Mientras lees este artículo, miles de paquetes pasan por el espacio de la Tierra y se almacenan en grandes plataformas, esperando ser entregados en tu hogar. Según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, España registra una media de 3.600 transacciones de comercio electrónico por minuto.
Una parte importante de este volumen se refiere a servicios intangibles, como reservas de hoteles o compra de billetes de avión. Pero el verdadero impulso está en el comercio minorista físico (bienes de consumo, moda, electrónica), que representa cerca del 40% del volumen total de negocios. Este hecho se ve notablemente incrementado por el aumento de la circularidad en los mercados de segunda mano, tendencias que también se traducen en un aumento del tráfico logístico.
Tras numerosas investigaciones desde la disciplina de la geografía económica, debemos advertir que el gesto aparentemente inofensivo de “añadir a la cesta” tiene importantes implicaciones territoriales. Estas nuevas formas de consumo redibujan el espacio urbano y periurbano, además de tener otras implicaciones espaciales de carácter laboral y ecológico.
El impacto de la logística emergente
El comercio electrónico no es nuevo ni su auge responde a una necesidad temporal, pero la restricción social provocada por la covid-19 ha actuado como acelerador del cambio, especialmente para aquellos segmentos de la población mayor que son más reacios a comprar online y que se han visto obligados a desarrollar sus habilidades digitales.
Los datos de Eurostat confirman esta tendencia: el 77% de los usuarios de Internet en la UE ya compran online. De ellos, un tercio lo hace con una frecuencia de tres a cinco veces por trimestre. Los largos períodos de prueba y las devoluciones gratuitas, los probadores virtuales, el acceso casi instantáneo a un suministro global permanente y la usabilidad de las plataformas web han creado ecosistemas digitales confiables para los pagos electrónicos.
Esto ha obligado a los centros comerciales a adoptar funcionalidades más informales y diferenciadas para sobrevivir a la presión ejercida por estos mercados de economía de plataformas. Pero el consumidor rara vez se da cuenta de que por cada establecimiento local que cierra en los centros urbanos, se construyen almacenes logísticos de 10 hectáreas en las afueras de las ciudades.
Logística inmobiliaria en las grandes ciudades
Según datos del Observatorio del Transporte y la Logística de España, la superficie destinada a plataformas logísticas de distribución aumentó de 8,5 millones de metros cuadrados en 2015 a más de 14 millones en 2025, un incremento de más del 65%. Cataluña y la Comunidad de Madrid aportan casi 5 millones de metros cuadrados de nuevo espacio creado en los últimos 10 años, pero Castilla-La Mancha en particular ha absorbido gran parte de este crecimiento, aumentando en cuatro su superficie logística.
Estos procesos “logísticos” tienen una explicación geoeconómica: los operadores logísticos han pasado de buscar la proximidad a los clientes a optimizar los hubs logísticos, centros nodales situados cerca de grandes infraestructuras de transporte donde las mercancías se clasifican y luego se redistribuyen rápidamente.
En estas nuevas ubicaciones, el carácter multimodal de la logística se convierte en un factor decisivo. La convergencia de infraestructura crítica (buenas carreteras, ferrocarriles para pasajeros y mercancías, puertos secos, aeropuertos) permite una gestión eficiente de los flujos de mercancías, minimizando el tiempo de respuesta y los costos operativos. Estas infraestructuras también se benefician de su ubicación en la intersección de carreteras radiales y orbitales de alta capacidad.
Las nuevas localizaciones logísticas se explican también por la necesidad de ocupar grandes superficies a bajo precio, inalcanzables y casi inexistentes en zonas urbanas consolidadas, lo que empuja la actividad hacia nuevas periferias. La tipología de nuevas plataformas logísticas para el comercio electrónico requiere lotes que muchas veces superan los 100.000 metros cuadrados. Sólo los municipios que tengan en su planeamiento urbanístico suelo con estas características pueden ser competitivos en el mercado inmobiliario logístico.
En España, la logística se sitúa muchas veces en zonas fronterizas regionales, aprovechando el efecto frontera (por ejemplo, en Madrid, Toledo o Guadalajara). Esto permite a los operadores logísticos tener beneficios como convenios colectivos con menores costes salariales o menores precios del suelo. Toda esta transformación e influencia territorial es particularmente visible en el entorno de Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia. En el caso del área metropolitana de la capital española, los dos ejes que sustentan la logística son el Corredor del Henares y la comarca toledana de La Sagra.
Análisis comparativo del desarrollo logístico: Corredor Henares (2020-2024). Elaboración propia basada en ortofotografía aérea del PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BI. Milla de oro logística
El Corredor del Henares, tradicional nodo de localización industrial, es hoy un distrito logístico que abarca desde el almacenamiento de grandes cantidades de mercancías hasta la última milla (la última parte antes de la entrega), con dos puertos secos, plena intermodalidad (la autovía A-2, la línea ferroviaria Madrid-Zaragoza-Barcelona y el mercado central del Aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid y el mercado de Peníns Bara).
Municipios como Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares o Coslada han transformado sus antiguos polígonos industriales y zonas agrícolas en polígonos logísticos. De hecho, Amazon eligió San Fernando de Henares en 2012 para instalar su primera plataforma logística en España, y desde la pandemia, el corredor cuenta con tres más. Por el trabajo que supone, Coslada es conocida desde hace tiempo como la milla de oro de la logística.

Evolución del uso del suelo en la plataforma central de Iberum Iljeskas (2018-2024). Elaboración propia basada en ortofotografía aérea del PNOA. Instituto Geográfico Nacional (IGN), CC BI De distrito industrial a ‘centro’ logístico
En La Sagra, Toledo, el caso de la plataforma central de Iberum en la ciudad de Iljescas es paradigmático. De un distrito industrial de muebles y ladrillos, Iljeskas se ha convertido en menos de cinco años en una zona orientada al comercio electrónico y la logística inversa, donde las economías de aglomeración han creado un efecto de llamada para las grandes corporaciones globales.
Lo que antaño eran suelos rústicos y agrícolas ahora están cubiertos por enormes naves industriales de alta especialización funcional e infraestructuras orientadas al tráfico pesado. Esta dinámica ha cambiado incluso la lógica tradicional de la movilidad, generando flujos pendulares invertidos que movilizan a más de 7.000 empleados por día, en una población de 33.000 habitantes censados. Cuenta con dos plataformas logísticas de Amazon, además de Michelin, Airbus, Toyota, Zalando y muchas otras.

Documentación gráfica del desarrollo de la logística urbana. Plataforma central de Iberum en Iljeskas. Autores., CC BI ¿Hacia la sostenibilidad de la nueva logística?
En los últimos años, la logística ha incorporado certificados de sostenibilidad a sus plataformas y utiliza materiales reciclados, placas solares, gestión de residuos e incluso paisajismo con especies autóctonas (plantas aromáticas, olivos o viñas). Sin embargo, desde una perspectiva geográfica crítica, debemos preguntarnos si esta sostenibilidad puede limitarse al diseño ambientalmente eficiente del almacén logístico y del paisaje circundante.
Si bien estos modelos compactos optimizan las transacciones y reducen la huella de carbono mediante el uso de lockers para envío y recepción de envíos, así como rutas de entrega optimizadas, el sistema territorial en su conjunto revela otras externalidades, como la saturación de vías de acceso y periferias mal conectadas por transporte público.
Cambia tu modelo de gasto
En el Día Europeo de la Logística, que se celebra el 16 de abril, es necesario concienciar a la población sobre las implicaciones de los nuevos hábitos de consumo. El comercio electrónico ha convertido los hogares en probadores y pasarelas. Detrás de cada clic en las tiendas online, los consumidores han asumido una devolución sistemática, que se traduce en pedir varias tallas de una misma prenda o utilizar un producto y devolverlo.
Este modelo ejerce presión sobre la infraestructura, los ecosistemas y los trabajadores. Esta dinámica muestra el síntoma más visible del capitalismo global e hiperacelerado.
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