Amaneció hace unas horas. Las gaviotas descansando sobre la arena de la playa vuelan ante el lento pero constante avance de un grupo de personas. Alguien recoge una botella medio enterrada en la arena; Otra persona llena una bolsa con fragmentos de plástico, el tipo de basura más común en las playas atlánticas de Europa. No hay prisa, pero el gesto se repite una y otra vez, sin pausa.
En unas horas la playa tendrá un aspecto diferente: más limpia, más virgen. Es como si la basura nunca hubiera existido. Cuando el grupo se vaya, no quedará rastro de su trabajo. Probablemente ni siquiera en las estadísticas. Y, sin embargo, este esfuerzo -que se repite cientos de veces al año- tiene un valor económico, pero también ecológico y social que no podemos ignorar.
Un trabajo casi invisible
La gestión de los residuos de las playas suele estar asociada a los servicios municipales: máquinas, operadores, contratos públicos. Esto es lo que aparece en los presupuestos y las estadísticas. Pero hay otra capa mucho menos visible pero esencial: el voluntariado.
A través de informes sobre proyectos de voluntariado ambiental de diversas organizaciones no gubernamentales y fundaciones como European Environment, Ocean Conservancy, el proyecto Circular Seas o PLANCTON entre otras, es posible tener una valoración de estas actividades en España. Sin embargo, en estos documentos se omiten muchas otras pequeñas acciones voluntarias. ¿Cómo entonces saber el alcance de estas iniciativas? ¿Cuántas personas se ofrecen de forma altruista para limpiar nuestras playas?
Se espera que cuando una asociación de vecinos, ONG o cualquier otro grupo planifique una limpieza voluntaria de playas, intente fomentar la participación a través de las redes sociales. Esta idea se basa en un estudio publicado en la revista Marine Pollution Bulletin que, analizando miles de mensajes en X e Instagram, permitió hacer algo insólito: detectar y cuantificar esta actividad “invisible”.
Aplicado al litoral español, el estudio identificó 487 llamadas de ciudadanos para limpiar playas durante 2024; El 94% no fueron incluidos en los informes de otros grandes proyectos medioambientales. Puede que no parezcan muchas, pero son poco más de la mitad de las actividades que se reportan.
Más allá de las cifras generales, los datos de las redes sociales revelaron patrones interesantes. Galicia, la tierra de nunca más, con 130 actuaciones de limpieza reveladas en las redes sociales, es la comunidad que refleja una mayor movilización ciudadana. Le siguen en este orden Andalucía y Canarias. Sin embargo, si hacemos un ratio según el número de playas de cada comunidad, entonces Andalucía y la Comunidad Valenciana son las que mayor énfasis ponen en la limpieza de sus playas de arena.
A excepción de la movilización ciudadana por el vertido de pellets de plástico del carguero Toconao ocurrido en invierno, el voluntariado alcanza su punto máximo durante la primavera y vuelve a descender durante el verano, lo que coincide con el fortalecimiento de los servicios de limpieza municipales.
El valor del altruismo
Es difícil valorar el voluntariado. Pero hay una forma indirecta de hacerlo: calcular cuánto costaría hacer el mismo trabajo con medios profesionales. Siguiendo este planteamiento, el estudio calcula que el esfuerzo de quienes desinteresadamente limpian las playas en España ascendería a cerca de 3 millones de euros al año.
No se trata de “pagar” para ser voluntario. Tampoco debería sustituir los servicios profesionales. Pero poner números ayuda a entender su magnitud. Cuando hacemos esto, lo que parecía una actividad única se convierte en un componente económico relevante para sostener los servicios de los ecosistemas costeros.
Sin embargo, el valor económico no es comparable a su valor ambiental y social. La limpieza que realizan los voluntarios suele realizarse a mano, lo que los hace especialmente útiles en zonas de difícil acceso o ecológicamente sensibles, como dunas o zonas de anidación, donde la maquinaria puede dañar la biodiversidad.
Además, estas acciones crean beneficios sociales invaluables. Por un lado, fortalecen la conciencia ambiental de quienes participan y de quienes observan la actividad. Por otro lado, conectan a las personas con el entorno natural, con efectos positivos sobre el bienestar físico y psicológico, hasta el punto de que incluso los suecos lo han convertido en un deporte. Y con playas más limpias, mejora la percepción y el atractivo de las zonas costeras, lo cual es crucial en regiones que dependen del turismo.
Ciencia ciudadana que no sabíamos que existía
Un elemento interesante de este estudio es la forma en que se descubrió este fenómeno. Las redes sociales, muy criticadas hoy en día, se convierten aquí en una herramienta científica: permiten el seguimiento de actividades espontáneas, descentralizadas y, sobre todo, no institucionalizadas. Este tipo de enfoque se conoce como “ciencia ciudadana pasiva”; En lugar de pedir datos a la población, utilizan la información que ya generan.
Gracias a ello, es posible tener una visión mucho más completa del problema de las basuras marinas, pero también de las soluciones que ofrece la propia sociedad.
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Reconocer el papel del voluntariado
El voluntariado ambiental se considera tradicionalmente un complemento, casi un gesto simbólico para abordar problemas de gran escala. Pero los datos apuntan en otra dirección. Cuando miles de personas actúan de manera distribuida, sus efectos se acumulan: toneladas de desechos eliminados, hábitats protegidos, costos evitados, conocimiento generado. Y, quizás lo más importante, una comunidad más involucrada en la conservación del medio ambiente.
El reconocimiento de este papel no implica una sustitución de políticas públicas o servicios profesionales. Significa empezar a decir lo que no hemos dicho antes e integrar el voluntariado en nuestra forma de entender y gestionar la costa.
Apenas amanecía. Las gaviotas pasan volando mientras un grupo de personas avanza lentamente por la arena. Se agacha una y otra vez, repitiendo un gesto sencillo que apenas deja huella. Las playas se limpian con máquinas, pero el mantenimiento se hace a mano. Y ese esfuerzo, aunque muchas veces no aparece en ningún informe, tiene un valor que no podemos ignorar.
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