En las relaciones románticas, el tacto suele considerarse parte de la vida cotidiana: un rápido masaje en la espalda mientras se prepara la cena, un abrazo después de un largo día de trabajo o un beso prolongado antes de quedarse dormido. Es una forma sencilla de mostrar apoyo, expresar cariño y transmitir deseo sexual.
Aún así, para algunos, especialmente aquellos que sufrieron maltrato infantil, el contacto de una pareja puede causar incomodidad, ansiedad o incluso evitación.
Nuestras investigaciones anteriores han descubierto que el maltrato infantil, incluido el abandono y el abuso sexual, físico y emocional, puede tener efectos duraderos en las relaciones románticas y la sexualidad adulta. Sin embargo, sabíamos poco sobre un aspecto de la intimidad que se pasa por alto: el tacto.
El contacto de una pareja puede parecer inofensivo, pero las personas con antecedentes de abuso infantil pueden experimentarlo de manera diferente. Comprender estas reacciones ayuda a explicar algunas de las dificultades íntimas y sexuales que las parejas reportan años después del abuso.
Cuando el tacto siente una amenaza
El maltrato infantil afecta aproximadamente entre el 35 y el 40 por ciento de los adultos en Canadá. Algunas de nuestras investigaciones recientes han demostrado que debido a que el maltrato infantil ocurre en relaciones que se supone que las hacen sentir seguras, las víctimas pueden asociar la cercanía, la vulnerabilidad o el contacto físico con el miedo, la incertidumbre o la pérdida de control.
En nuestro primer estudio, examinamos si las reacciones negativas al tacto podrían ayudar a explicar la asociación entre el maltrato infantil y las dificultades sexuales en la edad adulta. Entre 363 parejas adultas, examinamos la aversión al tacto, la tendencia a experimentar el tacto de una pareja como desagradable, irritante o emocionalmente abrumador.
Descubrimos que el maltrato infantil se asoció con una mayor aversión al contacto, que a su vez se asoció con un menor deseo sexual y una mayor angustia sexual. Es importante que ambos miembros de la pareja se vean afectados. Las parejas de personas que informaron una mayor aversión al contacto también experimentaron más angustia sexual.
Este hallazgo no es sorprendente. Para muchas parejas, el tacto sirve como puente entre la intimidad emocional y sexual. Un abrazo o un beso a menudo crea oportunidades para establecer vínculos afectivos mucho antes de que comience la actividad sexual. Cuando el contacto se vuelve incómodo en lugar de reconfortante, puede resultar más difícil para las parejas utilizar la intimidad física como una forma de conectarse sexualmente.
El deseo sexual puede disminuir, la ansiedad puede aumentar para ambos miembros de la pareja a medida que surge la tensión y la pareja puede sentirse rechazada y frustrada sexualmente.
Nuestros hallazgos sugieren que la forma en que las parejas experimentan el contacto puede ser un factor que contribuya a las dificultades sexuales en las parejas que reportan maltrato infantil.
El contacto de una pareja puede parecer inofensivo, pero las personas con antecedentes de abuso infantil pueden experimentarlo de manera diferente. (Unsplash) El tipo de toque importa
El significado que le asignamos al tacto está influenciado no sólo por el contexto, sino también por nuestras experiencias previas, nuestras expectativas y nuestra sensación de seguridad. Para aquellos con antecedentes de maltrato infantil, diferentes formas de contacto pueden tener diferentes significados emocionales.
En nuestro último estudio, queríamos ir más allá y comprender si las personas con antecedentes de maltrato infantil responden de manera diferente según el tipo de contacto.
Les pedimos a las mismas 363 parejas adultas que leyeran viñetas que describieran escenarios de interacciones cotidianas con su pareja romántica y que informaran cómo se sentirían, reaccionarían e interpretarían esta interacción potencial. Dependiendo de la condición a la que se asignaron las parejas, estos escenarios incluían contacto suave, contacto sexual o ningún contacto.
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Los hallazgos tuvieron más matices de lo que esperábamos. Las personas con antecedentes de abuso sexual infantil imaginan sentirse aún más angustiadas y con ganas de retirarse al imaginar el contacto sexual de su pareja. Por el contrario, esperaban menos evitación cuando imaginaban un contacto suave.
Nuestro primer estudio demostró que a las personas con antecedentes de trauma infantil simplemente no les gusta el tacto. Sin embargo, los hallazgos de nuestro segundo estudio sugieren un panorama más complejo. Puede que el desafío no sea el tacto en sí, sino el significado que se atribuye a los diferentes tipos de tacto.
El contacto sexual puede activar el miedo, la hipervigilancia o recuerdos de traumas pasados. Sin embargo, el contacto suave puede resultar más seguro porque no está necesariamente asociado con expectativas sexuales. Incluso puede brindar oportunidades para ayudar a reconstruir la intimidad.

El contacto sexual puede activar el miedo, la hipervigilancia o los recuerdos de traumas pasados, mientras que el contacto suave puede ser más seguro. (Unsplash) Del retiro a la reconstrucción de la confianza
Cuando una pareja se retira del contacto, es fácil interpretar esa reacción como rechazo. En algunos casos, sin embargo, la respuesta puede reflejar un trauma infantil pasado en lugar de sentimientos actuales sobre la pareja o la relación.
Comprender la diferencia puede ayudar a las parejas a afrontar estos momentos con más empatía y menos culpa.
Esto no significa que las personas con antecedentes de abuso infantil no quieran intimidad sexual o que se deba evitar el contacto físico. En cambio, puede ser útil que las parejas reconozcan que diferentes formas de contacto están asociadas con diferentes respuestas.
Por ejemplo, para las personas con antecedentes de abuso sexual infantil, el contacto suave que no esté vinculado a las expectativas sexuales puede ofrecer una oportunidad única para fomentar sentimientos de seguridad, confianza y conexión entre las parejas.
El tacto suave, una sensación de seguridad emocional y la intimidad física consensuada pueden ayudar a crear experiencias de intimidad que se sientan menos amenazantes que las interacciones sexuales abiertas para estas personas. Para algunas parejas, restaurar la intimidad puede comenzar con sentirse lo suficientemente cómodos como para apreciar y disfrutar el contacto.
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