El miércoles 17 de junio de 2026 será recordado como un día histórico para la biotecnología y la agricultura en Europa. El Parlamento Europeo anuló, una a una, todas las enmiendas registradas por distintos partidos políticos contra el reglamento que regula el uso de las llamadas nuevas tecnologías genómicas (NGT) en plantas. Estos incluyen herramientas de edición de genes CRISPR.
Finalmente, después de muchos años de aislamiento tecnológico, los agricultores europeos podrán beneficiarse, aunque con muchas limitaciones, del cultivo de plantas editadas con CRISPR para producir otras mejor adaptadas, resistentes a las plagas o con mayores tasas de productividad. Podrán hacer lo que los agricultores y productores de la mayoría de los demás países han estado haciendo durante años.
Por eso, sobre todo, debemos alegrarnos y celebrar este importante avance.
Un jarro de agua fría y tonterías científicas
Echemos un vistazo a cómo llegamos hasta aquí. Tras la llegada de las herramientas de edición genética CRISPR en 2012 y su difusión universal en 2013, investigadores y productores de plantas vislumbraron un futuro lleno de éxito, con cultivos de plantas genéticamente editadas, más productivas, más resistentes a las plagas, con nuevas características.
Pero en julio de 2018, el Tribunal de Justicia de la UE echó un jarro de agua fría sobre estas expectativas cuando respondió a la pregunta de si la edición genética mediante CRISPR podría constituir una excepción a la ley sobre organismos genéticamente modificados (OGM), como se acordó previamente con las plantas obtenidas por mutación química y radiación. La cuestión fue planteada por un sindicato de agricultores franceses y el gobierno francés, tradicionalmente opuestos a los avances biotecnológicos en la agricultura.
El Tribunal de Justicia les dio la razón y dictaminó que los organismos editados con CRISPR pueden presentar los mismos riesgos para la salud humana y el medio ambiente que supuestamente plantean los OGM (aunque no se ha encontrado ninguno de los numerosos análisis realizados durante 20 años). En conclusión, no fueron una excepción y estarán sujetos a la misma ley aprobada en 2001 para los OGM, cuando se descubrieron las herramientas CRISPR en 2012.
Un completo disparate científico y un bloqueo de facto del uso de estas tecnologías para los cultivos europeos. Porque, más que reglamento, la directiva europea de 2001 rechazó todas las propuestas presentadas. Con una excepción: el maíz Bt (MON 810), transgénico y resistente a las plagas de barrenadores: es la única planta transgénica aprobada para su cultivo en la Unión Europea. El mayor número de hectáreas dedicadas a la producción de este maíz se concentra en España, que no es atacada por la plaga barrenador.
La comunidad científica reaccionó rápidamente rechazando el fallo y pidiendo a la Comisión Europea que revisara la situación lo antes posible, dejando a Europa aislada de los potenciales beneficios de la tecnología CRISPR.
La Comisión Europea respondió tres años después, a través de un informe publicado en abril de 2021, en el que reconocía el problema y vaticinaba que la legislación debería actualizarse para incluir nuevas tecnologías, como CRISPR. También se indicó que se deben realizar consultas generales con todos los sectores involucrados en la producción de hortalizas, confirmando los intereses no sólo científicos, sino también económicos, sociales y políticos que han convergido en este tema.
Nuevas técnicas genómicas
No supimos más al respecto hasta julio de 2023, cuando la Comisión Europea publicó su primera propuesta para regular el uso de CRISPR y otras nuevas técnicas, que agrupó bajo el nuevo acrónimo NGT (nuevas técnicas genómicas). Destacaron dos grupos:
NGT-1: plantas con modificaciones genéticas simples, como las obtenidas mediante CRISPR, que podrían obtenerse mediante cruce tradicional (aunque después de muchas generaciones y muchos años).
NGT-2: plantas con modificaciones genéticas más complejas, como transgenes, que no se pueden obtener mediante cruce tradicional.
El problema, por supuesto, estaba en los detalles. En concreto, en la definición de lo que era una simple modificación genética, para poder catalogarlo como NGT-1 y evitar la legislación sobre OGM.
El camino hacia la aprobación final es sinuoso
El complejo sistema de controles y equilibrios políticos en la Unión Europea (UE) requiere que este tipo de cambio legal sea aprobado por tres instituciones: la Comisión Europea, el Consejo Europeo de la UE y el Parlamento Europeo. En febrero de 2024 supimos que el Parlamento Europeo aprobó en primera lectura la propuesta de la Comisión Europea, aunque introdujo algunos cambios.
A continuación, el Consejo Europeo comenzó a discutir el texto de la propuesta en los llamados diálogos tripartitos, diálogos a tres bandas entre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. De esa discusión se acordó un texto que finalmente fue adoptado por el Consejo Europeo el 21 de abril de 2026. Representaba la propuesta actualizada de la Comisión Europea en primera lectura, aceptando algunos de los cambios y rechazando otros. Finalmente, esta propuesta actualizada tuvo que ser aprobada nuevamente por el Parlamento Europeo, en segunda lectura. Y eso sucedió el 17 de junio, cuando todas las enmiendas que buscaban revocar la ordenanza NGT propuesta fueron rechazadas. Al no poder ser rechazado, fue aprobado de facto.
Más excepciones y limitaciones
Este nuevo reglamento entrará en vigor veinte días después de su publicación en el boletín de la Unión Europea, pero no será aplicable hasta que hayan transcurrido dos años. Es decir, los agricultores no podrán beneficiarse de él hasta 2028.
Es un buen principio y deberíamos estar razonablemente satisfechos. Sin embargo, las restricciones y exenciones incluidas para obtener la categoría NGT-1 -tras el debate político y más allá de la evidencia científica- limitarán los tipos de plantas reguladas que pueden acceder a esta categoría.
Tres ejemplos de criterios armonizados que aparecen en la normativa aprobada, que se aplican a las plantas NGT-1, son:
No reemplaces ni insertes más de 20 letras en tu ADN. ¿Por qué 20? Aunque, por otro lado, se permite la posibilidad de eliminar o invertir fragmentos de ADN de cualquier tamaño. Incomprensible.
No llevar modificaciones genéticas para hacer la planta resistente a herbicidas ni para elaborar ningún producto insecticida. ¿Por qué estas resistencias y no otras? Tengamos en cuenta que estos dos tipos de resistencia son los más comunes en las plantas genéticamente modificadas.
A pesar de considerarse indistinguibles de las variedades naturales, las plantas NGT-1 no se pueden utilizar en cultivos orgánicos. ¿Pero no coincidimos en que son equivalentes?
Es importante señalar que estas mismas exenciones no existen en otros países, aunque tanto Estados Unidos como Gran Bretaña especifican restricciones a la aceptación de aquellas plantas que son indistinguibles de las convencionales y aquellas que representan un mayor número de cambios.
Por tanto, la aplicación de estos filtros limitará en cierta medida la competitividad de los agricultores europeos que, aunque (¡por fin!) podrán utilizar herramientas CRISPR en sus cultivos, no podrán utilizarlas para todas las aplicaciones posibles, como pueden hacer sus homólogos de otros países del mundo.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


