Canadá cruzará el umbral de una sociedad “envejecida” este año: al menos una de cada cinco personas tendrá más de 65 años.
Para 2067, cuando Canadá cumpla 200 años, las personas mayores constituirán una proporción mucho mayor de la población, mientras que el crecimiento en el grupo tradicional en “edad de trabajar” será modesto. Este cambio a menudo se presenta como una crisis inminente para los sistemas de salud y pensiones.
No es una crisis. Es una prueba de que los canadienses viven vidas más largas y saludables, algo que las generaciones anteriores sólo podían imaginar.
Mientras nos preparamos para celebrar el Día de Canadá, la verdadera pregunta no es si Canadá puede darse el lujo de envejecer. La pregunta es si aprovecharemos este momento para construir la sociedad que envejece más fuerte del mundo.
Grandes estudios nacionales muestran que muchos adultos mayores permanecen activos, comprometidos y resilientes hasta bien entrada la vida. (Unsplash+/Getty Images) El envejecimiento es un triunfo, no una carga
El primer paso es afrontar frontalmente la discriminación por edad. Expresiones como “tsunami de plata” sugieren una ola imparable de destrucción. Pero el envejecimiento no es un desastre natural; es el resultado predecible del progreso social.
Los países que envejecen más rápido, incluidos Canadá, Japón, Corea del Sur e Italia, tienen largas expectativas de vida, altos niveles de educación y sólidos sistemas de bienestar. En otras palabras, el envejecimiento de la población es un indicador del éxito nacional, no del fracaso.

La Revolución Gris, una serie producida por The Conversation Canada/La Conversation.
Este artículo es parte de nuestra serie en curso Revolución Gris. Conversation Canada y La Conversation exploran el impacto del envejecimiento de la generación boomer en la sociedad canadiense, incluida la vivienda, el trabajo, la cultura, la nutrición, los viajes y la atención médica. La serie explora los trastornos que ya están en marcha y los que están por venir.
Sin embargo, el debate público todavía trata a los adultos mayores principalmente como un costo: camas de hospital, centros de atención a largo plazo, apoyo a los ingresos.
Esta visión ignora lo que muchos canadienses de entre 70, 80 y 90 años en realidad hacen todos los días: son voluntarios, cuidan de sus cónyuges, nietos y vecinos, contribuyen a la fuerza laboral y lideran organizaciones comunitarias. Grandes estudios nacionales, como el Estudio Longitudinal Canadiense sobre el Envejecimiento, muestran que muchos adultos mayores permanecen activos, comprometidos y resilientes hasta bien entrada la vida.
Si alguien tiene 65 años, es funcional, comprometido y feliz, ¿por qué querría sentirse de 40? El objetivo de la política no debería ser “revertir” el envejecimiento, sino garantizar que personas de todas las edades puedan vivir bien.

Muchos canadienses mayores son voluntarios, cuidan de sus cónyuges, nietos y vecinos, contribuyen a la fuerza laboral y dirigen organizaciones comunitarias. (Unsplash+/Getty Images) Por qué las comunidades importan más que los hospitales
El envejecimiento no ocurre en una clínica o laboratorio. Ocurre en vecindarios y comunidades que dan forma al trabajo, la vivienda, el tránsito, la atención, la calidad del aire y los ingresos.
Décadas de investigación han demostrado que estas condiciones sociales y ambientales afectan la biología misma: moldean patrones de inflamación y enfermedades crónicas, e incluso la rapidez con la que las células envejecen a través de procesos como el acortamiento de los telómeros, donde la capa protectora de los cromosomas se reduce a medida que las células se dividen. Dos personas de la misma edad cronológica pueden envejecer de forma muy diferente según dónde y cómo vivan.
Esto tiene importantes implicaciones para el futuro de Canadá. Nuestro sistema de atención médica se diseñó en gran medida en la década de 1960, cuando la edad promedio era de aproximadamente 26 años y la atención se centraba en episodios breves y agudos de enfermedad. Ese modelo no es adecuado para un país donde muchas personas viven con múltiples enfermedades crónicas.
Si Canadá quiere prosperar en 2067, debemos reequilibrar nuestras inversiones. Siempre serán necesarios hospitales y especialistas. Pero necesitamos una inversión igualmente seria en atención social y servicios comunitarios que mantengan a las personas sanas por más tiempo y viviendo en casa a una fracción del costo de la atención institucional.
Imagínese Canadá donde:
Los adultos mayores pueden permanecer en sus comunidades, recibir apoyo asequible y digno. Tanto las ciudades como las zonas rurales ofrecen aire limpio, tránsito accesible y centros comunitarios vibrantes. La vivienda está diseñada para la vida intergeneracional, no para la segregación por edades. Los empleadores tratan las obligaciones de cuidados con la misma seriedad que el permiso parental.
Nada de esto es utópico. Éstas son opciones de diseño prácticas.
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La confianza como infraestructura crítica
Sin embargo, hay un ingrediente menos visible que determinará si Canadá puede convertirse en líder mundial en envejecimiento: la confianza.
Necesitamos confianza para diseñar nuevos modelos de atención, nuevas formas de vivienda y nuevos sistemas de ingresos que reflejen vidas más largas. Lo necesitamos para compartir datos sociales y de salud de manera que protejan la privacidad y al mismo tiempo permitan la investigación a escala, incluidas grandes cohortes como el Estudio Longitudinal Canadiense sobre el Envejecimiento. Y necesitamos reconstruir la confianza en las instituciones que muchos canadienses sienten que ya no les sirven.

Podemos tratar a nuestra población que envejece como una amenaza fiscal o una oportunidad para rediseñar nuestras comunidades. (Unsplash+/Estilo de vida editado)
Cuando la confianza es baja, incluso las reformas modestas pueden provocar una reacción negativa. Pero cuando la confianza es alta, es posible realizar cambios ambiciosos.
Al envejecer, generar confianza puede permitir:
Apoyos para cuidadores que reflejan la realidad de las familias modernas, en lugar del modelo obsoleto de un único cuidador que se queda en casa. Programas de salud pública adaptados a comunidades racializadas y de bajos ingresos, donde la carga de la mala salud suele ser mayor.
La confianza no es una preocupación suave y secundaria. Es la infraestructura crítica de una sociedad que envejece.
Una historia diferente sobre el futuro de Canadá
Los cambios demográficos son inevitables; la caída no lo es. Podemos tratar el envejecimiento de nuestra población como una amenaza fiscal o una oportunidad para rediseñar nuestras comunidades, sistemas y expectativas para mejor. Las proyecciones demográficas recientes subrayan lo urgente que es esa elección.
Si elegimos esto último, Canadá podría ser conocido no sólo por la atención médica universal para 2067, sino también por algo aún más ambicioso: una sociedad donde las personas de todas las edades vivan vidas más largas con propósito, conexión y alegría.
Ese futuro no sucederá por casualidad. Pero está a nuestro alcance.
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