Elección: ver menos para entender más

ANASTACIO ALEGRIA
4 Lectura mínima

Queridos lectores, no les diré que la inteligencia artificial no es neutral, porque se cansarán de escucharla y ya la integrarán en su concepción del mundo (espero). Esta es una de las cosas que León XIV destacó en su encíclica. No es que Magnifica humanitas diga nada nuevo, la noticia es que el Papa denuncia el peligro de la tecnología que no está al servicio del ser humano. Otra jugada de ajedrez en el tablero tecnológico acercándose al poder (en este caso religioso).

Ver qué tan bien se llevan el fundador de Anthropic y ex Open IA, Christopher Olah, y el Santo Padre es una especie de contraparte del lado oscuro de la Fuerza que Elon Musk presenta en la toma de posesión de Trump. O Jeffrey Epstein subsidiando uno de los pilares de la investigación tecnológica occidental, el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su obsesión por la mejora genética humana con tintes eugenésicos. Por cierto, el infame empresario compartió su manía transhumanista con Musk y con científicos como el difunto padre del genoma humano, Craig Venter.

Pero no nos dejemos engañar por las luces de neón del espectáculo. Entre pitos y flautas, los que tenemos que lidiar con esta inteligencia artificial que no está claramente creada para nuestro beneficio somos el público, la gente común y corriente. Tenemos que utilizar WhatsApp porque es la única manera de estar en un grupo de padres en el colegio o en reuniones de amigos, aunque las preocupaciones por la seguridad y la privacidad ya están llevando a muchos gobiernos europeos y a la administración de la UE a sustituir esta plataforma en las oficinas oficiales.

Parece que no nos queda más remedio que seguir usando el buscador de Google, aunque de repente ha empezado a funcionar en modo IA sin pedirnos permiso. El nuevo Google ofrece un resumen de lo que busca su algoritmo en Internet, para ahorrarnos la engorrosa tarea de pensar. Si somos descuidados, el algoritmo eventualmente nos preparará la cena (como mejor nos convenga).

Sin embargo, un mal chatbot -en lo que se ha convertido Google- no puede sustituir las cualidades esenciales de la interacción humana: reciprocidad auténtica, reconocimiento del otro y gestión de conflictos… detalles que son necesarios para comprender la realidad que nos rodea y que ayudan, por ejemplo, a reconstruir lo que no se ve en una noche de niebla en la carretera, algo en lo que el cerebro humano del ordenador supera con creces la autonomía.

Los errores en los algoritmos de aprendizaje automático pueden ser una tontería, un sesgo o tener un impacto mucho mayor. Por ello, el Parlamento Europeo votó en contra de Chat Control, un proyecto que intentaba escanear nuestros mensajes privados en busca de abuso sexual infantil y cometía errores de juicio (aparte de ignorar nuestro derecho a la privacidad).

Es cierto que la IA puede hacer muchas cosas mejor que los humanos, sí, como reconocer una imagen falsa o manipulada… aunque muchos animales también pueden ver mejor que nosotros. No olvidemos que, si hablamos de humanos, “nuestra debilidad sensorial y nuestra grandeza cognitiva son dos caras de una misma moneda evolutiva”.

Seguiremos informando.


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