El mito griego (mythos) dice que los dioses le dieron a Pandora una vasija con la orden de que nunca la abriera. Cuando la curiosidad se apoderó de ella, todos los males del mundo huyeron de su interior, sin posibilidad de volver a traerlos a su interior.
El viernes pasado (12 de junio), la administración Trump ordenó sorprendentemente a Anthropic suspender el acceso a sus últimos modelos de inteligencia artificial, Fable 5 y Mithos 5, a cualquier ciudadano extranjero, dentro o fuera de los EE. UU. Y así abrió la caja de Pandora de la inteligencia artificial. Anteriormente, el 5 de marzo de 2026, el Pentágono anunció una decisión inusual: declarar a Anthropic un “riesgo para la cadena de suministro”. Ahora ha ido más allá.
Ante la dificultad de implementar en la práctica esta discriminación de usuarios, la empresa decidió desactivar el modelo para todos.
Veto el acceso a modelos por parte de extranjeros
La medida marca un antes y un después en el desarrollo de la inteligencia artificial, ya que por primera vez el gobierno norteamericano ha decidido restringir el acceso a determinados modelos de inteligencia artificial a extranjeros.
El detonante, según Anthropic, fue que las autoridades identificaron un método para eludir (hacer jailbreak) las medidas de seguridad del Fable 5, lo que podría desbloquear las capacidades de ciberseguridad del modelo y poner en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos.
Las capacidades de estas herramientas para encontrar fallas en los sistemas informáticos y las grietas por las que pueden deslizarse para obtener información las convierten en un arma poderosa para los ciberdelincuentes. La compañía respondió que el error es limitado, no universal, y que la misma técnica podría afectar a modelos de la competencia que no están sujetos a la misma limitación.
Salvo cierto episodio, este precedente reconfigura el tablero.
Botón rojo IA
Hasta ahora, los controles de exportación se han centrado en cosas tangibles: chips, máquinas de litografía, software. Fable muestra que un gobierno puede vetar y controlar instantáneamente el acceso global a un servicio de IA sin que los usuarios, empresas o gobiernos afectados puedan hacer nada.
Como la caja de Pandora, una vez abierta, no hay forma de volver a introducir su contenido. Así que incluso si Washington invierte el orden, el mensaje es irreversible: ha demostrado que tiene el control y que, si quiere, puede ejercerlo. Esa seguridad pasa a formar parte del cálculo de cada país y de cada empresa que depende de los modelos americanos, y no hay vuelta atrás para la capacidad que ya ha quedado expuesta.
En la era de la inteligencia artificial, el acceso a los modelos más avanzados es fundamental, porque no es un sector más, sino que se ha convertido en una tecnología que está transformando la economía, la sanidad, la defensa y la educación, entre otras.
Entonces, quien tenga los mejores modelos, datos e infraestructura (conocido como AI Stack) tendrá ventaja en casi todo lo demás.
De ahí la contradicción del movimiento estadounidense: el país quiere ser al mismo tiempo el mayor desarrollador mundial de inteligencia artificial, conservando al mismo tiempo el poder de fijar prioridades y decidir quién y cómo acceder a sus avances. Sin embargo, ambas aspiraciones pueden volverse contradictorias en la práctica, ya que muchos países pueden reconsiderar los riesgos de hacer que su economía y su infraestructura crítica dependan de un proveedor que se reserva el derecho de excluirlos.
¿Un nuevo impulso a la soberanía digital?
La consecuencia lógica última de este hecho podría ser una salida de la dependencia tecnológica de los grandes actores del mundo de la inteligencia artificial y una intensificación de la búsqueda de lo que se conoce como soberanía digital.
Así pues, a la luz de este último episodio, apostar todo a un único proveedor aparece cada vez más como una estrategia arriesgada, ya sea Washington o Beijing.
Este episodio puede acelerar el movimiento hacia la consecución de una inteligencia artificial soberana que no dependa de agentes externos. Sin embargo, es importante matizar este punto y confirmar que el verdadero objetivo realista no es la autosuficiencia completa, sino la autonomía estratégica: diversificar, controlar los puntos críticos y evitar quedar encerrados en un solo actor.
Una verdad desagradable para Europa
Para la Unión Europea en particular, este episodio refleja una verdad incómoda. Si bien se han puesto todas las apuestas en el efecto Bruselas y su poder regulatorio en el mundo digital como forma de influir en el tablero geopolítico (Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), Ley de IA, etc.), la realidad es que el caso Fable demuestra que controlar a las empresas que realmente desarrollan la tecnología puede ser mucho más decisivo que regular su uso.
Quien controle el modelo puede apagarlo; quien solo lo regula, no. Si bien la regulación sigue siendo necesaria, el caso Fable pone de relieve las limitaciones de una estrategia digital basada únicamente en la regulación.
En consecuencia, la UE podría reaccionar y finalmente verse alentada a desarrollar su propio ecosistema de inteligencia artificial si no quiere depender únicamente de actores externos. Lo que proporcionaría nuevos argumentos a favor de la tan discutida autonomía estratégica europea.
Sin embargo, la paradoja final es que una medida diseñada para proteger los intereses nacionales de Estados Unidos puede terminar socavando su propio liderazgo en la carrera de la IA: al recordar al mundo que esta tecnología tiene un reemplazo en Washington, ha dado a todos los demás la mejor razón para reducir su dependencia tecnológica del gigante estadounidense y construir sus propias capacidades.
Estados Unidos abrió así su propia caja de Pandora: al revelar al mundo su poder sobre la tecnología, desató la certeza de que nunca podría volver a sí mismo.
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