actual.


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