Entre Desfiles y Fiestas: Seguimos pegados a las fiestas populares, especialmente para los jóvenes

ANASTACIO ALEGRIA
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La creciente digitalización de la vida, junto con la incorporación de la inteligencia artificial, puede hacernos creer que nuestro mundo se reduce a uno virtual, especialmente entre la población más joven.

Este grupo identifica las redes sociales como una fuente de entretenimiento, pero también como un medio que satisface sus necesidades de socialización. Las redes son mucho más que escaparates: son también fuente de nuevas relaciones cara a cara e invitan a ponentes a participar en eventos sociales y cívicos en el “mundo real”. De hecho, las publicaciones más difundidas son precisamente aquellas que registran fiestas y celebraciones, sobre todo otras actividades.

La experiencia y las redes sociales son una pareja. Vivir la celebración y mostrarla son dos gestos casi inseparables. La pregunta, entonces, no es por qué vuelven las vacaciones, que en realidad nunca se fueron. La pregunta es por qué todavía creemos que se han ido.

Tradición elegida, no heredada

“En España no te aburrirás porque hay tantas fiestas populares repartidas a lo largo del año que siempre hay algún evento interesante en el calendario. Así comienza “Fiestas de España”, del portal oficial de turismo de España. La guía incluye 317 recomendaciones de celebraciones, desde la Navidad y los Reyes Magos, pasando por el Carnaval, el Otoño, la Semana Santa, el Día de los Inocentes y las hogueras de San Juan, hasta la Tomatina. Esta información suele conducir a una forma de mirar a España y a sus gentes popularizada en el proverbio: “El que ríe y canta, sus males espantan”.

España es un país que se aferra a sus celebraciones, que organizan nuestras identidades, valores y relaciones sociales. Esto explica por qué los santos patronos y las fiestas religiosas siguen movilizando a millones de personas en un país cada vez más secularizado: no se los considera estrictamente religiosos, sino simbólicos. De hecho, según datos del CIS, el 84,9% de los españoles considera la Navidad una fiesta familiar, y sólo el 36,1% considera que tiene un significado religioso.

Ahora cada persona decide con qué rituales conectarse, cómo hacerlo, qué tradiciones valen la pena y cuáles no en cada etapa de su vida. Por ello, las fiestas no desaparecen, pero tampoco permanecen intactas: se reinventan constantemente, manteniendo su función ritual, pero con un significado diferente.

Una combinación de religiosidad y tradición popular en verano.

En julio, España celebra fiestas que combinan religiosidad, historia y tradición popular. Entre ellos se encuentran los San Fermines, que marcan nueve días de encierros, devoción al santo y vida callejera en la que visitantes y vecinos visten ropas blancas y pañuelos rojos.

También en julio, el pueblo gallego de Sabucedo acoge la Rapa das Bestas, donde se bajan caballos salvajes de las montañas para cortarles las crines. Es un ritual que simboliza la conexión histórica entre la comunidad y su territorio.

Mientras que a finales de julio las fiestas de Moros y Cristianos en las ciudades de Alicante recuerdan año tras año las disputas medievales por el territorio a través de desfiles y batallas dramatizadas. Y durante agosto se celebran ferias y fiestas populares en decenas de pueblos y ciudades españolas sin festivo.

Nuevos tiempos, nuevas formas de vida.

Los datos de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025 del Ministerio de Cultura permiten arrojar algo de luz sobre la idea de que los jóvenes viven de espaldas a las actividades presenciales. Además, las nuevas generaciones tienen las tasas más altas de participación cultural en prácticamente todos los ámbitos.

Destacan especialmente por su presencia en los shows en vivo. Entre los que asisten al teatro, los jóvenes de entre 15 y 19 años suponen el 28,7%. También tienen un peso importante en los conciertos de música actual, especialmente en festivales y macrofestivales.

Danza, flamenco y danza española son las opciones elegidas por el 15,1% de los jóvenes que asisten a los espectáculos, mientras que el 6,7% opta por los bailes folclóricos. Asimismo, el 35,7% de la población joven asistió en los últimos dos años a manifestaciones de cultura tradicional o patrimonio inmaterial como carnavales y fiestas de la ciudad.

Procesiones, romerías y romerías

En cuanto a las procesiones de Semana Santa, el 37% de la población general española acudió ocasionalmente, frente al 20% que lo hace habitualmente. Entre quienes las visitan, algo más del 30% lo hace por motivos religiosos, el 21,5% por tradición y cerca del 20% por participación en alguna celebración popular.

Un patrón similar se produce en el Camino de Santiago: las estadísticas de la Oficina del Peregrino muestran que en 2025, el 43% de los peregrinos eran españoles. De ellos, sólo la mitad viajó por motivos religiosos.

Otros eventos de carácter religioso que congregan a multitudes ajenas a sus creencias son las fiestas del Corpus Christi y las romerías, entre ellas la Fiesta del Rocío de Huelva, una de las más famosas.

Las vacaciones en España no han perdido su importancia. Ya no son sólo tradiciones heredadas, sino una elección adaptada a nuevas sensibilidades y formas de conectarse. Jóvenes y adultos siguen llenando plazas, procesiones, conciertos y ferias porque la presencia personal no ha desaparecido.


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