El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros

ANASTACIO ALEGRIA
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Cada mañana, millones de profesionales abren LinkedIn para consultar novedades de su sector, ampliar contactos o compartir sus logros. Lo que encuentran suele ser inspirador: ascensos, premios, publicaciones científicas, nuevos proyectos, conferencias internacionales o cambios de trabajo a un puesto aparentemente deseado. ¿Cómo afecta esta exposición continua al éxito externo la forma en que valoramos nuestras propias carreras?

Las últimas investigaciones nos dicen que, por un lado, ofrece claras ventajas para la empleabilidad, el networking (crear redes de contactos profesionales) y la difusión del conocimiento. Pero también puede provocar efectos psicológicos menos visibles, relacionados con la comparación social, la autoestima profesional y la necesidad de validación externa.

La trampa psicológica de compararse demasiado

La teoría de la comparación social, formulada por Leon Festinger en 1954, postula que las personas juzgan nuestras habilidades y nuestro valor comparándonos con los demás. En circunstancias normales, estas comparaciones pueden ayudarnos a orientarnos. El problema surge cuando la información está sesgada.

Esto es exactamente lo que sucede en muchas redes sociales. Mientras que Instagram suele presentar una visión idealizada de la vida personal, LinkedIn presenta una visión idealizada de la vida profesional. Rara vez vemos proyectos que salen mal, artículos rechazados, errores estratégicos o procesos de aprendizaje difíciles. Es común encontrarnos con el resultado final (y exitoso): una promoción, un lanzamiento, un premio o una nueva característica.

Esta dinámica no es inofensiva. Algunos estudios han señalado que la comparación social en LinkedIn puede aumentar la ansiedad en la búsqueda de empleo al afectar las percepciones de autoeficacia profesional.

Paradójicamente, una herramienta diseñada para promover el desarrollo profesional puede terminar sintiendo que siempre estamos atrasados.

Autoestima profesional dependiente

Los psicólogos distinguen entre autoestima relativamente estable y autoestima contingente, es decir, aquella que depende de factores externos como el reconocimiento, los logros o la aprobación social.

Estos últimos pueden pesar mucho más de lo conveniente en el contexto de las redes sociales. Muchos usuarios de estas plataformas asocian una parte importante de su autoevaluación con la respuesta recibida en las plataformas digitales. Cuanto mayor es esta dependencia psicológica, mayor es la intensidad del uso de las redes sociales y el riesgo de desarrollar patrones de uso problemáticos.

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Llevando esto al ámbito profesional, la cuestión es preocupante. Si nuestra percepción de competencia depende cada vez más de las opiniones, comentarios o elogios recibidos en LinkedIn, corremos el riesgo de sustituir los indicadores internos de progreso por indicadores externos de popularidad.

En otras palabras, podríamos empezar a confundir reconocimiento con valor profesional.

Un gran escaparate de identidad profesional

Hace décadas, el sociólogo Erwin Goffman describió la vida social como una representación teatral en la que las personas intentan gestionar la impresión que causan en los demás. Las redes sociales han llevado este fenómeno a proporciones sin precedentes.

Investigaciones recientes sobre la identidad profesional digital muestran que los usuarios desarrollan estrategias conscientes para construir una determinada imagen profesional. Estos incluyen la selección estratégica de contenidos, una gestión cuidadosa de la reputación digital o un seguimiento constante de la presencia en línea. Estas prácticas no son necesariamente negativas, sino todo lo contrario. Pueden ser útiles para las habilidades de comunicación y la creación de oportunidades profesionales. Pero también pueden fomentar una preocupación excesiva por la imagen proyectada.

De lo contrario, podemos terminar dedicando más tiempo a comunicar lo que hacemos que a hacer lo que comunicamos.

¿Promoción profesional o narcisismo?

Promocionar el propio trabajo no implica automáticamente narcisismo. De hecho, en muchos sectores es necesario visibilizar proyectos, publicaciones o logros para crear oportunidades profesionales.

Sin embargo, cuando la identidad profesional se construye principalmente a partir de las reacciones recibidas a través de Internet, el éxito ya no se mide por la calidad del trabajo realizado y pasa a medirse por la atención.

La diferencia es sutil pero importante. Una cosa es compartir un logro porque puede ser útil e inspirador; Otra muy distinta es necesitar constantemente la aprobación de los demás para validar nuestro valor profesional.

Sobre todo porque, cuando el reconocimiento se convierte en una necesidad permanente, cualquier silencio digital puede interpretarse como un fracaso.

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Riesgo de olvidar el aprendizaje

Otro riesgo de las dinámicas comparativas y de validación externa que se establecen en las redes sociales, especialmente de carácter profesional como LinkedIn, es la pérdida de humildad intelectual. Las investigaciones sobre el aprendizaje y el desarrollo profesional muestran que el progreso suele estar vinculado a la capacidad de reconocer errores, aceptar limitaciones y aprender de la experiencia. Sin embargo, los algoritmos tienden a recompensar mucho más los resultados visibles que los procesos invisibles.

Por eso encontramos muchas publicaciones que celebran los éxitos y relativamente pocas que analizan los fracasos, las dudas o las duras lecciones. La consecuencia es la construcción de una narrativa profesional poco realista en la que el progreso lineal y el éxito parecen permanentes.

La realidad es muy diferente. Cada ascenso suele requerir años de esfuerzo. Detrás de cada artículo publicado suele haber reseñas, correcciones y rechazos. Detrás de cada carrera brillante suele haber momentos de incertidumbre que rara vez aparecen en el muro de LinkedIn.

Este pensamiento es lo que llevó al profesor de Princeton, Johannes Haushofer, a publicar una biografía del fracaso. Acostumbrados a usar las redes para mostrar lo bien que nos lo pasamos (Instagram) o lo buenos que somos (LinkedIn) o cuántos amigos tenemos (Facebook), al final de cada día de la semana abrimos una ventana donde sólo se proyectan películas de éxito.

Una herramienta valiosa, con distancia.

La solución es no salir de LinkedIn. La plataforma ofrece excelentes oportunidades para aprender, establecer contactos y difundir conocimientos. Gran parte de la transferencia de conocimiento profesional y científico actual se produce gracias a herramientas de este tipo.

La cuestión es utilizarlo sin convertirlo en un espejo de nuestra autoestima.

Una carrera profesional sólida no se construye acumulando reacciones digitales, sino desarrollando habilidades, aprendiendo de los errores y generando un impacto real en las personas. Los “me gusta” pueden proporcionar visibilidad. Las felicitaciones pueden ser agradables. Pero ninguno de ellos debería convertirse en la medida definitiva de nuestro valor profesional.

Porque al fin y al cabo, la mejor carrera no es la que luce más brillante en la pantalla, sino la que sigue creciendo cuando la pantalla se apaga.


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